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El marco natural

 


Illust: Paisaje nevado, (...), 4.6 ko, 130x200
Paisaje nevado,
cerca de Saint-Jean-Pied-de-Port,
estación turística del País Vasco
en los Pirineos Atlánticos
© F. de La Mure / M.A.E.

Su superficie de 550 000 km2 hace de Francia el país más extenso de Europa, por delante de España, Alemania y Suecia. Situada al oeste del continente europeo, comparte frontera con seis estados: Bélgica y Luxemburgo al norte; Alemania y Suiza al este; Italia al sudeste y España al sudoeste.

Su situación geográfica le confiere dos importantes ventajas. Por una parte, se beneficia de su posición central, en el corazón del continente europeo, revalorizada por sus excelentes redes de comunicación: a través de sus regiones orientales, Francia se vincula con el amplio espacio industrial y urbano que se extiende desde la desembocadura del Rin a la llanura del Po; por el noroeste conecta con los polos industriales de Reino Unido; y, al sur, se integra en el amplio arco mediterráneo que va desde Cataluña hasta el centro de Italia. Por otra parte, dispone de una doble salida marítima: hacia el mar del Norte y el canal e la Mancha, por un lado; hacia el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, que están entre los mares más transitados del globo, por otro. La extensión de sus costas facilita las relaciones con el Norte de Europa, América y África.

El territorio francés, inscrito en un hexágono cuyos lados no superan los 1 000 km y de configuración muy compacta, ofrece una extraordinaria diversidad paisajística, lo que, sumado a su rico patrimonio cultural, contribuye en gran medida a su desarrollo turístico.

Diversidad del relieve

Illust: Acantilados de (...), 6 ko, 200x131
Acantilados de Étretat, Alta Normandía.
La costa de Albâtre es célebre por sus
acantilados cretáceos que se extienden
desde Tréport hasta El Havre
© F. Eberhardt / M.A.E.

Al oeste de la diagonal Bayona-Sedán se encuentran alturas poco elevadas, casi siempre inferiores a 200 m. Las llanuras y bajas mesetas de la cuenca parisina y de la cuenca aquitana ocupan la mayor parte del territorio, presentando alturas escasas aunque de fuertes contrastes paisajísticos debidos en parte a sus distintos orígenes geológicos. Algunas llanuras litorales, como las de Flandes, han sido ganadas al mar como consecuencia del acarreo de sedimentos de origen fluvial o marítimo. Mesetas bajas como las de Beauce, Brie y Picardía son de origen sedimentario y fueron modeladas sobre los aportes calcáreos y arcillosos depositados en los fondos marinos durante las eras secundaria y terciaria. A todo ello se suman hermosas llanuras aluviales como las del Sena y el Loira. En la periferia de la cuenca parisina las altitudes aumentan: así se observa por el norte, en las Ardenas, antiguo macizo herciniano desgastado por una larga erosión.; por el nordeste, en la vertiente lorenesa de los Vosgos; por el sur, en las estribaciones del Macizo Central, y por el oeste, en el Macizo Armoricano. Otro tanto sucede en la periferia de la cuenca aquitana, flanqueada por el Macizo Central al este y por los Pirineos al sur.

La mitad sudeste del país ofrece un modelado del relieve más accidentado. Las montañas, de media altitud, presentan cotas comprendidas entre los 500 y los 1 700 m. Algunas de ellas, como los Vosgos y el Macizo Central, están formadas por antiguos macizos hercinianos que la tectónica de las cordilleras alpinas hizo bascular, y presentan cumbres de formas pesadas y valles encajados que oponen serios obstáculos a las comunicaciones. El Macizo Central alberga además numerosos volcanes actualmente extinguidos, como el Cantal y el Puy-de-Dôme. Otros antiguos macizos como el de Maures y Estérel, muy labrados por las precipitaciones mediterráneas, ofrecen relieves más espectaculares, aunque sus cimas no superan los 900 m. También el Jura corresponde por sus alturas a la media montaña, pero se trata de un macizo reciente originado en el terciario. Formado por plegamientos de rocas sedimentarias en las que abundan las calizas, presenta relieves más accidentados, caracterizados por la alternancia de valles y elevaciones con crestas a veces vertiginosas. Los pliegues aparecen con frecuencia atravesados por angostos valles, llamados cluses, que constituyen excelentes ejes de comunicación. Este tipo de paisaje de media montaña vuelve a encontrarse en las regiones prealpinas del norte y del sur, con alturas a menudo superiores a los 2 000 m, donde unos plegamientos más violentos y una erosión más activa han modelado un relieve que eventualmente recuerda al de la alta montaña.

Esta última está bien representada en las zonas centrales de los Pirineos y los Alpes, cadenas cuya formación se originó hace 50 millones de años, en la era terciaria, en la zona de colisión entre las placas tectónicas de Europa y África. Estos macizos montañosos, que se extienden más allá del terriotorio nacional, elevan sus cumbres a grandes altitudes: los Alpes llegan a los 4 807 m en el Mont Blanc, los Pirineos a 3 298 m en Vignemale (y a 3 404 m en el pico Aneto en España). Ofrecen relieves majestuosos, en buena parte deudores de la erosión glaciar: cumbres escarpadas, rasgadas cresterías y valles en U. Todas estas cadenas montañosas, antiguas o recientes, apenas dejan en la mitad sudeste del país lugar a las llanuras, que sólo pueden extenderse a lo largo del litoral, como las del Languedoc o las de Córcega oriental, o entre las montañas, como las de los valles del Saona y del Ródano.

Cuatro grandes ríos avenan el territorio y constituyen potentes ejes de desarrollo industrial y urbano. El Loira (1 012 km) y el Garona (575 km) tienen un régimen bastante irregular y carecen de condiciones adecuadas para los actuales medios de navegación. No obstante, en sus estuarios se encuentran puertos muy activos, como Nantes - Saint-Nazaire y Burdeos. Los otros ríos, de régimen más regular y bien canalizados, constituyen grandes ejes de comunicación. Tal es el caso del Sena, que proporciona a la cuenca parisina una salida al mar por los dos grandes puertos de Rouen y El Havre, y del Ródano (522 km en territorio francés), bien canalizado desde Lyon al mar. En cuanto al Rin, que forma a lo largo de 190 km la frontera francoalemana, es una de las principales arterias navegables del mundo.

La diversidad orográfica reaparece nuevamente en el litoral, que, a lo largo de sus 5 500 km, ofrece paisajes muy variados. Costas de de acantilados, por lo general rectilíneas, bordean La Mancha en las regiones de Artois, Picardía y Alta Normandía. Cortadas por algunos estuarios, como el del Somme y el del Sena, retroceden a causa de la erosión marítima y continental. Las costas rocosas que bordean los macizos antiguos y las montañas jóvenes presentan un trazado más complejo, en el que la acción marina ha esculpido cabos y bahías, a veces erizadas de escollos, como en Bretaña, Provenza y el oeste de Córcega. De ello resulta un trazado muy irregular del litoral, favorable para la construcción de puertos pero que dificulta la navegación. Playas arenosas, aparecen a lo largo de las llanuras y bajas mesetas, como en Flandes, el Languedoc y Córcega oriental. Propicias para el turismo balneario, dificultan, sin embargo, la construcción de puertos. Por último, las costas cenagosas, como las de Camargue o las marismas poitevinas, durante largo tiempo hostiles al asentamiento humano, constituyen en la actualidad espacios de interés turístico frecuentemente integrados en parques naturales.

Climas templados

Illust: Casa en la marisma, 8.5 ko, 200x131
Casa en la marisma poitevina, Poitou-
Charentes. La marisma de Poitiers se
extiende a lo largo de 96 000 ha. Su
riqueza y diversidad biológicas
son mundialmente conocidas.
© F. de La Mure / M.A.E.

Situada entre los 41º y 52º de latitud norte, en la fachada occidental del continente euroasiático, Francia pertenece a la zona templada. La mayor parte del tiempo se encuentra sometida a la influencia de los vientos del oeste, que empujan masas de aire marítimo que atemperan el clima de las regiones litorales e interiores. No obstante, en invierno los anticiclones continentales pueden hacer soplar sobre Francia vientos fríos como el cierzo. En conjunto, el juego combinado de latitud y altitud contribuye a la diversidad climática del país.

Al oeste predomina el clima oceánico, caracterizado por precipitaciones regulares y abundantes, frecuentemente en forma de finas lloviznas, provocadas por las bajas presiones atlánticas. Es un clima que produce inviernos suaves, sobre todo en el sur, y veranos frescos. El tiempo inestable es el más frecuente, con alternancias de cielos nubosos, lluvias y claros luminosos. Hacia el interior del país, este clima se va modificando. En Lorena y Alsacia adquiere matices continentales, con veranos cálidos y tormentosos, inviernos más fríos y precipitaciones menos abundantes, que en parte se concentran en forma de tormentas. En las regiones del Sudoeste este clima oceánico se caracteriza por veranos más cálidos y otoños más luminosos.

El clima mediterráneo domina en el Sudeste del país y en Córcega. Se caracteriza por cielos despejados, veranos cálidos y secos e inviernos suaves. La exposición solar supera con frecuencia las 2 500 horas anuales. Las precipitaciones, que se concentran en primavera y otoño, se producen con frecuencia en forma de aguaceros violentos que aceleran la erosión y provocan a veces temibles inundaciones. Los vientos son fuertes, como el mistral, que sopla a lo largo del valle del Ródano, o la tramontana, que sopla sobre el Languedoc. Tanto las heladas como las precipitaciones de nieve son raras en las llanuras litorales, pero en las montañas del interior el clima va cambiando rápidamente. El clima mediterráneo es propicio para cultivos delicados, como la viña y los frutales, y sobre todo para el turismo estival, dado que las aguas del Mediterráneo alcanzan una temperatura de 23º a 25º a lo largo de las costas.

El clima de montaña, por último, es el característico de las regiones elevadas, con temperaturas más frescas y lluvias más abundantes. En la alta montaña los días de heladas pueden superar los 150 anuales y el manto de nieve puede mantenerse durante seis meses. Las variaciones climáticas ligadas a la altitud provocan un escalonamiento de la vegetación. Así, las caducifolias van dejando lugar progresivamente a las coníferas, que a su vez desaparecen completamente por encima de los 2 000 m, cediendo su puesto a la pradera alpina. No obstante, se dan grandes diferencias en función de la orientación de las vertientes: las solanas orientadas al sur constituyen un terreno ideal para poblados y cultivos, en tanto que la umbrías, orientadas al norte, permanecen con frecuencia incultas.

Los recursos naturales

El bosque

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El bosque landés, compuesto en un 80%
por pinos marítimos, pertenece al macizo de
las Landas en Gascuña. Es la masa forestal
artificial más importante de Europa.
© F. de La Mure / M.A.E.

El relieve, la geología y el clima otorgan a Francia un excelente potencial agrícola. En la mayoría de las regiones abundan los buenos suelos, tales como las tierras limonosas de la cuenca parisina, los suelos oscuros de los bosques atlánticos o la terra rossa de las regiones mediterráneas. El bosque ocupa casi dieciséis millones de hectáreas, es decir, aproximadamente un 29% del territorio nacional.

Desde comienzos del siglo XX el bosque se ha ido extendiendo en Francia. Su superficie se ha casi duplicado en el último siglo y continúa progresando. Los bosques de caducifolios dominan en las regiones de clima oceánico. Los robles predominan en las regiones bien soleadas, en tanto que las hayas prefieren las regiones más húmedas y frescas. En las regiones mediterráneas la adaptación a la sequía estival favorece las especies de hoja perenne. Entre las frondosas, la encina se desarrolla más bien en los suelos calcáreos y el alcornoque en los silíceos. Las coníferas están representadas sobre todo por el pino marítimo, el pino carrasco y el pino negral. En los bosques de montaña las frondosas ocupan los valles y el pie de las faldas, cediendo progresivamente su plaza a las coníferas, más resistentes al frío invernal, a medida que aumenta la altitud. Entre las coníferas, el abeto y la picea dominan en las montañas húmedas como los Vosgos, el Jura y los Alpes del Norte. Por el contrario, en las regiones secas como los Alpes del Sur, los alerces, que pierden sus agujas en invierno, forman la principal cubierta forestal.

A pesar de su extensión, el bosque francés no produce más que treinta y cinco millones de m3 de madera anuales, lo que no basta para colmar las necesidades del país, de modo que la balanza comercial de la madera y productos derivados arroja un déficit anual de cerca de tres mil millones de euros. Este déficit se explica en parte por la extrema fragmentación de la propiedad forestal. En efecto, el Estado y los municipios apenas si controlan algo menos de cuatro millones de hectáreas, situadas sobre todo en la cuenca parisina, el valle del Loira y el nordeste del país. Esos bosques están gestionados por la Agencia Nacional de Bosques (ONF) y convenientemente explotados. No puede decirse lo mismo en el caso de las aproximadamente quince millones de hectáreas restantes, que se encuentran en manos de 3,8 millones de propietarios privados, dos tercios de los cuales poseen menos de una hectárea.

La pesca

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Pesca en Bretania © F. de la Mure

Con unas capturas anuales de alrededor de 918 000 toneladas, Francia ocupa el cuarto lugar de la Unión Europea, después de Dinamarca, España y el Reino Unido. La mayor parte de los efectivos están dedicados a la pesca artesanal, que se practica en barcos de pequeño tamaño en las proximidades de la costa y mantiene una intensa actividad en Bretaña y el Mediterráneo.

La pesca industrial, que pone en juego barcos de gran tonelaje dotados de sofisticados medios para la detección del pescado y para su conservación, anima la actividad de grandes puertos especializados como Boulogne, Lorient o Concarneau. Dichos barcos efectúan normalmente salidas de una o dos semanas, pero algunas campañas que se realizan a lo largo de África o América tropical pueden prolongarse durante varios meses.

El sector pesquero francés se enfrenta desde hace decenios a graves dificultades. El volumen de capturas se estanca y aumenta el déficit comercial, que supera actualmente los dos mil millones de euros anuales. Los marineros dedicados a la pesca son 23 000 y la flota cuenta con más de 8 000 barcos -5 815 de ellos corresponden a la flota metropolitana, repartidos entre 158 barcos de pesca de altura (más de 25 m), 1 355 barcos de pesca artesanal (de 12 a 25 m) y 4 302 barcos de pequeña pesca costera (menos de 12 m)-. Los problemas tienen que ver con el agotamiento de los recursos, la contaminación de algunas zonas de aguas litorales y una creciente competencia tanto de países industrializados como del tercer mundo. Desde de 1983 la política francesa de pesca marítima y de acuicultura se inscribe en el marco de la política común europea de pesca. La comunitarización de las aguas y la apertura de los mercados han permitido mantener y desarrollar sectores económicos esenciales para la promoción del tejido económico y social de las regiones costeras. La política pesquera se basa en la gestión de los recursos haliéuticos, la política estructural, la organización común de los mercados y los acuerdos internacionales. En cuanto a la acuicultura francesa, se caracteriza por su diversificación y su importante volumen de producción. La producción total de este sector de actividad (salmonicultura, piscicultura en estanque y piscicultura marina) fue, en el año 2000, del orden de 60 000 toneladas, con una facturación de 221,8 millones de euros. La producción de marisco se estima en 146 500 toneladas, de las que 90 300 toneladas corresponden a ostras, 52 100 toneladas a mejillones y 4 100 toneladas a otros moluscos.

Los recursos energéticos y minerales

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Siderurgia en las Ardenas
© Département des Ardennes

Si bien el subsuelo francés proporciona materiales de construcción en abundancia (grava, arena, cal para las cementeras) y materias primas (caolín, talco, azufre, potasa), es pobre en productos energéticos y minerales. La producción de hulla está en constante retroceso (3,4 millones de toneladas en 2000) y todas las minas habrán de cerrar antes de 2005. Los recursos en hidrocarburos son todavía más limitados (1,5 millones de toneladas de petróleo y 2,2 millones de m3 de gas natural) y cubren menos del 5 de las necesidades nacionales. La extracción de uranio ha cesado en la mayoría de las explotaciónes mineras francesas. En lo que se refiere a minerales metálicos, sólo el níquel de Nueva Caledonia es abundante. Las explotaciones de mineral de hierro de Lorena han tenido que ser abandonadas por falta de rentabilidad, y todo el resto de los minerales deben importarse.

En el campo de las energías renovables, Francia es el primer productor europeo, con un 20 de la producción. Las energías renovables cubren el 12% del consumo nacional.

Los territorios de ultramar

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Isla de La Réunion © F. de la Mure

Además de sus noventa y seis departamentos metropolitanos, Francia cuenta con territorios dispersos por todas las regiones del planeta. Herencia de su pasado colonial y de los periplos de sus exploradores, dichas regiones abarcan aproximadamente 120 000 km2 sin contar Tierra de Adelaida.

Aunque no superan los 2,2 millones de habitantes, aseguran la presencia de Francia en todos los océanos, y proporcionan productos tropicales y minerales. Tienen asimismo un considerable potencial turístico, y confieren a la metrópoli un vasto espacio marítimo: el dominio marítimo sobre el que Francia ejerce su jurisdicción es el tercero del mundo por su amplitud y se extiende a lo largo de 10,2 millones de km2 ofreciendo variados recursos biológicos y reservas energéticas y minerales, como, por ejemplo, los nódulos polimetálicos que tapizan algunas zonas de la plataforma continental que bordea las islas.

Esa Francia lejana comprende, en primer lugar, cuatro Departamentos de ultramar (DOM), situados en regiones tropicales. Tres de ellos, Guadalupe y La Martinica en Las Antillas, y Reunión en el océano Índico, son islas volcánicas. Los volcanes, ya estén apagados como el de Montaña Pelada en La Martinica, o todavía activos como el de Soufrière en Guadalupe o el de Fournaise en Reunión, ocupan buena parte del territorio, dejando poco lugar a las planicies. Las costas son a menudo muy abruptas y están constituidas por acantilados, con playas de arena negra de origen volcánico o de arena blanca en las zonas aluviales. Algunas están cubiertas de arrecifes coralinos. En estas islas, el clima tropical, marcado por temperaturas siempre superiores a los 20 º, se caracteriza por la alternancia de una estación húmeda en verano y una estación seca en invierno. Las laderas «a barlovento» expuestas al soplo de los alisios, reciben abundantes precipitaciones, mientras que las laderas «a sotavento», protegidas por las alturas, son más secas y más favorables al turismo. A finales del verano, sufren a veces el paso de temibles temporales tropicales o de ciclones que ocasionan graves pérdidas.

Illust: Guyana (c) N. Chabar, 34 ko, 250x187
Guyana © N. Chabard

La Guayana, en América del Sur, es un Departamento de ultramar salpicado de colinas de menos de 600 m de altura, cubiertas, casi en su totalidad, por una densa selva amazónica cuyo crecimiento se ve favorecido por las temperaturas constantes y el alto grado de humedad. La selva, que alberga un gran número de esencias, está poco poblada y resulta impenetrable y difícil de explotar. Cerca de la costa, bordeada de manglares, se levanta la base espacial de Kourou utilizada para el lanzamiento de los cohetes europeos Ariane.

Francia tiene también Territorios de ultramar. Dos están situados en el Pacífico: la Polinesia Francesa, que aglutina más de 150 islas o islotes volcánicos y atolones coralinos, y Wallis y Futuna. Las tierras australes, situadas en el océano Antártico, están constituidas por las islas de Crozet, Nueva Amsterdam, Saint-Paul y Kerguelen. Son islas sometidas a violentos temporales y se utilizan principalmente como bases científicas, al igual que ocurre con Tierra de Adelaida, porción del casquete glaciar antártico. En el océano Átlántico, a la altura de Canadá, se encuentra el territorio de Saint Pierre y Miquelon, y en el océano Índico Mayotte.

Nueva Caledonia es una larga isla montañosa rodeada por una barrera coralina y bordeada por las islas Loyauté, pequeñas islas de escasa altura. El clima de vientos alisios favorece la vegetación, muy diversa, y el desarrollo del turismo.

El estatuto de las tierras de ultramar ha evolucionado en los últimos años hacia una progresiva autonomía política y un reconocimiento del principio de especificidad que abre la vía a la diversificación de los regímenes legislativos aplicables.


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