Aguas marinas, aguas frágiles

Arrecife de coral en la isla de Moorea, en el archipiélago de la
Sociedad (Polinesia francesa). Francia, con la segunda zona
marítima de explotación exclusiva, tiene a su cargo
55.000 kilómetros cuadrados de arrecifes de coral, el 10% de
la totalidad del planeta.
Calentamiento climático, sobrepesca, contaminaciones de todo tipo. Los océanos sufren el impacto de las actividades humanas. ¿Qué medios emplea Francia para asegurar una gestión sostenible de las aguas marinas?
Sobreexplotación de recursos
Biodiversidad excepcional
Los océanos abarcan dos tercios de la superficie terrestre. Sus aguas albergan una fauna y flora de increíble diversidad, desde el plancton microscópico hasta la más imponente de las ballenas. Durante siglos, la humanidad ha considerado que los océanos suponen una riqueza inextinguible, suficiente para alimentar a toda la población del planeta y absorber nuestros residuos indefinidamente. Sin embargo, el rápido progreso de la tecnología ha hecho que la explotación a ultranza de los recursos marinos supere la capacidad de la naturaleza para regenerarse.

El mar, amenazado por la
contaminación terrestre y
las actividades humanas,
todavía no ha revelado todas
sus riquezas. El 99% de
especies de alta mar se
desconocen.
Sobreexplotación de recursos
Las amenazas que pesan sobre el mar son múltiples. La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte del empobrecimiento de las reservas de peces. Su consumo mundial se ha triplicado en los últimos 40 años. Después de haber favorecido la desaparición de los peces de gran tamaño, la pesca industrial se orienta hacia los más pequeños o hacia los que viven en las aguas profundas.
Una vez que las zonas de pesca del Norte han sido esquilmadas, la flota mundial se ha desplazado hacia África y hacia el Pacífico. "De seguir pescando así, nuestro hijos comerán ragú de medusa", predice Daniel Pauly, experto internacional en sobrepesca en la Universidad de Colombie-Britannique (Canadá).
La acuacultura debería ser a la pesca lo que la agricultura fue a la cosecha. Desafortunadamente, esta actividad contamina a través de los excrementos de los propios animales y fomenta un verdadero saqueo de los recursos. Hacen falta 4 kilos de peces salvajes para obtener un kilo de salmón de piscifactoría.
Los océanos también tienen que hacer frente a la contaminación. Las mareas negras y la expulsión de gases al mar aparecen como primeras causas. Sin embargo, el 80% de la contaminación marina procede de la tierra, a través de los desagües, de los deshechos industriales y de la agricultura intensiva.
Por último, el calentamiento del planeta funde los glaciares y las cascos glaciares, provocando el aumento del nivel del mar de varios metros. De continuar este fenómeno, las ciudades costeras y las tierras con poca superficie por encima del mar serán borradas del mapa. El alza de temperaturas de los océanos daría el golpe de gracia a los recifes de coral, los hábitat más ricos del océano. Un informe [1] del programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUE) recuerda en este sentido que los corales y los manglares protegen las costas de la erosión, de la violencia de las olas y limitan el impacto de las catástrofes naturales.

La gestión ejemplar de la reserva natural de Scandola, situada
en el corazón de la fachada marítima del parque regional de Córcega,
le ha valido la obtención del diploma de categoría A de reservas
naturales europeas.
Biodiversidad excepcional
En este contexto, Francia ocupa una situación particular. Su zona marítima de explotación exclusiva (ZEE), la segunda del mundo, cubre más de diez millones de kilómetros cuadrados, en su mayoría situados en territorios de ultramar, en tres océanos (Atlántico, Índico y Pacífico) y en todo tipo de climas, lo que obliga al país galo a firmar múltiples convenciones regionales para la protección del medio ambiente. Este país tiene 55.000 kilómetros cuadrados de recifes de coral, esto es, el 10% del total del planeta. Además, tiene la segunda barrera más grande de recifes del mundo, situada en Nueva Caledonia, una de las rarísimas dobles barreras en Mayotte, en Polinesia francesa, el 20% de los atolones del planeta, sin contar los numerosos manglares que protegen su litoral.
Su riqueza biológica es quizá aún más excepcional. La Unión Mundial para la Naturaleza (UMN) se apoya en estudios recientes para estimar que el 99% de las especies vivas en alta mar todavía no se han descubierto. Lo esencial de la biodiversidad del planeta se situaría en el mar, donde podrían vivir hasta 100 millones de especies. La otra cara de la moneda es que los científicos consideran que para mantener tal riqueza, habría que preservar rápidamente entre el 10% y el 15% de los océanos. Con 120.000 hectáreas de áreas marinas protegidas, es decir, sólo un 0,0001% de su superficie oceánica, Francia tiene mucho trabajo pendiente.
No obstante, el país toma poco a poco conciencia de este fantástico patrimonio. El Gobierno ha activado un dispositivo para la salvaguarda del litoral y del medio marino. Ha desarrollado una estrategia nacional de desarrollo sostenible y un plan de acción "mar". El objetivo: asegurar el despegue económico y social, poniendo fin a la pérdida de biodiversidad de los territorios, estimado en 2010.
Para ello, en primer lugar es necesario mejorar nuestro conocimiento del medio marino, demasiado escaso todavía, y dotarse de los medios necesarios para vigilar su evolución, por satélite. Después será necesario desarrollar un programa ambicioso de la directiva marco europea sobre el agua, que impone un buen estado químico y ecológico del conjunto de los medios acuáticos, incluidas las costas y los estuarios, de aquí a 2015.
Desde el drama del Erika [2], Francia ha hecho de la seguridad marítima una de sus prioridades. El país aplica sanciones disuasorias contra los "delincuentes del mar", responsables de las contaminaciones marinas de hidrocarburos. Además, la Iniciativa Francesa sobre los Recifes de Coral (Ifrecor) permite desde 1999 desarrollar una cartografía y una vigilancia del estado de los recifes del país, y redactar una útil Guía práctica de restauración de los recifes de coral degradados.
Por último, un proyecto de ley creará próximamente una Agencia de aires marinos protegidos y parques naturales marinos, una novedad que fomentará su desarrollo.
Emmanuel Thévenon
periodista
Conservatorio del litoral
Creado en 1975, este centro público desarrolla una política orientada a proteger de forma definitiva los espacios naturales y los paisajes situados en los espacios marítimos y lacustres de Francia y de ultramar. En la actualidad, el conservatorio asegura la salvaguarda de más de 75.000 hectáreas de 300 conjuntos naturales que representan cerca de 900 kilómetros de espacios marítimos. Después de haber adquirido terrenos y haber realizado obras de restauración, este centro los cede a asociaciones o a municipios para que aseguren su gestión respetando las especificidades del medio natural. Hasta 150 guardias del litoral vigilan y mantienen los sitios del Conservatorio en todas sus costas.

Proteger las ballenas
Francia ejerce una defensa incesante de estos cetáceos desde hace veinte años. Dentro de la Comisión Internacional de Ballenas (CBI), el país galo pertenece a los países que han aprobado la instauración, en 1986, de una moratoria generalizada sobre la caza de ballenas para permitir la regeneración de la especie.
Desde entonces, Francia preconiza la creación de santuarios de ballenas, como el existente en el Polo Antártico, creado en 1994 por iniciativa suya. Italia, Francia y Mónaco han lanzado la creación de un santuario para mamíferos marinos Pelagos en el Mediterráneo, primer aire de esta importancia especialmente protegido en este mar, aunque también del mar de Polinesia y de Nueva Caledonia.



