Publicación del « Catalogue Goering » : Prólogo de Laurent Fabius (30 septiembre 2015)

PRÓLOGO

Más allá de su gran interés histórico, los documentos publicados en este Catalogue Goering tienen una fuerza evocadora conmovedora. Las fotografías originales, los comentarios manuscritos sobre la calidad de las obras, las anotaciones de los distintos responsables nazis sobre el origen de los cuadros: estos elementos inéditos dibujan de forma sobrecogedora un rapto gigantesco y vil.

Ya existen varias publicaciones sobre la colección de Goering, sobre todo en alemán y en inglés, pero además de ser esta la primera obra en francés que se le dedica, esta publicación presenta dos peculiaridades extraordinarias.

Por una parte, reproduce con exactitud todos los datos y las fotografías incluidos en el catálogo –fotografías originales realizadas durante los años
en que se fue reuniendo la colección. Por otra parte, las numerosas referencias detalladas dan una idea precisa de la circulación de las obras, ya fueran robadas, cambiadas o incautadas. Al dar acceso a un gran número de elementos inéditos,
la presente obra presenta un interés documental notable, que sin duda abrirá nuevas perspectivas sobre este periodo y sobre este tema. El Ministerio francés de Asuntos Exteriores conserva un gran número de archivos relacionados con el expolio llevado a cabo durante la Segunda Guerra Mundial, unos documentos de los que se incautaron los servicios franceses en Alemania al final de la guerra. Entre ellos se encuentran los documentos sobre la colección de Goering. En 2012 solicité que se acelerara el trabajo de restauración y de traducción de este catálogo para que se pudiera publicar y permitir su acceso al mayor público posible. El manuscrito, traducido y reproducido en su totalidad en la presente obra, se redactó entre 1933 y 1944. En él se hace el inventario de mil trescientos setenta y seis cuadros adquiridos por Goering, ya «legalmente», ya por expolio. Este inventario recoge, para cada obra, el nombre del artista, el título y la descripción, a menudo minuciosa, de la obra, su origen, las condiciones en que fue adquirida, las valoraciones, cuando estas existen, el lugar en el que se conservaba y números de clasificación. El documento se completa con fotografías de época de los cuadros.

La obsesión de Goering como coleccionista es conocida por los historiadores. Esta obsesión, que ya era importante antes de 1939, se fue alimentando con los saqueos que organizó durante la guerra en Europa occidental, sobre todo en Francia y en los Países Bajos. El inventario muestra que la gestión de su colección de cuadros fue una de sus principales preocupaciones hasta los últimos meses de 1944.
Las dos primeras obras que se mencionan en 1933 en el catálogo son dos cuadros de origen italiano pero realizados por artistas cuya carrera se desarrolló en la corte de príncipes alemanes: una Venus de Jacopo de’ Barbari, nacido en Venecia hacia 1445, pintor oficial del emperador Maximiliano I, y un Diana y Calisto de Johann Rottenhammer, que trabajó para el emperador Rodolfo II. El inventario muestra que la colección se fue ampliando poco a poco durante seis años mediante adquisiciones y regalos hechos a Goering en sus cumpleaños.

La colección «se enriqueció» en aquella época sobre todo con obras de las Escuelas del norte: temas mitológicos y religiosos, paisajes, naturalezas muertas pero también algunos retratos de grandes figuras de la historia alemana, desde el Duque de Sajonia Federico el Sabio hasta Bismarck pasando por el rey de Prusia Federico II, a los que se suma un retrato de Hitler, regalado por el Führer a Goering por su cumpleaños el 12 de enero de 1937. Este primer conjunto, que ya incluía doce cuadros de Cranach (Cranach el Viejo, Cranach el Joven y la Escuela de Cranach) –la colección acabará teniendo cincuenta y siete–, refleja la voluntad de Goering de constituir un conjunto emblemático de lo que consideraba la identidad alemana.
El año 1939 marcó un antes y un después. A partir del inicio de la guerra, los ideólogos nazis pusieron en marcha su proyecto, que consistía en repatriar todas las obras «robadas» a Alemania desde el siglo XVI y diseminadas por todo el mundo. Las expoliaciones se basaban en las listas detalladas redactadas por el Director de los Museos Nacionales Alemanes Otto Kümmel. La ocupación de los Países Bajos permitió a Goering hacerse con varios centenares de obras, en especial las que pertenecían al marchante judío holandés Jacques Goudstikker. A los maestros flamencos y holandeses de los siglos XVII y XVIII se sumaron, en este saqueo, cuadros de maestros franceses del siglo XVIII, lo que supuso la irrupción del arte francés en la colección de Goering.

Después del armisticio del 22 de junio de 1940, el expolio se organizó en la zona de ocupación alemana en Francia bajo las órdenes del ERR («Einsatzstab Reichsleiter Rosenberg für die Besetzten Gebiete», un estado mayor especial para los territorios ocupados), creado por el III Reich para organizar el robo organizado de bienes culturales en los países ocupados. París, uno de los centros mundiales del comercio del arte, despertó un gran interés en el ERR. Las obras de colecciones privadas pertenecientes a familias judías, a francmasones o a opositores políticos fueron robadas o compradas bajo amenazas para alimentar las colecciones personales de Hitler y de Goering, de museos y de otras instituciones del Reich, pero también para ser revendidas y servir de moneda de cambio en vista de otras adquisiciones. Goering, nombrado Reichsmarschall en julio de 1940, multiplicó sus visitas a París para seleccionar obras en exposiciones especialmente organizadas para él por sus hombres de confianza, en especial por el marchante de arte Bruno Lohse: casi seiscientos cuadros fueron usurpados de esta forma. A partir de entonces la colección perdió su carácter estrictamente «germánico»: se diversificó considerablemente incorporando un gran número de cuadros de pintores franceses de los siglos XVIII a XX.

Concebida con un espíritu nacionalista, la colección Goering pretendía ensalzar la pureza y la grandeza de un arte alemán supuestamente impermeable a las influencias exteriores. Acabó siendo un vil trofeo de caza resultante del expolio infame de joyas del arte europeo. Las obras de arte nunca deben ser presas. Constituyen el bien común de la humanidad. Se trata de una verdad atemporal: la publicación de esta obra supone una oportunidad para recordarlo.

Laurent Fabius, ministro de Asuntos Exteriores y Desarrollo Internacional

MAPA DEL SITIO