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Regiones y ciudades

La ciudad de Le Havre, patrimonio mundial de la humanidad

Destruida por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y reconstruida por el arquitecto Auguste Perret, el centro de la ciudad de Le Havre ha pasado a formar parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la Unesco como un “ejemplo excepcional de arquitectura y de urbanismo de posguerra”, por su “explotación innovadora del hormigón”.

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Montaje de una vista aerea de Le Havre © François Kenesi

La reconstrucción vanguardista de esta ciudad portuaria de la Alta Normandía, la más destruida de Francia después de 132 bombardeos, 5.000 muertos, 12.500 inmuebles arrasados, 80.000 personas sin hogar y un puerto caído en desuso, que no ha estado exenta de críticas, se considera además la obra maestra de Auguste Perret (1874-1954), uno de los grandes arquitectos del siglo XX quien defendía el hormigón como “la piedra que fabricamos nosotros, mucho más bella y noble que la piedra natural”.

Para reconstruir las 133 hectáreas de un Le Havre en ruinas tras su liberación, el 12 de septiembre de 1944, Perret, hijo de un cantero, no quiso reproducir la ciudad antigua (fundada en 1517 por Francisco I), querida por sus habitantes pese a ser insalubre y estar superpoblada. El arquitecto, seguido por una veintena de antiguos alumnos y discípulos de la escuela del “clasicismo estructural” de la que fue pionero, aplicó su doctrina, definida por un urbanista de Le Havre como “una referencia muy clara del movimiento clásico francés, con columnas, capiteles, cornisamentos, y al mismo tiempo un trazo de construcción moderno”. Perret creó una nuevo tramo de calles ortogonales con manzanas cuadradas (100m×100m) de inmuebles con ático terraza, un conjunto inscrito en el “triángulo de oro” de la composición urbana, es decir, tres grandes ejes de circulación que unen los tres símbolos de la identidad de Le Havre: el centro, el mar y el puerto. Según los urbanistas, estas tres vías del nuevo casco antiguo destacan por su amplitud y regularidad. Dos construcciones emblemáticas dominan la ciudad: la torre del Ayuntamiento (72m), el edificio más monumental de una reconstrucción en Francia, y la iglesia Saint-Joseph, referencia espiritual de 106m de alto dedicada a “todas las víctimas de los bombardeos” (aunque se no cita ningún nombre), frente al mar. Ambas construcciones fueron las últimas grandes creaciones de Auguste Perret antes de su muerte, el 25 de febrero de 1954. Previamente había diseñado la “Puerta Océano”, una puerta monumental que cierra una de las avenidas y se abre al océano, pareja a la plaza del Ayuntamiento de París. La iglesia, construida en 1957 por otros dos arquitectos, está en restauración.

Las viviendas diseñadas por Perret, los famosos “apartamentos Perret”, son de los elementos más interesantes del Le Havre renovado: amplias puertas acristaladas con balcones de hierro forjado, ventanas en altura y poca anchura -está prohibido modificar su aspecto exterior- , habitaciones confortables y adaptables, plano interior también adaptable, calefacción central por aire, colector de basura, cocina equipada y suelo y carpintería interior de madera de roble. Sus ocupantes a veces aceptan visitas, prueba de una nueva toma de conciencia de la calidad de una reconstrucción vanguardista para su época, a diferencia de la generación anterior, que no siempre compartió la misma percepción.

El hormigón de Perret adquiere múltiples formas: hormigón escodado de forma artesanal, cubierto con gravilla, bruto desencofrado, ahumado o fresado, que dan a la ciudad colores y efectos sorprendentes. De hecho, “Perret, la poética del hormigón” fue el título elegido para la retrospectiva dedicada al arquitecto en 2004 con ocasión del cincuenta aniversario de su muerte. Cerca de cien arquitectos han colaborado en la reconstrucción de Le Havre, marcada por otras dos obras mayores de la arquitectura moderna: el museo de Bellas Artes de André Malraux, situado en el paseo marítimo frente al puerto, el primer museo de Francia reconstruido después de la guerra, y el “volcán”, un espacio cultural blanco y de línea curva, del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, de 1980. En un futuro inmediato, Jean Nouvel se encargará de la construcción de un centro de mar y de desarrollo sostenible en la peníncula de los antiguos muelles. Su torre de 120m tendrá dos plataformas, de 55m y de 90m, donde se presentarán exposiciones.

Inaugurado en 1961, el museo Malraux, un elegante cubo de vidrio con tejado de aluminio sujeto por dos postes de acero, tuvo desde el principio una museografía (revolucionaria para la época) basada en estructuras interiores flexibles. El museo, dedicado a la historia del arte de la transición del siglo XIX al XX y a la luz- el impresionismo nació en esta ciudad-acaba de ser renovado y cuenta con una una excepcional donación: la colección del amante de arte Olivier Stern, legado por su nieta Hélène Senn-Foulds. Un total de 205 obras entre pinturas, dibujos, acuarelas y esculturas, reunidas por el que fuera un gran amante de Degas y de los impresionistas, así como de los Nabis, del fauvismo y del neoimpresionismo.

Los habitantes de Le Havre esperan que la inclusión de su ciudad en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad y la renovación de un reputado museo den a la ciudad un impulso significativo al turismo. Francia cuenta con 30 lugares inscritos en esta prestigiosa lista, que en 2005 añadió 23 torres de la región de Nord-Pas de Calais y de Picardía, “símbolos de la conquista de las libertades cívicas”, construidos entre los siglos XI y XVII, y que se unen a los 32 torres belgas inscritas en 1999.

Sitio Internet del Ayuntamiento de Le Havre : www.ville-lehavre.fr

(Fuente : Actualidades en Francia / Claudine Canetti - 11.05)

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