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Ejecución

El ministerio conduce la ejecución cotidiana de la política extranjera, en París y en el extranjero.

La diplomacia es un "arreglo musical"

La decisión diplomática de principio se toma a un nivel más o menos alto según su importancia y se presenta bajo aspectos muy diferentes, siendo en términos generales muy informal. Puede consistir en una simple anotación manuscrita sobre una nota que vuelve del Elíseo, un "bleu" (despacho de color azul) de Matignon, una orden verbal del ministro transmitida por su gabinete o las instrucciones dadas por el secretario general después de una reunión. En todos los casos, incumbe a los servicios efectuar el "arreglo musical", es decir, imaginar las medidas de ejecución que deben tomarse, repartir las tareas, fijar un programa y un calendario, preparar los proyectos de textos necesarios.


Las grandes decisiones de política extranjera se ramifican, a nivel de la ejecución, en una cantidad de medidas concretas que son la tarea cotidiana de la administración central y de las embajadas.

En París

La medida más simple consiste sin duda en enviar una comunicación a una embajada extranjera o en responder a una gestión de su parte. En los casos más graves, el embajador es convocado por el secretario general o por el propio ministro. La entrevista da lugar a un informe, cuya rapidez es determinante en cuanto al precio. Así, los servicios destinan gran parte de su tiempo a preparar entrevistas bilaterales o multilaterales, institucionales o improvisadas, a todos los niveles, del director al presidente de la República. Por ejemplo, los directores políticos de los quince Estados miembros de la Unión Europea se reúnen al menos una vez al mes. El ministro ve regularmente, al menos una o dos veces al año, a sus colegas de la mayoría de los grandes países (en realidad, los ve mucho más a menudo). Cada vez, los servicios elaboran expedientes que, por una parte, suministran todas las informaciones útiles sobre el o los Estados socios, y por otra, sugieren las posiciones que deben tomarse y los mensajes que deben comunicarse sobre los temas que serán discutidos. La proposición de abrir una negociación (por ejemplo, sobre Kosovo) requiere una importante preparación intelectual y material. Los puestos diplomáticos en el extranjero también están involucrados.

Una huella escrita y oral: el documento entregado para dejar la huella escrita de alguna gestión se llama "nota verbal", o incluso "no papel".

En el extranjero

Toda acción diplomática supone que los puestos establecidos en los países o en las organizaciones concernidas deben ser informados de dicha acción, e incluso que debe encargárseles que la inicien. Cada día, los servicios de París redactan "telegramas" ordenando a los embajadores que hagan gestiones ante sus interlocutores. Los embajadores dan cuenta de estas gestiones por la misma vía y piden instrucciones sobre los puntos que estiman no poder zanjar. El progreso vertiginoso de las comunicaciones puede suscitar en el embajador la tentación de consultar el Quai d’Orsay en todo momento; y, en la administración, la de "manejar a su antojo" a los jefes de misión. Esto genera un flujo de telegramas que invade a los responsables. En adelante, buena parte de esta correspondencia debería transmitirse por los nuevos medios de comunicación (principalmente, mensajería electrónica). La capacidad de reacción debería acelerarse. Pero siempre será posible que aquellos que aprecian tomar sus responsabilidades puedan hacerlo: es una cuestión de carácter y de juicio.

El flujo de los telegramas: el número de telegramas pasó de 300.000 a 500.000 entre 1992 y 1998.


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