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Una cierta desconfianza hacia el futuro

La sociedad francesa cuenta con muchas ventajas para adaptarse a la actual fase de globalización acelerada a pesar de que los franceses la vean como una amenaza. En ciertos aspectos, que van desde el estilo de vida hasta las medidas de conciliación de la vida familiar y laboral, se cita a Francia como ejemplo. A pesar de ello, la sociedad francesa duda de sí misma y teme por su futuro. Los franceses tienen menos confianza en su justicia, su Parlamento o sus sindicatos que la mayoría de los habitantes de países ricos. Son también los más desconfiados: solo el 20% piensa que, por regla general, se puede confiar en los demás. En Suecia y Noruega lo piensa el 70%, en Estados Unidos el 50%, y en Alemania e Inglaterra el 40%.

Desde hace treinta años, los franceses consideran que el nivel de vida general se deteriora año tras año, aunque son menos afirmativos sobre su propia suerte. Su preocupación se centra fundamentalmente en el tema del paro: dos tercios piensan que va a seguir aumentando y se muestran escépticos incluso cuando los indicadores públicos registran un descenso. Expresan con fuerza su preocupación por el futuro de sus hijos: solo el 8% de la población piensa que su vida será más fácil que la de la generación precedente -frente al 17% de los europeos; el 57% de los portugueses, el 31% de los polacos o el 24% de los húngaros-. Es cierto que desde los años ochenta el progreso de las clases medias se ha atenuado, y los hijos tienen menos oportunidades que sus padres de lograr una movilidad social ascendente. De ahí el temor al desclasamiento que manifiestan los franceses cuando se les pregunta por su futuro.

Sea como fuere, su pesimismo contradice otros datos objetivos: la calidad media de vida de la población, el nivel de protección social, la calidad de las prestaciones sanitarias sitúan a Francia claramente a la cabeza de la mayoría de los indicadores mundiales de calidad de vida. Una primera explicación de esta paradoja procede de la constatación de que dicho pesimismo es ante todo colectivo: individualmente, los franceses declaran temer por sus seres queridos y su entorno, no necesariamente por ellos mismos. Se trataría pues de un temor coyuntural, ligado a las dificultades que atraviesa la sociedad francesa.

Fuente : France 2008, La Documentation Française


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