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De la cohabitación a la instauración del quinquenio

De la cohabitación

Pero en 1986, la V República se ve enfrentada a un caso inaudito. François Mitterrand pierde las elecciones legislativas. Decide quedarse en el poder, pero debe nombrar Primer Ministro al líder del principal partido de la nueva mayoría parlamentaria, Jacques Chirac. Es la «cohabitación”: el nuevo Primer Ministro, con la legitimidad que le otorga el resultado de las elecciones legislativas, quiere llevar a cabo su programa electoral; el Presidente, aunque decide quedarse en el Elíseo, debe renunciar a gobernar. La lectura gaullista de la Constitución se borra ante su interpretación literal, que puede al fin aplicarse, veintiocho años después de su promulgación. Dicho de otro modo, en período de cohabitación, la letra de la Constitución es la referencia común de los principales poderes constituidos, separados en todo lo demás. El Primer Ministro dirige, efectivamente, la acción gubernamental. Y es su Gobierno el que, amparado por la confianza de la Asamblea Nacional, determina y conduce la política de la nación. El Presidente solo conserva algunas prerrogativas en materia de defensa o de política exterior. Es, sobre todo, el primer opositor, por no decir el jefe de la oposición. François Mitterrand y, más tarde, Jacques Chirac, sacaron partido de ello para destruir a su Primer Ministro y salir reelegidos, el primero en 1988 y el segundo en 2002.

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Sufragio universal directo

... a la instauración del quinquenio

Durante tres septenios la vida política francesa estuvo en estado de arritmia. A partir de 1981 y durante un cuarto de siglo, las elecciones legislativas ponen de relieve una falta de coincidencia de las mayorías presidencial y parlamentaria. Dos reformas adoptadas a comienzos de los años 2000 transforman esta situación. La primera recorta el mandato presidencial de 7 a 5 años. La segunda prevé la celebración de elecciones legislativas poco después de las presidenciales. Presidente y Asamblea son elegidos a partir de entonces para un mandato de 5 años, y los franceses deben votar a sus diputados algunas semanas después de votar a su Presidente. Por su inmediatez a la elección presidencial el «efecto mayoría» es tal que el partido del Presidente tiene casi asegurada la victoria en las elecciones legislativas: en 2002 (tras la elección de Jacques Chirac) y en 2007 (tras la victoria de Nicolas Sarkozy), la Unión por un Movimiento Popular obtuvo la mayoría en la Asamblea Nacional. La probabilidad de una nueva «cohabitación» es casi nula.

La elección presidencial es la madre de todas las batallas.
Quien la gana tiene la seguridad casi completa de ganar las elecciones legislativas que se celebran unas semanas más tarde y de disponer de una mayoría parlamentaria hasta el final de su mandato. Políticamente, el Presidente es, más que nunca, el jefe de la mayoría. En el plano institucional, el papel del parlamento se reduce a «plasmar en leyes» los compromisos que el Presidente asumió ante los franceses durante la campaña presidencial.

En cuanto al Primer Ministro, su papel se limita al de un simple «colaborador» (Nicolas Sarkozy) del Presidente. Hasta 2002, las elecciones legislativas se intercalaban necesariamente entre dos escrutinios presidenciales. El Primer Ministro tenía la misión de
ganarlas o, eventualmente, de asumir su fracaso protegiendo al Presidente. Con el quinquenio, la siguiente elección presidencial es el único horizonte electoral del jefe del Estado. El Primer Ministro
se desdibuja, dejando al Presidente entablar un diálogo directo con los franceses a lo largo de su mandato. De tal modo ha quedado despejado el camino para una V República hiperpresidencial.

Fuente : France 2008, La Documentation Française


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