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"Europa debe restablecer una verdadera política energética" (16 de noviembre de 2012)

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Tribuna de Laurent Fabius, ministro de Asuntos Exteriores y Delphine Batho, ministra de Ecología, Desarrollo Sostenible y Energía.

Europa nació de la energía hace sesenta años. La primera comunidad europea fue la del carbón y del acero, la CECA, a la que rápidamente le siguió Euratom. Las seis naciones fundadoras comprendieron entonces la importancia de la cuestión energética y su potencial como fuerza de integración europea.

Ha llegado el momento de reanudar esta intuición fundadora para construir una política energética europea a la altura de los retos del siglo XXI. Si se mantiene la tendencia actual, la demanda energética mundial podría duplicarse de aquí a 2050. En Europa, la dependencia de las importaciones podría llegar ¡hasta el 90 %! Por ello, varios países europeos se han comprometido, como es el caso de Francia, por el camino de la transición energética y la apuesta por el desarrollo de energías renovables.

Estos retos tienen una dimensión continental. La respuesta debe ser europea. Con este espíritu, Francia pretende proponer a sus socios una política energética europea con varios objetivos: el medio ambiente, la sobriedad y la eficacia energética; el control del precio de la energía, clave para el crecimiento y la reindustrialización europea; la industria, porque resultan imprescindibles los sectores de excelencia a la hora de conseguir la transición energética; la seguridad y la soberanía en un momento en el que la competición mundial por los recursos se intensifica; un objetivo social, dirigido a crear empleo de alta cualificación y garantice condiciones tarifarias asumibles tanto por los hogares como por las empresas.

Para que Europa pueda convertirse en número uno mundial en energías renovables, es necesaria una inversión masiva. Tenemos que conseguir identificar de aquí a dieciocho meses las necesidades concretas de inversión para movilizar el conjunto de la financiación – disponible y por crear – para las grandes obras de infraestructuras. También deberemos reforzar los programas de investigación e innovación específicos en esos sectores.

En el plano industrial, nuestros sectores de excelencia deberán valorizarse.
Propondremos una reflexión conjunta sobre la constitución de campeones europeos en energía renovable a partir de las empresas destacadas de las que disponemos en el sector: vehículo eléctrico, solar, energía marina, sector maderero, empresas de eficacia energética… Pensemos en las condiciones que permiten que se produzcan éxitos industriales comparables al de Airbus en el sector aeronáutico. También proponemos la creación de un derecho de acceso a la energía a un precio razonable mediante la instauración de un verdadero servicio público que garantice el acceso universal a la energía. Se tendrá en cuenta a los consumidores más vulnerables mediante la definición de mecanismos tarifarios con fines sociales.

La Unión Europea, primer importador de energía a nivel mundial, debe, por supuesto, hacer lo posible por reducir su dependencia. Pero para recuperar su papel de agente clave en el mercado mundial, también debe dotarse de una política exterior de energía europea. La cooperación energética debe hallar su sitio entre las asociaciones estratégicas que construimos con nuestros principales socios.

Se abordarán estas propuestas en el gran debate nacional sobre energía en Francia, pero también deberán discutirse en los próximos meses entre europeos. Nos toca a nosotros hacer que prosperen rápidamente, apoyándonos, entre otras cosas, en la cooperación franco-alemana, con la perspectiva del Consejo Europeo del próximo mes de mayo, que irá dedicado a la energía. Europa puede encontrar, con la energía, el aliento beneficioso y vertebrador que constituyó, hace sesenta años, sus cimientos.

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