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Teatro del Sol, el arte del compromiso

El Teatro del Sol ocupa desde hace cuarenta años un lugar especial en el paisaje cultural internacional. Dirigido por Ariane Mnouchkine, la troupe francesa más conocida de la escena internacional multiplica giras por todo el mundo nutrida de sus interrogantes vitales.


Según una tradición que se remonta al Théâtre Libre d’Antoine, continuada con la obra del Cartel (Gémier, Copeau, Baty, Jouvet) en el periodo de entreguerras, y más tarde, tras la Liberación, con el TNP de Jean Vilar, el dinamismo del arte dramático francés debe mucho a los directores de escena que inspiran sus orientaciones.

Antoine Vitez, fallecido prematuramente en 1990, formó a generaciones de actores y renovó la puesta en escena del repertorio, de Molière a Hugo, de Aragon a Claudel. Otras personalidades han enriquecido también la escena francesa con sus experiencias: Marcel Maréchal, director de los Tréteaux de France (París), Ariane Mnouchkine en la Cartoucherie de Vincennes, Peter Brook en Bouffes du Nord (París), Jorge Lavelli en el Théâtre de la Colline en París, Georges Lavaudant en el Odéon, Jacques Nichet en Toulouse, Jérôme Savary en el Teatro de Chaillot en París, Bernard Sobel en Gennevilliers. Como Daniel Mesguich, Patrice Chéreau, Jean-Pierre Vincent, Gildas Bourdet o Jacques Lassalle, continúan animando con pasión los escenarios franceses. Una nueva generación (Christian Schiaretti en Villeurbanne, Stéphane Braunschweig en Estrasburgo, Didier Bezace en Aubervilliers, Robert Cantarella en Dijon) se va afirmando, y diversos autores (Xavier Durringer, Philippe Minyana, Valère Novarina, Michel Vinaver) dan vida al teatro contemporáneo.

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Columna Morris. Se utilizan
para la promoción de películas
o espectáculos.
© F. de La Mure / M.A.E.

Esta enumeración no da más que una vaga idea del número y la diversidad de espectáculos realizados cada año. Hay, en efecto, 44 centros dramáticos, 250 compañías sujetas a convenio y 599 compañías subvencionadas. Globalmente, el número de compañías independientes se ha triplicado en el transcurso de los años ochenta, superando con creces el millar. Se han abierto, modernizado o restaurado numerosas salas durante estos últimos años, tanto en París (Théâtre national de la Colline) como en provincias (Théâtre du Port de la Lune en Burdeos, Théâtre de la Salamandre en Lille, Nouveau Théâtre de Niza, etc.). 71 «escenarios nacionales», sostenidos por el Estado y las autoridades locales, proponen una programación plural, orientada hacia la creación contemporánea.

Se ha renovado también otro espectáculo vivo, el circo. Compañías como el Circo Plume, Archaos y el Cabaret Ecuestre Zingaro han revolucionado el género. Han florecido varias escuelas y el circo Gruss, continuador de la tradición del circo de carpa, ha sabido tomar el relevo. «El año de las artes circenses» (verano 2001 - verano 2002) es una prueba de la voluntad del Estado de apoyar al circo, su estética, su economía, su papel cultural. En 2003 se instaló en las caballerizas del Palacio de Versalles (diseñadas por Mansart para los caballos de Luis XIV) la primera academia francesa de espectáculos ecuestres, que dividirá su labor entre la enseñanza artística pluridisciplinar y las representaciones.