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Comunicación en el terreno

La función de comunicación de las misiones diplomáticas no figura en ningún texto oficial, pero valoriza todas las demás.

¿Qué comunicar?

El embajador, para representar, negociar, informar, actuar, debe conocer bien a sus interlocutores y ser conocido por ellos; debe comunicar en todos los sentidos de la palabra. En la cancillería siempre dispone de un agregado de prensa para ayudarle. Comunicar, es antes que nada explicar lo que hace Francia a las autoridades locales y a todos los actores que puedan ejercer una influencia. Hay que explicar no sólo la política de Francia hacia el país anfitrión sino también sus posiciones sobre los temas de actualidad. La Dirección de Comunicación e Información transmite cada día los textos y declaraciones oficiales a los puestos diplomáticos, que también reciben por telegrama los comentarios sobre los acontecimientos internacionales. A las misiones les corresponde hacer el mejor uso de este material en función de las circunstancias. No se actuará de la misma forma en Estados Unidos, en que el "lobbying" es la regla, y en tal país autoritario, donde una embajada demasiado activa hacia la opinión sería rápidamente acusada de ingerencia.

Comunicar, es dar a conocer Francia tal como es. El extranjero suele tener una idea más bien simpática de Francia, pero a menudo anticuada y desvirtuada por los tópicos. Naturalmente, Francia no reniega de su gastronomía ni de sus perfumes, pero es recomendable recordar que también produce trenes de alta velocidad y centrales de carbón limpio, y que es la cuarta potencia económica del mundo.


Contactos:
el número de "clientes" acogidos en un año en una embajada puede ser de varios miles.

¿A quién comunicar?

Se comunica divulgando documentos, revistas y archivos. Se comunica aún mejor dando personalmente la cara. El embajador es alguien que escucha y que habla, de preferencia en el idioma del país, y tanto en privado como con las autoridades. Pero también lo hace en círculos más amplios: universidades, coloquios y público en general a través de los medios. Toda ocasión debe aprovecharse o... ...provocarse. El embajador necesita una extensa libreta de direcciones. A su llegada, visita a numerosas personalidades y no deja de ampliar el círculo de las mismas, tanto en la capital como en provincia. Debe conocer personalmente a la mayoría de los miembros del gobierno y de los altos funcionarios, así como a los principales parlamentarios, banqueros, industriales, universitarios, periodistas, sindicalistas, escritores y artistas. Al cabo de algunos meses, debe saber quién es el interlocutor más competente sobre cada tema y ser capaz de telefonearle. Así, tiene que establecer relaciones más personales que los simples contactos administrativos. Es el objetivo de las mundanerías diplomáticas que a veces hacen sonreír o irritan a los no profesionales: más se dice con una copa en la mano que en un despacho oficial. La residencia es esencialmente el marco y el soporte de esta acción de comunicación. Es allí que la pareja de embajadores puede ayudarse más. El cónyuge del embajador, incluso si cuenta con un asesor para dirigir la "hotelería", tiene mucho que hacer para dar a la "casa de Francia" ese encanto adicional que enriquecerá la imagen del país.

La embajada debe dar a conocer lo que hace:
la comunicación es la forma moderna de la representación.


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