La acción de Francia en el Sahel

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Los países del G5 Sahel (Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger) se enfrentan a múltiples desafíos: avance de la amenaza terrorista y la delincuencia organizada, cambio climático, crecimiento demográfico… Todos estos factores contribuyen a desestabilizar la región. Ante estos desafíos comunes, la respuesta debe ser política y militar y debe fomentar el desarrollo.

Francia está plenamente comprometida apoyando a los Estados del Sahel en sus esfuerzos para hacer frente a estos desafíos junto con sus socios europeos e internacionales.

Acción colaborativa a petición de los países africanos

Desde los albores de la crisis de seguridad en el Sahel, los esfuerzos de Francia para contener la amenaza terrorista han sido constantes.

En 2012 se produjeron movimientos terroristas y radicales que suponían una amenaza para la seguridad y la integridad nacional de Mali, que corría el riesgo de perder el control de gran parte de su territorio de forma duradera.
A petición del Gobierno de Mali, el 11 de enero de 2013 Francia lanzó la operación Serval en apoyo a las fuerzas africanas y malíes. Su objetivo era hacer retroceder a los grupos terroristas del norte de Mali. La resolución 2085 del Consejo de Seguridad del 20 de diciembre de 2012 recordó la necesidad de que los Estados miembros de la ONU, como es Francia, puedan dar apoyo a Mali en sus esfuerzos por restablecer la paz y la seguridad.
Frente a la permanencia y la expansión de la presencia de grupos terroristas en toda la región (en particular el Estado Islámico del Gran Sáhara (EIGS), afiliado a Dáesh, y el Jama’a Nusrat ul-Islam wa al-Muslimin (JNIM), afiliado a Al Qaeda), el 1 de agosto de 2014 la operación Barkhane (en francés) dio el relevo a la operación Serval. Su objetivo consistía en que las fuerzas francesas brindaran un mayor apoyo a los Estados miembros del G5 Sahel en la lucha contra el terrorismo. Las fuerzas francesas trabajan estrechamente con los ejércitos del Sahel en este marco. Para ayudar a las fuerzas armadas malíes, a partir de 2020, junto a las fuerzas especiales de socios europeos en Mali se van a desplegar fuerzas especiales francesas bajo el mando de la operación Barkhane, en una unidad conjunta llamada Task Force Takuba (en francés).

Al igual que otros socios internacionales, Francia interviene en el Sahel para evitar que esta zona se convierta en un foco de inestabilidad debido a la progresión de los grupos terroristas y los distintos tipos de tráficos (drogas y armas, trata de seres humanos y tráfico ilícito de migrantes, entre otros), que también podrían suponer una amenaza para su seguridad.

La acción militar de Francia en el Sahel:
  • 4500 militares franceses desplegados
  • 75 cooperantes dan apoyo a la reforma de los sistemas de seguridad
  • 8700 soldados africanos formados
  • 120 operaciones de combate en 2018
  • 14 M€ en donaciones de material

La Fuerza Barkhane interviene desde una lógica de colaboración con los ejércitos de los países de la franja Sáhara-Sahel para que los Estados que la componen lleguen a ser capaces de garantizar su seguridad de manera autónoma. Actúa con:

La Fuerza conjunta del G5 Sahel

El G5 Sahel es un marco de cooperación intergubernamental que se creó el 16 de febrero de 2014 bajo el impulso de la presidencia mauritana de la Unión Africana. La organización del G5 Sahel, cuya base está en Nuakchot, Mauritania, pretende luchar contra la inseguridad a la vez que llevar a cabo acciones de desarrollo para acabar con el aislamiento de la zona.

El 2 de julio de 2017, en Bamako, los cinco jefes de Estado del G5 Sahel oficializaron la creación de una fuerza conjunta transfronteriza para poner en común sus esfuerzos en la lucha contra las amenazas para la seguridad en el Sahel. La resolución 2359 del Consejo de Seguridad de la ONU del 21 de junio de 2017, defendida por Francia, toma nota del establecimiento de dicha fuerza militar conjunta. La misión de esta fuerza conjunta aprobada por el Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana (CPS/UA) consiste en luchar contra el terrorismo, la delincuencia organizada transfronteriza y el tráfico de seres humanos en el espacio del G5 Sahel. Su primera operación tuvo lugar en noviembre de 2017, con los ejércitos de Burkina Faso, Mali y Níger. Con plena capacidad operacional debe reunir a 5000 efectivos (siete batallones en tres zonas horarias, Oeste, Centro y Este). Interviene en una franja de 50 km a ambos lados de las fronteras comunes. La Fuerza ya ha llevado a cabo diecisiete operaciones conjuntas de manera exitosa.

La Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Mali (Minusma)

El mandato de la MINUSMA consiste en apoyar la implementación del acuerdo de paz de Argel, proteger a los civiles y respaldar los esfuerzos de las autoridades malíes para estabilizar el país. La MINUSMA, con una dotación de 15 162 efectivos civiles y militares, es un componente fundamental del dispositivo internacional en Mali, en particular al norte y en el centro del país. La articulación de esta misión de la ONU con la Fuerza Conjunta viene dispuesta en la resolución 2391 (del 8 de diciembre de 2017), que contempla un apoyo operacional y logístico de la primera a la segunda.

Misiones europeas: EUTM Mali, EUCAP Sahel Mali et EUCAP Sahel Niger

(enlaces en francés)

EUTM Mali es una misión formativa de la UE en Mali. Asesora y forma a las fuerzas armadas de Mali desde 2013 para que vuelvan a ser capaces de llevar a cabo operaciones que permitan restablecer la integridad territorial de Mali, mejorar el control de las fronteras en cooperación con sus socios del G5 Sahel y reducir así la amenaza terrorista.

EUCAP Sahel Mali y EUCAP Sahel Níger son misiones civiles que ayudan a las fuerzas de seguridad interiores de estos países dándoles formación, asesoramiento estratégico y suministrándoles equipos.

Acción coordinada entre diplomacia, defensa y desarrollo

La amenaza terrorista no puede desligarse de los desafíos económicos, educativos, sanitarios e institucionales a los que se enfrenta la región. Por ello, resulta importante fomentar una dinámica de paz y reconstrucción duradera con bases sólidas que complemente el apoyo inmediato que se da a los ejércitos locales. Este convencimiento es fundamental en el enfoque «3D», desarrollado conjuntamente por los actores de la defensa, la diplomacia y el desarrollo.

Ante sus socios (Estados, UE, ONU), la diplomacia francesa, presente en los cinco países del Sahel y en las organizaciones internacionales, da muestra de decisión a la hora de defender que se dé apoyo material y humano en la región. La conferencia del 13 de diciembre de 2017 para financiar la Fuerza Conjunta del G5 Sahel movilizó así a los principales actores internacionales en el Sahel, mientras que en la de Bruselas, que se celebró el 23 de febrero de 2018, se recaudaron 414 M€ en fondos internacionales en beneficio de la Fuerza Conjunta del G5 Sahel.

En la UE, Francia apoyó la creación de las misiones civiles EUCAP Sahel Mali, EUCAP Sahel Níger y la misión formativa EUTM Mali. En el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Francia apoyó políticamente la creación y el despliegue de la MINUSMA.

La diplomacia también trabaja en favor de la paz in situ, acompañando el diálogo de todas las partes (Gobierno malí y grupos firmantes) alrededor de la aplicación del acuerdo de paz de Argel (2015). Hay que hallar una salida política y de desarrollo para obtener una solución duradera en Mali. A través de su Centro de Gestión de Crisis y Apoyo (CDCS), el Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores (MEAE) también financia unos doce proyectos de estabilización, que van de la labor de desminado al apoyo a las instituciones y la gobernanza local a través de la formación de mandos, pasando por el apoyo a los medios de comunicación o la promoción de la ciudadanía.
La respuesta de seguridad, si no va asociada a un enfoque de desarrollo, no permitirá hacer frente a crisis originadas por cuestiones estructurales. Por ello, en el ámbito de desarrollo, gracias a que el MEAE ha realizado un esfuerzo económico, la Agencia Francesa de Desarrollo y otros operadores franceses acompañan proyectos a corto, medio y largo plazo para favorecer el acceso de la población a los servicios básicos (agua, energía, educación, salud) y para que se reúnan las condiciones de su autonomización gracias a la formación y el empleo.

En el contexto de la Alianza Sahel (AS), Francia está comprometida junto con los demás grandes proveedores de fondos para el desarrollo. Francia, Alemania y la Unión Europea lanzaron esta alianza, que recibió el apoyo del Banco Africano de Desarrollo, el Banco Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. La Alianza Sahel agrupa a los principales donantes de fondos activos en la región en torno a un doble objetivo, el de mejorar la coordinación y la eficacia de la ayuda teniendo en cuenta criterios como la urgencia, la estabilización y el desarrollo.

En términos de recursos, la cartera de la Alianza cuenta ya con más de 800 proyectos validados en fase de desarrollo o de instrucción, y representa un importe total de 11 600 millones de euros. Los miembros de la Alianza invirtieron además unos 1900 millones de euros en los países del G5 Sahel en 2018.

Los ámbitos en que una actuación resulta prioritaria son los jóvenes, la agricultura, el acceso a la energía, los servicios básicos para la población y la gobernanza.

En el contexto de una alianza estratégica con el G5 Sahel, los miembros de la Alianza Sahel implementan un programa de desarrollo de emergencia (PDU, por sus siglas en francés) en las zonas transfronterizas y apoyan el programa de inversión prioritaria (PIP), cuya financiación se obtuvo durante una conferencia de socios y donantes de fondos del G5 Sahel que se celebró en Nuakchot el 6 de diciembre de 2018. Inicialmente se estimó que se necesitaban 1700 millones de euros, pero los compromisos sumaron en total 2400 millones de euros. Del importe anunciado, los miembros de la Alianza Sahel aportaron en total 1300 millones de euros, de los cuales 266 van dirigidos a financiar el programa de desarrollo de emergencia, que se desarrolla en torno a tres sectores prioritarios: acceso al agua, desarrollo de la resiliencia y apoyo a la cohesión social.

Mayor compromiso europeo y mejor coordinación de la lucha antiterrorista

Además de su participación en las misiones europeas en el Sahel, muchos Estados europeos voluntarios (España, Gran Bretaña, Estonia, Alemania, etc.) también ayudan a luchar contra el terrorismo en la operación Barkhane.
Francia aboga por elevar el nivel de ambición de la Unión Europea en sus relaciones con África con vistas a la próxima Cumbre entre la UE y la Unión Africana en 2020.

La Alianza para la Seguridad y la Estabilidad en el Sahel que defendieron Francia y Alemania y que se presentó en la cumbre del G7 de Biarritz, persigue respaldar las medidas para reinstaurar servicios del Estado y de las administraciones, en especial las fuerzas de seguridad interior y reforzar el sistema penal de los países del Sahel. También aspira a reforzar la coordinación de los principales socios de los países de la región.

La P3S se concentrará en un primer momento en los países del G5 Sahel y los dispositivos transfronterizos existentes (Fuerza Conjunta del G5 Sahel, Iniciativa de Accra). Por último, la alianza de Dinard, anunciada por Francia en abril de 2019, va dirigida a luchar contra los distintos tráficos en el Sahel, complementándose totalmente con la P3S.

« Ya no basta con luchar contra el terrorismo únicamente desde el G5 Sahel Para impedir que la amenaza gane terreno, conviene que las medidas se extiendan a los países vecinos del Sahel y que la coordinación regional se intensifique. Los países del Sahel, sus vecinos, sus socios internacionales deben trabajar juntos en un espíritu de responsabilidad compartida para responder a la amenaza y para responder a las aspiraciones de la población. La primera de ellas es el retorno de la seguridad y la justicia».

(Jean-Yves Le Drian, 25 de septiembre de 2019, 74º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas)

Mise à jour : enero de 2020