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Una mano de obra cualificada y una envidiable protección social

La salud económica de un país no se mide solo con indicadores cuantitativos. Los factores humanos, como la calidad de la mano de obra, cuentan también.

Una mano de obra de calidad

En Francia, la formación que se proporciona en escuelas y universidades permite al 39% de los jóvenes de 25-34 años acabar sus estudios y dotar a las empresas de un personal cualificado, y a los asalariados y no asalariados acceder a ciclos de formación continua a lo largo de su vida activa. Un nuevo procedimiento llamado «validación de los conocimientos» permite, además, obtener un diploma o un certificado de cualificación basado en la práctica de un oficio.

Un eficaz sistema de protección social

El sistema sanitario francés explica asimismo la calidad de la mano de obra. Francia tiene un eficaz sistema de protección social en el que todos salen ganando: los asalariados y las empresas. Cubre los gastos de sanidad, los accidentes, incluidos los accidentes de trabajo, las pensiones de jubilación y la baja por maternidad - dieciséis semanas para las mujeres y once días para los padres -, así como una excedencia por maternidad que permite suspender el contrato de trabajo hasta que el niño haya cumplido tres años. Se trata de un elemento sustantivo del Estado de derecho francés que vela por instaurar, dentro de una economía de mercado, un equilibrio propicio para la justicia, la cohesión y la paz social. El derecho al trabajo debe ser un escudo capaz de proteger a los más vulnerables. El sistema prevé la colaboración entre sindicatos y empresarios para regular, en el marco de los convenios colectivos profesionales, las condiciones de trabajo, de higiene y de seguridad, así como la resolución de conflictos. En este campo aún perduran algunos prejuicios, y a menudo se sigue considerando que Francia es un país de conflictos sociales, a pesar de que las cifras muestran una Francia más bien moderada.

La financiación de este sistema es costosa para los asalariados y para las empresas. Pero también aquí sería preciso desterrar algunos estereotipos relativos al coste de la productividad del trabajo en Francia. Según la oficina de empleo americana, el coste de la mano de obra obrera en Francia es muy correcto, comparable al del Reino Unido; una constatación confirmada por la OCDE, que añade que es en un 20% inferior al de Estados Unidos y un 40% al de Alemania. En términos de productividad horaria, Francia se eleva al primer rango de los países industrializados.

Las 35 horas

En cuanto a la duración de la jornada laboral, hay que decir que las leyes de 1998 y 2000 redujeron el tiempo legal de trabajo semanal de 39 a 35 horas. Las «35 horas» -en origen una reivindicación sindical para combatir el desempleo crónico, repartir el trabajo disponible y corregir la dura realidad de una sociedad posindustrial en la que se produce cada vez más con cada vez menos personas- habrían creado casi 400 000 empleos. Esta ley, muy contestada por las pequeñas y medianas empresas, que tienen dificultades para aplicarla, ha tenido efectos positivos para las grandes empresas en las que ha propiciado una nueva organización del trabajo que, gracias a un sistema de cómputo anual del tiempo de trabajo, les permite organizar horarios que tengan en cuenta las necesidades de una actividad repartida de forma irregular en el año. Baste un ejemplo: el constructor de automóviles Renault ha ganado nueve días de trabajo anuales. Otro efecto benéfico de las 35 horas es que el tiempo ganado genera riqueza: aumenta el mercado de los deportes, el ocio, los viajes, el bricolaje o la jardinería... sin contar la mejora de la calidad de vida, el estrechamiento de los vínculos sociales y familiares. Además, aunque la semana legal de trabajo es de 35 horas, el tiempo real aumenta de media hasta las 37,4 horas, lo que sitúa a Francia por encima de los Países Escandinavos (Dinamarca: 36, Noruega: 35,8) o Reino Unido (36,5).


Dos instrumentos de fijación de salarios

El mínimo garantizado, pariente del SMIG (salario mínimo
interprofesional garantizado, creado por la ley de 11 de febrero de 1950) sirve de medida para el cálculo de diversas prestaciones y de sus límites... El SMIC (salario mínimo interprofesional de crecimiento) asegura a las asalariados no solo la garantía de un sueldo mínimo vital, sino también «la participación en el desarrollo económico de la nación» (Código del trabajo, art. L. 141-2). En Francia, como en la mayoría de los países europeos, los salarios se basan hoy en día en el salario mínimo nacional. Durante mucho tiempo, se pensó que el salario mínimo tenía un efecto negativo sobre el crecimiento y el empleo. El ejemplo de Reino Unido, que estableció el sueldo mínimo en 1999, parece probar lo contrario. Desde el 1 de julio de 2007, el SMIC por hora es de 8,44 €, el SMIC mensual por 35 horas es de 1280,09 €.

Fuente : France 2008, La Documentation Française


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