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Promoción de las relaciones bilaterales

Según el convenio de Viena de 1961 sobre las relaciones diplomáticas, y el decreto de 1979 sobre los poderes de los embajadores, la promoción de las relaciones amistosas, especialmente económicas, forma parte de las funciones de las misiones diplomáticas; en realidad, debería hablarse de relaciones en todos los ámbitos.

Relaciones amistosas y relaciones políticas

El convenio de Viena habla de relaciones amistosas y no menciona las relaciones políticas. Esto implica que las relaciones políticas sólo pueden ser amistosas. El convenio difícilmente podía decir otra cosa, y sin embargo no siempre es el caso. Ocurre que un Estado condene abiertamente la política de otro, por ejemplo por atentar contra los derechos humanos en África del Sur ayer, en Birmania hoy. La misión diplomática deberá manifestar una frialdad deliberada en el terreno. Sin embargo, mientras no estén rotas las relaciones, la embajada debe preservar lo que puede ser preservado. Es una de las maneras de promover las relaciones amistosas.

Del interés egoísta a la ventaja mutua

Con todo, es verdad que las misiones diplomáticas deben promover las relaciones bilaterales en todos los campos, los mismos campos en los que tienen que defender los intereses de su país. Pero aquí, las cosas se enfocan de una manera diferente, que tiene en cuenta un principio fundamental en la realidad de las relaciones internacionales: el de la reciprocidad. No se consigue una concesión arancelaria u otra en beneficio de sus exportaciones sin contrapartida. La defensa de los intereses de uno se paga con el otorgamiento de una ventaja al otro - e induce en fin de cuentas un progreso en sus relaciones... -...o con un bloqueo en caso de que nadie quiera negociar. La promoción de las relaciones mutuamente ventajosas, es, en resumidas cuentas, el desarrollo positivo de la protección de los intereses.


Una carta de amistad para uso de los Estados: en 1970, las Naciones Unidas consagraron una larga declaración a las relaciones amistosas entre los Estados.

De las relaciones entre Estados a las relaciones entre personalidades

La promoción de las relaciones, como la protección de los intereses, concierne en primer lugar a los Estados. Dicha promoción pasa por el intercambio de visitas oficiales a todos los niveles; las de los ministros y jefes de Estado y de gobierno generan las de los altos funcionarios y de los técnicos. A estos encuentros, cabe añadir los contactos entre los órganos del poder legislativo y entre las colectividades territoriales, motores de una cooperación descentralizada en pleno desarrollo. El jefe de misión también debe alentar las relaciones bilaterales entre personas morales privadas o semi-públicas: universidades, institutos de estudio e investigación, sindicatos obreros y empresariales, organizaciones profesionales. Incluso las personalidades individuales son vectores de influencia. La venida de un Premio Nobel aporta mucho al prestigio de su país, la de una cantante o de un futbolista también. En el fondo, si la misión diplomática quiere realmente promover las relaciones bilaterales, tiene que actuar sobre todos los componentes de la opinión; es una cuestión de comunicación.


La promoción de las relaciones entre los Estados abarca los mismos ámbitos que la protección de sus intereses, pero en un enfoque más dinámico. No concierne sólo a los Estados, sino a la totalidad de las fuerzas vivas del país.

Colectividades locales:
la ley de 1992 les otorga el derecho de negociar - dentro de unos límites precisos - con las colectividades locales extranjeras.


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