La conferencia de París o COP21

La COP21 o Conferencia de París ha permitido conseguir un nuevo acuerdo internacional sobre el clima, aplicable a todos los países, que persigue mantener el calentamiento mundial por debajo del límite de los 2 °C, de conformidad con lo que preconiza el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC en inglés).

El Acuerdo de París, histórico por el número de participantes y la fuerza de los compromisos adoptados, no tiene precedentes en las negociaciones sobre el cambio climático.

Entró en vigor formalmente el 4 de noviembre de 2016, unos días antes de la COP22, y ya lo han ratificado 169 países (entre ellos, los 28 de la Unión Europea), que representan el 87,75 % de las emisiones.

Francia, acogiendo y presidiendo la COP21, quiso apoyar un proceso de negociación multilateral y escuchar a todas las partes interesadas para alcanzar un acuerdo:

  • universal y jurídicamente vinculante,
  • justo y diferenciado,
  • sostenible y dinámico.

Un acuerdo jurídico universal y aplicable a todos

Las 197 «Partes en la negociación» se han comprometido a formular estrategias de desarrollo bajas en emisiones de gases de efecto invernadero a largo plazo. Es la primera vez que se logra un acuerdo universal sobre lucha contra el cambio climático.

Se aplican algunas normas jurídicamente vinculantes a los Estados partes, como la obligación para los países desarrollados de prestar una ayuda económica a los países en vías de desarrollo para la aplicación del acuerdo.

Un acuerdo justo y diferenciado

Frente al desafío que supone el clima, el acuerdo reconoce una responsabilidad compartida pero diferenciada de los Estados, en función de las capacidades respectivas y de los contextos nacionales diferentes.

Toma en consideración, en concreto, el nivel de desarrollo y las necesidades específicas de los países especialmente vulnerables. Además de los compromisos financieros, los países industrializados deberán facilitar las transferencias de tecnología y, de forma más amplia, la adaptación a una economía descarbonizada.
En cuestión de transparencia, un sistema de seguimiento de los compromisos nacionales, con cierta flexibilidad para los países en vías de desarrollo, permite realizar un seguimiento de los esfuerzos de cada uno.

Un acuerdo sostenible y dinámico con un «Plan de Acción», que, entre otras cosas, perseguía poner en marcha los aceleradores que permitirán, más allá de los objetivos vinculantes, garantizar avances más ambiciosos.

El objetivo consiste en limitar el aumento de la temperatura media por debajo de los 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales y continuar con las actuaciones llevadas a cabo para limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C. Para ello, el Acuerdo de París prevé que cada país revise sus compromisos cada cinco años, para seguir con sus esfuerzos en aras de la disminución de sus emisiones de gases de efecto invernadero. Cada nueva contribución determinada a nivel nacional debería incluir una mejora con respecto a la anterior.Las Partes se han comprometido a alcanzar lo antes posible el tope de emisiones mundiales de gases de efecto invernadero para alcanzar un equilibrio entre las emisiones y las compensaciones de éstas en la segunda mitad del siglo. Los Estados también deben aumentar sus esfuerzos de mitigación y de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Un apartado financiero para garantizar la solidaridad internacional con los países más vulnerables

La financiación es crucial a la hora de apoyar a los países emergentes y acompañar la transición hacia economías descarbonizadas. El acuerdo prevé que, a partir de 2020, se movilicen 100 000 millones de dólares anuales, procedentes de fuentes públicas y privadas, para financiar proyectos que permitan a los países adaptarse al cambio climático (subida del nivel del mar, sequía, etc.) o reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La financiación debería ir aumentando y también algunos países en vías de desarrollo podrán convertirse de manera voluntaria en donantes para ayudar a los países más pobres.

¿Cómo han contribuido los Estados a la COP21?

Antes de la COP, cada país tuvo que preparar y publicar una contribución (o INDC, Intended Nationally Determined Contribution). Este dispositivo era nuevo y permitía que cada Estado interesado participara en el esfuerzo universal a través de un plan de trabajo concreto alrededor de 2 ejes:

  • reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para 2025-2030,
  • adaptar o reducir la vulnerabilidad a los efectos del cambio climático.

Las contribuciones se iban publicando en la página web de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) a medida que se iban recibiendo. El 22 de noviembre de 2015, una semana antes de la conferencia, 170 países, que representaban más del 90 % de las emisiones, ya habían publicado su contribución nacional, es decir, su compromiso de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Cada contribución debía presentar elementos cuantificables, el año de referencia, el calendario de aplicación, así como la metodología para cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero. Así es como países que son «grandes emisores», entre ellos China y la Unión Europea, contrajeron compromisos ambiciosos.

Todos los países participaron, incluidos los menos avanzados, que se comprometieron a poner en marcha acciones para la reducción de sus emisiones. Varios Estados (Cabo Verde, Papúa Nueva Guinea, Samoa, Vanuatu) señalaron que querían pasar a un 100 % de energías renovables de aquí a 15 años.

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