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De Colbert a Zidane: la herencia colonial

Francia pertenece al grupo de los países europeos que hicieron de la empresa colonial una de las grandes dimensiones de su historia. Colbert la veía pragmáticamente como una forma de asegurar a la Francia de Luis XIV la presencia en los mares de todo el mundo para poder participar en el gran comercio mundial, dominado entonces por la poderosa Inglaterra. Al reorganizar la armada real y al crear la Compañía de las Indias, Colbert hace más que dotar a Francia de una armada importante. Abre el país hacia nuevos horizontes y nuevas tierras. Aparte del mantenimiento de un imperio y de la conquista de Argelia en 1830, el gran período colonial francés se construye bajo la III República, cuando Jules Ferry es, sintomáticamente, primero ministro de Instrucción Pública y más tarde de Asuntos Exteriores. Túnez, Indochina, Madagascar, Marruecos, Senegal, etc., pasan a ser tierras francesas tras la conquista armada, la confiscación de las mejores tierras y la exaltación de las bondades que conlleva la «civilización». A los historiadores les gusta hablar de «herencias cruzadas» para señalar que la metrópoli ha transformado las culturas indígenas pero a su vez ha quedado impregnada de ellas: en la cocina y la música, pasando por la literatura, el teatro o la danza. Y los intercambios de población entre la metrópoli y las colonias, que no cesaron tras la independencia, han tejido una realidad social francesa cuyo símbolo es Zinedine Zidane, hijo de una familia argelina de Marsella, francés, y aclamado como tal en 1998 en el Estadio de Francia.

Fuente : France 2008, La Documentation Française


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