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La investigación pública

El sistema público de investigación en Francia es muy diferente del de las otras grandes naciones científicas. En el resto de los países, el sistema se articula alrededor de las universidades en un espíritu de competencia entre los diferentes equipos. En Francia, las facultades de principios del siglo XX, tradicionalistas y caciquiles, no supieron aceptar los retos que les planteaban las ciencias modernas y la evolución de la sociedad. Los Gobiernos de entonces decidieron soslayarlos creando, en primer lugar, el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS), en 1939. La joya de la investigación francesa no levantará realmente el vuelo hasta después de la Segunda Guerra Mundial, con el desarrollo de unos laboratorios propios bien equipados y la contratación de personal joven y especialmente dinámico. Posteriormente se crearán una serie de organismos especializados destinados a dar respuesta a los grandes desafíos de la época:

-  el Comisariado para la Energía Atómica (CEA), cuya misión era asegurar la independencia energética y dotar al país de armas nucleares,

-  el Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA) para adaptar las nuevas prácticas agrícolas a un mundo rural en plena transformación,

-  el Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica (INSERM) para hacer avanzar la investigación médica y clínica,

-  el Instituto Francés de Investigación para la Explotación del Mar (IFREMER) para explorar el Océano con vistas a encontrar recursos energéticos y minerales,

-  el Instituto Nacional de Investigación en Informática y Automática (INRIA) para participar en la transformación que la informática, la electrónica y la automatización aportaban a todos los ámbitos de la actividad humana.

Otras particularidades, sin duda únicas en el mundo, son la libertad de investigación y la perennidad del puesto de trabajo. Los extranjeros lo saben: en el CNRS hay más de un 12%. «No es solo una cuestión social, se trata también de una cuestión científica -explicaba a Le Monde el georgiano David Prangishvili, un microbiólogo de renombre afincado en Francia desde 2003-, así es más fácil mantener por más tiempo el rumbo de la investigación». Reverso de la medalla: esta situación no incita a los científicos a valorizar sus trabajos, aunque la reciente puesta en marcha de ayudas financieras y facilidades para crear empresas de alta tecnología ha hecho cambiar un poco las mentalidades.

El auge de los organismos de investigación públicos ha supuesto una merma a la contribución de las universidades en este ámbito. Al menos en un principio, ya que desde los años setenta los 53 000 docentes-investigadores de las universidades francesas han renovado su compromiso con la investigación a través de las «Unidades Mixtas de Investigación» (UMR) que agrupan a universidades y a organismos de investigación. A menudo, un científico de una UMR acapara varios títulos, por ejemplo, profesor de universidad y director de investigación en el CNRS... A pesar de haber demostrado una eficacia real en el diálogo entre la enseñanza superior y los centros de investigación, el sistema de las UMR resulta algo ininteligible, especialmente en el extranjero.

En todo caso, sea cual sea su estatus, los protagonistas de la investigación pública se inclinan más hacia la investigación teórica que hacia la investigación aplicada. Para ellos, la prioridad es dar respuesta a la necesidad de conocimiento y de comprensión del mundo, de la vida, de la sociedad... Así, el sector privado ha de aprovechar sus investigaciones y ponerlas en valor para obtener beneficios.


El presupuesto civil de I + D (15 000 millones de euros, financiado por el Estado sin contar con el de las entidades locales y el de la Unión Europea), se reparte así: 42% para las Ciencias exactas, 30% para Defensa, 21% para las Ciencias de la naturaleza, 7% para las Ciencias humanas.

Presupuesto del gasto interior de investigación y desarrollo: 36 000 millones de euros, equivalente al 2,14% del PIB.

Otras modalidades de financiación de la investigación:
La Asociación francesa de miopatías se ha convertido en un actor insoslayable de la investigación en Francia gracias a la organización del Téléthon (un maratón caritativo televisivo). Además de participar en numerosos programas de apoyo a la investigación académica, los 778 millones de euros recaudados desde 1988 han permitido financiar el Généthon. Esta empresa de bioterapia sin ánimo de lucro (especializada en genética y en terapia génica) tiene como objetivo lanzar al mercado terapias génicas destinadas a las enfermedades raras, principalmente neuromusculares.


Escuela de neurociencias de París Île-de-France. La Red Temática de Investigación Avanzada (RTRA) agrupa a 300 investigadores del INSERM, del CEA, del CNRS, de la Universidad de París 6 - Pierre et Marie Curie y de la Universidad de Paris 11 - Sud. Tiene la ambición de ayudar a comprender los mecanismos responsables de las minusvalías graves físicas o psíquicas. En 2007 se han abierto dos nuevas plataformas: Neurospin y MIRCEN (plataforma preclínica de imagen para la terapia génica, celular y medicamentosa) así como dos nuevos centros, el Instituto de la Visión y el Instituto del Cerebro y de la Médula (que se inaugurará a finales de 2009).

Fuente : France 2008, La Documentation Française


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