"Una Francia fuerte y ambiciosa" - Entrevista de Jean-Yves Le Drian para el diario Le Monde (29 de junio de 2017)

Jean-Yves Le Drian, que ocupó durante los cinco años de mandato del presidente Hollande la cartera de Defensa, sigue haciendo de la lucha contra el terrorismo la prioridad de su actuación. El ministro para Europa y de Asuntos Exteriores detalla en Le Monde los desafíos que le esperan en la primera entrevista que concede a la prensa desde que asumió el cargo.

¿Su actuación diplomática se enmarca en la continuidad del mandato anterior o pretende marcar la diferencia?

No soy una persona rupturista. Estoy al servicio de la diplomacia eficaz y pragmática que quiere el presidente de la República. Esa es mi marca de fábrica. En el plano internacional, queremos una Francia fuerte y ambiciosa en tres ámbitos de suma importancia.

En primer lugar, la protección y la seguridad de nuestros ciudadanos, frente al terrorismo que los amenaza en nuestro territorio, pero cuyas raíces hay que buscar en las crisis que se desarrollan en nuestro entorno más cercano. La protección también implica enfrentarse al desafío que plantea el cambio climático. En el ámbito económico, la ambición implica que Francia sea capaz de hacer valer sus intereses y sus capacidades para conquistar nuevos mercados.

También implica reforzar el atractivo de Francia y, en el ámbito económico, el papel de la diplomacia será aprovechar las oportunidades derivadas de las reformas iniciadas por el jefe del Estado al servicio de la competitividad del país. Por último, un país fuerte y ambicioso supone también una Francia influyente. Ello está relacionado con la difusión de la cultura y con la defensa de los valores que representamos. Y todo eso, claro está, se suma a una dimensión europea renovada.

Se da la prioridad a una «Europa que protege». ¿Cómo se puede construir una defensa europea con 27 países que tienen visiones estratégicas e intereses tan distintos?

Los europeos se están concienciando de la necesidad de poder garantizar su defensa por sí solos. Se pudo ver tanto en la cumbre de la OTAN en Bruselas como durante el último Consejo Europeo. Se produjo entonces un auténtico salto cualitativo hacia una defensa común compartida con la creación de un Fondo Europeo de Defensa que recibirá una dotación, y es una novedad, de 500 millones de euros, con la aprobación de la Acción Preparatoria, es decir la puesta en común de la investigación en el ámbito de la defensa y con el apoyo al concepto de Cooperación Estructurada Permanente y la decisión de financiar conjuntamente el despliegue de Grupos de Combate. Son avances considerables y debemos, junto con la ministra de las Fuerzas Armadas, garantizar que se aplican con éxito.

Sin embargo, no tenemos las mismas reglas de enfrentamiento que Alemania ni fuerzas comparables…

No se trata de crear un ejército europeo, sino de reafirmar la voluntad de garantizar juntos nuestra seguridad. Cada Estado miembro tiene su propia historia. Cada uno tiene sus tradiciones en lo que a las reglas de enfrentamiento se refiere. Pero damos los pasos necesarios para que haya un mínimo de acción común.

La última vez que visité Gao, en Mali, como ministro de Defensa, volé en un helicóptero de combate alemán. Hace cinco años habría sido algo impensable. Después de los atentados del 13 de noviembre de 2015, los europeos decidieron poner en marcha el artículo 42-7 del Tratado de Lisboa, que implica la movilización de sus medios para apoyar a Francia. Fue un momento esencial en la concienciación de los peligros a los que nos enfrentamos juntos. Y ahora eso se empieza a concretar en forma de acuerdos.

Washington asegura que el régimen sirio está dispuesto a volver a utilizar armas químicas. Es una «línea roja» para el presidente francés que ha hablado de posibles ataques por parte de Francia, incluso de forma individual. ¿Cuál es la situación?

A partir del momento en que esté documentado el uso de armas químicas y en que tengamos la convicción de poder identificar a los responsables, actuaremos. La posición del presidente ha sido muy clara a este respecto. Además, se trata de la demostración de que se viola de forma deliberada el acuerdo de 2013 sobre el desmantelamiento del arsenal químico sirio, concluido bajo los auspicios de Rusia en particular.

El presidente ha mencionado un aggiornamento de la diplomacia de Francia retomando sus palabras: «Dáesh [acrónimo en árabe de la organización Estado Islámico (EI)] es nuestro enemigo, Bashar es el del pueblo sirio». ¿Le ha convencido usted?

Es su propia visión de la situación. Somos doblemente realistas. El realismo consiste en no hacer de la marcha de Bashar al-Asad un requisito previo para las negociaciones. El realismo consiste también en no hacer creer que puede existir una solución a este conflicto en torno a él. Me cuesta creer que los millones de refugiados que han huido o han sido expulsados por él puedan volver si no se produce una evolución en Siria.

¿Qué opinan sus interlocutores rusos?

¿Han oído a los rusos decir que Bashar al-Asad representa el futuro de Siria?

¿Acaso es Bashar al-Asad un aliado en la lucha contra el terrorismo?

No he visto nada que me permita pensar eso.

¿Se está a punto de ganar la guerra contra el EI en Siria y en Irak? ?

Las cosas avanzan de forma significativa. La ciudad de Mosul en Irak, capital del califato autoproclamado, está a punto de ser reconquistada por el ejército iraquí. En Raqa, la capital siria del grupo, el avance de las fuerzas apoyadas por la coalición permite estrechar el cerco. Por lo tanto, esta lucha da sus frutos, a pesar del riesgo de repliegue y de la diseminación de los combatientes yihadistas que quedan, especialmente en la región de la cuenca media del Éufrates.
Sin embargo, las negociaciones para alcanzar una solución política a este conflicto que ha provocado en seis años más de 360.000 muertos y millones de refugiados o desplazados no avanzan. Y nuestra seguridad solo estará plenamente garantizada, más allá de la derrota militar de Dáesh, si acabamos con el caos que reina en Siria. Por lo tanto hay que actuar para desbloquear la situación.

Hay una base de principios que hemos propuesto para relanzar la acción política y diplomática en torno a Siria. El primero es la lucha contra todas las formas de terrorismo; el segundo es la prohibición absoluta de cualquier uso o fabricación de armas químicas; el tercero es garantizar la distribución de la ayuda humanitaria a todos los que la necesitan en Siria. El cuarto es una solución política que incluya a todas las partes sirias, con el apoyo de Naciones Unidas, en especial de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y de los países de la región.

Sobre estas bases, hay que fomentar la creación de zonas de reducción de la tensión, negociadas en Astaná [ciudad en Kazajistán donde Rusia, Irán y Turquía patrocinan negociaciones entre el gobierno y la oposición siria], explorar todas las vías de diálogo y poner en marcha un proceso de transición con todos aquellos que suscriban estos principios.

¿Francia podría participar en el proceso de Astaná?

Podemos trabajar con todos aquellos que consideren poder suscribir los principios relativamente sencillos que mencionó el presidente de la República durante la visita del presidente Putin a Versalles. Eso es lo que fui a transmitir a mi homólogo Seguéi Lavrov a petición del presidente. Repito lo mismo a todos nuestros interlocutores importantes sobre Siria.

La France n’a jamais cessé de parler à la Russie, sans résultat. Pourquoi les choses changeraient-elles aujourd’hui ?

No puedo dar detalles, pero creo que existe una oportunidad en este momento. Que siga el drama en Siria es una vergüenza para toda la comunidad internacional. Como todos, los rusos son conscientes, creo, de que no hay una solución militar para el conflicto. Deberíamos poder avanzar con un nuevo método que consiste en establecer una base de principios sólidos y que, a mi juicio, son indiscutibles, sin plantear condiciones retóricas y creando nuevas pasarelas entre los distintos intervinientes.

¿Qué hay que hacer para estabilizar Libia? ¿Hay que incluir al mariscal Haftar?

Para mí, se trata de una cuestión de gran importancia: el riesgo para la seguridad es cada vez mayor en Libia, con todo tipo de tráficos de fondo, en especial de seres humanos. La ruta migratoria del Mediterráneo central vuelve a ser la más importante y no tenemos interlocutores estatales en Libia. No es una situación satisfactoria.

Ya en 2014 hablé públicamente del riesgo de que Dáesh se instalara en Libia. Y ha sucedido. Se ha reducido el perímetro de acción de Dáesh en Libia, en especial cerca de Sirte, Derna y Bengasi, pero los yihadistas se han diseminado y la amenaza sigue siendo real. Libia es un Estado completamente fallido, hay que reconstruir hoy todas las estructuras. Desde que asumí el cargo, he visitado Túnez, Argelia, Egipto y pronto iré a Italia para tratar este tema y ayudar a encontrar un acuerdo.

El marco debe seguir siendo el de Sjirat [ciudad de Marruecos en la que se firmó en diciembre de 2015 un acuerdo bajo los auspicios de la ONU que permitió poner en marcha el gobierno de unidad nacional de Fayez Serraj] pero hay que modificar su arquitectura bajo los auspicios de la ONU y con el patrocinio de los Estados vecinos. Al igual que el primer ministro Serraj, el general Haftar [que no reconoce la autoridad del gobierno de Fayez Serraj en Trípoli] forma parte de la solución. En cualquier caso, Francia no puede quedarse de brazos cruzados y Libia es una prioridad del jefe del Estado.

En Ucrania, el presidente de la República dijo que habría que encontrar soluciones distintas a los acuerdos de Minsk si no se producen resultados de aquí a unos meses. ¿Qué significa concretamente?

A día de hoy no hay alternativa al proceso de Minsk. Nadie piensa en la actualidad en otro foro, ni los rusos ni los ucranianos. Por ello creemos que es imperativo que este proceso avance, aunque sea poco a poco. Es importante que las dos partes hagan los gestos necesarios, que haya un movimiento positivo, ya sea mediante el intercambio de prisioneros, ya por la retirada real del armamento pesado cerca de la línea de frente, ya por el reconocimiento recíproco de los documentos de identidad, ya por la renuncia al bloqueo por un lado y a la expropiación de empresas por el otro.

Las cosas tienen que ponerse en marcha ahora antes de que se produzca un nuevo encuentro en el formato Normandía [que reúne a los dirigentes ruso, ucraniano, alemán y francés], sobre las bases de un observador neutro, que es la OSCE [Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa].

¿Sigue habiendo consenso sobre las sanciones europeas a Rusia? ?

Sí. Pero hay que repetir a los implicados que las sanciones se pueden levantar si se producen avances. De momento no es el caso. En Ucrania hacen falta actos de voluntad política.

¿El hecho de que Donald Trump no haya tranquilizado públicamente a los miembros de la OTAN sobre su decisión de ejecutar el artículo 5 [que prevé la solidaridad automática en caso de ataque a alguno de sus miembros] durante su visita a Bruselas el pasado mes de mayo erosiona su confianza?

El artículo 5 compromete a los Estados Unidos puesto que son parte del tratado sobre la Alianza Atlántica que han firmado. De hecho, la única vez que se activó el artículo 5 fue después de los atentados del 11 de septiembre. En Bruselas, Trump fue muy firme y transmitió esencialmente dos mensajes: rectificó sus juicios muy categóricos sobre la obsolescencia de la OTAN y exigió a los europeos que inviertan más en su propia seguridad, algo que también le parece deseable a Francia.

Se ha invitado a Donald Trump a los Campos Elíseos para el desfile del 14 de julio. ¿Qué espera de él?

En 2017 se cumplen 100 años de la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial como aliado de Francia. Es un honor que las tropas estadounidenses desfilen por los Campos Elíseos y me alegro de que el presidente estadounidense haya aceptado la invitación del presidente de la República. Es una hermosa forma de valorizar la historia que une a nuestros dos países.

Somos aliados de Estados Unidos desde su independencia. Podemos tener desacuerdos, como es el caso hoy sobre el cambio climático. Pero mantenemos una estrecha colaboración en cuestiones de gran importancia para nuestros dos países como la lucha contra el terrorismo. Deseo que se pueda prolongar esta relación constructiva.

¿Hay alguna forma de presionar a Estados Unidos sobre la cuestión del clima?

Antes que nada, hay que acelerar las ratificaciones de los Estados de los compromisos adoptados durante la COP21. Es un tema que trato con todos mis interlocutores en todo el mundo. Aún quedan tres países europeos que no los han ratificado. Además, existe una presión interna en Estados Unidos por parte de los gobernadores, los alcaldes y los empresarios que han anunciado que seguirán aplicando el acuerdo sobre el clima y debemos seguir adelante con nuestros esfuerzos para convencer al presidente Trump. Por último, Francia trabajará para que se produzcan nuevos avances en este tema crucial para el futuro del planeta.

Durante su discurso en Riad, Donald Trump fue muy agresivo con Irán, al que calificó de fuente de desestabilización y de terrorismo. ¿Francia hace el mismo análisis?

Tenemos exigencias con respecto a Irán. La primera es la ejecución estricta y minuciosa de los compromisos adoptados sobre no proliferación [nuclear] – y es el caso de momento. En segundo lugar, estamos muy preocupados por las pruebas balísticas que lleva a cabo Irán. Estos son los puntos cruciales de nuestra relación. En lo demás, se trata de un gran país al que hay que respetar, y que a cambio debe comportarse de forma constructiva en su entorno regional: Irán debe respetar la plena integridad y soberanía de sus vecinos. En cuanto al terrorismo, hay que luchar contra él en todas partes, independientemente de su origen.

Francia tienes relaciones estrechas con Catar pero también con Arabia Saudí y con los Emiratos Árabes Unidos. ¿Quién tiene razón en la crisis importante que los enfrenta?

Se trata de una región estratégica para Francia y tenemos colaboraciones muy densas con varios países. Tenemos incluso acuerdos de defensa con Kuwait, los Emiratos y Catar. Creemos que esta crisis es perjudicial para todos los países del Golfo. Les convendría detenerla y nuestra posición está clara.

En primer lugar, hay que luchar contra todas las formas de apoyo al terrorismo, sea cual sea, y es responsabilidad de los Estados del Golfo hacerlo, juntos y de forma individual. En segundo lugar, la resolución de esta crisis debe llevarse a cabo en el Consejo de Cooperación del Golfo y no mediante intervenciones externas. Apoyamos pues la mediación del emir de Kuwait. Por último, pensamos que los países del Golfo deben comprometerse a rebajar la tensión. La tensión no les sirve.

El domingo se inaugurará en Bamako la fuerza antiterrorista del G5 Sahel. Pero el Consejo de Seguridad ha rechazado comprometerse en cuestión de financiación. ¿Es un problema?

La creación de esta fuerza conjunta es una gran satisfacción. Siempre hemos dicho que son los propios africanos los que deben encargarse de la seguridad de la región. No hay que subestimar esta etapa. La resolución, aprobada por unanimidad en el Consejo de Seguridad, era indispensable para legitimar esta fuerza y facilitar la financiación europea. El apoyo que pueda aportar Naciones Unidas será presentado en un informe del Secretario General en octubre ante el Consejo de Seguridad, durante la presidencia francesa.

¿Esta fuerza remplazará con el tiempo la Minusma [fuerza de Naciones Unidas en Mali] o Barkhane?

De momento el G5 Sahel es un batallón por país, con un equipamiento que aún es escaso. Por lo tanto, hay que ayudarlo a crecer. Esta fuerza está destinada, en primer lugar, a garantizar la seguridad de las fronteras, en especial en las zonas por las que se mueven los grupos terroristas. Se encargará de labores de lucha contra el terrorismo. Para Barkhane (operación antiterrorista francesa en cinco países del Sahel) es una prioridad acompañarla a largo plazo.

¿Hasta cuándo?

Hasta que la situación esté pacificada.

Eso puede llevar mucho tiempo…

Cuando intervinimos en 2013, nos enfrentábamos a un terrorismo territorial y militarizado que ocupaba la mitad norte de Mali y amenazaba con extenderse al sur. Ahora tenemos un terrorismo oportunista de acoso, pero se ha vuelto peligroso desde que se creó el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes en torno a Iyad Ag Ghale, que consiguió reunir a grupos distintos, incluidos los fula. Aquello ha provocado una concienciación de los países de la región y su voluntad de lanzarse en la lucha antiterrorista. Para combatir este nuevo tipo de terrorismo, hay que poder atacar la financiación y en especial las redes de narcotráfico.

En sus declaraciones públicas habla poco de desarrollo y de derechos humanos. ¿No son cuestiones importantes?

Al contrario, son esenciales. Pero busco la eficacia, no la publicidad. Cuando me reúno con el presidente egipcio al-Sisi, por ejemplo, son temas que trato con franqueza, dando incluso nombres de personas por las que estamos preocupadas. Pero si hablo de mis actuaciones ante la prensa, pierden eficacia. En cuanto al desarrollo, es también una cuestión crucial y será un eje fundamental de mi actuación. No se puede pensar que se solucionará la crisis en el Sahel únicamente mediante la actuación militar.

Palabras recogidas por Christophe Ayad, Marc Semo
www.lemonde.fr

MAPA DEL SITIO