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Libertad, igualdad, fraternidad: la herencia de 1789

La Francia actual es hija de la Revolución. De los años revolucionarios (1789-1815), Francia conserva su himno nacional (La Marsellesa, canto patriótico compuesto en 1792, convertido en 1879 en himno nacional), una divisa (libertad, igualdad, fraternidad), inscrita en el frontón de ayuntamientos y centros de enseñanza públicos, su bandera (azul, blanca, roja), las unidades de medidas unificadas (el litro, el metro, el franco), la organización administrativa (el departamento) y un modelo político. El modelo republicano debe leerse en el tiempo largo de la historia, desde las primeras críticas de Vauban, ministro de Luis XIV, a la monarquía católica y a sus excesos. La Ilustración, movimiento europeo, tuvo una expansión considerable en Francia, donde Voltaire, Montesquieu, Rousseau, Diderot o Condorcet defendieron los ideales de libertad e igualdad. A partir de 1789 se fueron conquistando los derechos fundamentales, se abolieron los privilegios de los aristócratas, se afirmaron los grandes principios de los derechos del hombre y del ciudadano. De hecho, durante más de un siglo, Francia no va a cesar de «reinterpretar » los episodios entusiastas o tormentosos del período revolucionario: cuando se constata la imposibilidad de la restauración monárquica, ya sea absolutista (en 1830) o constitucional (en 1818 y 1848), cuando se instaura la República (tras las sangrientas jornadas de la Comuna en 1871), etc. Todavía hoy, cuando los franceses «se echan a la calle» para protestar por la injusticia social y reclamar una vida mejor, reencuentran, sin saberlo, el ambiente festivo y las esperanzas de aquellas faustas «jornadas». En el otro extremo, el de la contrarrevolución, podemos evocar, por ejemplo, la conmemoración anual de la ejecución de Luis XVI, protagonizada por un pequeño grupo que se reúne en la plaza de la Concorde, o la manifestación popular y festiva organizada cada verano en Puy-du-Fou sobre el emplazamiento de un castillo de la Vendée destruido por los revolucionarios. Las calles y las plazas que conservan nombres revolucionarios o la fastuosa conmemoración en 1989 del bicentenario de la Revolución dan testimonio de la importancia política que los franceses conceden a la herencia de 1789.

Fuente : France 2008, La Documentation Française


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