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El patrimonio y la creación en marcha

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La Galería de los Espejos del castillo de Versalles
© MAEE/C. Stefan

El patrimonio nacional original ha ido ampliado su perímetro: hoy en día incluye también el patrimonio natural, inmobiliario, industrial, de proximidad, inmaterial... Directa o indirectamente, el Estado gestiona y protege ese riquísimo capital colectivo.

El apego de los franceses a su patrimonio tiene una dimensión tanto cívica como afectiva. Durante las «Jornadas del Patrimonio», los visitantes (12 millones) se decantan por los centros emblemáticos del poder: el Elíseo, la Asamblea Nacional, el Senado, pero aprecian también -y así lo atestiguan las innumerables asociaciones existentes-, el patrimonio «construido por ellos y para ellos»: lavaderos, capillas o plazas de pueblo, es decir, miles de edificios privados y públicos, sin contar los numerosos eco-museos que promueven las tradiciones económicas locales. Los tesoros del «savoir-faire» de los artesanos franceses de los últimos cinco siglos -ebanistas, tapiceros, bordadores, orfebres, ceramistas, vidrieros- ya tenían su museo en un ala del Louvre, el Museo de Artes Decorativas, que acaba de ser ampliamente reorganizado. Por último, muchos de los edificios del patrimonio industrial se han rehabilitado para transformarse en espacios culturales: «La Piscine», un suntuoso edificio municipal modernista, alberga el Museo de Arte e Industria de Roubaix; la antigua fábrica de una galleta mítica en Francia (LU) se ha transformado en el espacio cultural «Lieu Unique» de Nantes.

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Basílica románica de Vézelay (Borgoña)
© MAEE/F. de la Mure

Las nuevas grandes obras arquitectónicas están firmadas por arquitectos consagrados: Jean Nouvel (Museo del Quai Branly, después de haber realizado el Instituto del Mundo Árabe), Christian de Portzamparc (la Ciudad de la Música), Henri Gaudin (el estadio Charléty). Pero, a su vez, el sistema de concurso público ha suscitado, revelado y estimulado a una nueva generación que demuestra su talento generalmente en provincias: Manuelle Gontrand o Marc Barani, por ejemplo. La Ciudad de la Arquitectura y del Patrimonio, que abrió sus puertas en 2007 en el Palacio de Chaillot, seguramente la más vasta del mundo, da fe de la ininterrumpida vitalidad de los constructores franceses desde la Edad Media hasta el siglo XXI.

El encuentro con las diferentes formas de la creación artística se produce, actualmente, de infinitos modos. La cultura se ha convertido, mal que le pese a Malraux, en un objeto de consumo: el Louvre recibe siete millones de visitantes al año, destronando así a la Torre Eiffel; el Centro Georges Pompidou, cinco; la Ciudad de las Ciencias y la Industria, tres... Los festivales se cuentan por centenares: los hay que son verdaderas «instituciones», como las «Francofolies» de La Rochelle, «Le Printemps» de Bourges, las «Vieilles Charrues» en Bretaña o las «Eurockéennes» de Belfort en el campo de la música, el festival internacional de fotoperiodismo «Visa pour l’image» en Perpiñán, o el festival de cine «Cinéma des trois continents» en Nantes. Hay festivales de jazz en Marciac, Vienne, Juan-les-Pins...

Los nuevos espacios culturales reivindican la multidisciplinaridad y la apertura a todas las expresiones artísticas. Es el caso de «Le Channel», creado en el antiguo matadero de Calais, o del ultramoderno «Le Quai», en Angers, ambos inaugurados en 2007. El Estudio Nacional de Artes del Fresnoy, cerca de Tourcoing, lugar de estudio y producción, combina todos los lenguajes audiovisuales en todos sus soportes, tradicionales y digitales.

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Una de las numeras citas musicales al aire libre,
Les Nuits de Fourvière, en el marco
del Teatro romano de Lyon
©MAEE

Las artes escénicas se benefician de la multiplicación de salas a lo largo de todo el territorio. El teatro, sin embargo, se resiente algo a causa de la atracción que otras formas de espectáculo ejercen sobre el público juvenil. Pero la producción se mantiene, tanto en el sector público como en el privado, más o menos subvencionado. Los pesos pesados de la dirección teatral siguen siendo Patrice Chéreau, Jean-Pierre Vincent y Ariane Mnouchkine (cooptada por el riguroso «Collège de France» en 2007). El repertorio muestra a menudo un mundo negro, tan negro que los espectadores protestaron en el Festival de Aviñón de 2005. Este festival, creado por Jean Vilar en 1947, sigue siendo el espacio privilegiado de los montajes originales, en ocasiones aplaudidos, a menudo cuestionados. El festival de 2007 presentó a los espectadores y a la crítica, entre otros, montajes de Julie Brochen (L’Échange de Paul Claudel) y de Frédéric Fisbasch (Feuillets d’Hypnos de René Char), del polaco K. Warlikowski y del italiano R. Cartallucci.

El teatro de calle cuenta con centenares de compañías, y el circo ha experimentado un renacimiento espectacular a partir de los años 80, cuando abrieron dos escuelas, la Academia Fratellini, privada aunque subvencionada, y otra pública, el Centro Superior de la Artes del Circo en Chalons (Champagne). Lugar aparte en esta relación merece Bartabas: Zingaro lleva de gira por Francia y el extranjero sus óperas ecuestres de dimensiones oníricas (su última creación: Battuta). Para albergar su recién creada Academia del Espectáculo Ecuestre se han puesto a su disposición las caballerizas reales de Versalles.

La música clásica, la opéra y la lírica salen de su aislamiento. La primera cuenta de nuevo con la sala Pleyel, reabierta en 2007, y se va a construir un auditorio en La Villete, en la Ciudad de la Música. En 1995, la «Folle journée» de Nantes se marcó el objetivo de «desacralizar la música clásica». Apuesta ganadora: en 2007, transformada en semana, logró atraer a más de 110 000 personas a doscientos conciertos de música clásica. Aix acaba de inaugurar su nuevo Gran Teatro Lírico. La Ópera de Paris, cuyas jóvenes estrellas son Kader Belarbi, Aurélie Dupont y Nicolas Le Riche, abre su repertorio a coreógrafos extranjeros que quieren trabajar en Francia (Martha Graham, Alvin Ailey, Paul Taylor, Lucinda Childs). Los diecinueve centros coreográficos nacionales han ampliado el público de la danza contemporánea, público que sabe apreciar a Régine Chopinot, Mathilde Monnier, Philippe Decoufflé o Anton Preljocaj. Blanca Li innova en cada ballet, inspirándose en repertorios diversos, como el del hip-hop, una disciplina que empieza a ser reconocida.

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En el ex American Center construido
por Franck O. Gehry, se han instalado
la Filmoteca francesa
© F. de la Mure

El cine gusta en Francia, y el «glamouroso» Festival de Cannes sigue siendo el acontecimiento cinematográfico por excelencia. Los cinéfilos (los que frecuentan el millar de salas de arte y ensayo) cuentan en París con la novedad del traslado de la mítica Filmoteca, enriquecida con los fondos de la BIFI (Biblioteca del Film), al barrio de Bercy. Las industrias cinematográficas y audiovisuales están subvencionadas por el Estado. El Centro Nacional del Cine (CNC) otorga ayudas a la creación, a la producción y a la difusión (en forma de adelanto sobre los beneficios), así como a la restauración y conservación de las películas. Con años mejores y peores, desde 2001 la producción francesa anual oscila alrededor de doscientos films, tres cuartas partes de los cuales son de iniciativa francesa. El año 2006 marcó un hito: la cuota de mercado del cine francés superó a la americana. Tras los éxitos de Gérard Depardieu o Juliette Binoche, toman el relevo los nuevos rostros de Louis Garel o Romain Duris, Jeanne Balibar, Emmanuelle Devos o Marina Hands, la heroina de Lady Chatterley, dirigida por Pascale Ferran. El cine de animación, que recoge los frutos de las medidas de apoyo aplicadas en los últimos años, merece una mención particular: sus títulos emblemáticos, particularmente apreciados en el extranjero (incluido Japón), son Kirikou y la bruja y Azur y Asmar de Michel Ocelot, Arthur y los Minimoys de Luc Besson, y Persépolis de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud.

A menudo se designa a París como «capital de la fotografía» por los múltiples eventos que ofrece relacionados con este arte. Al tiempo que la Casa de la Fotografía mantiene y consolida su éxito, el museo del «Jeu de Paume», en el jardín de las Tullerías, ha reabierto sus puertas con vocación de difundir la fotografía. Los Encuentros Internacionales de Fotografía de Arles siguen siendo una cita ineludible en esta disciplina.

Illust: La Feria del Libro, 31.7 ko, 300x200
La Feria del Libro se realiza en marzo
en el Parque de exposiciones de París
© F. de la Mure

El libro tiene también, por supuesto, sus citas obligadas. Junto con la Feria del Libro en primavera, la «rentrée» literaria tras las vacaciones de verano es el momento álgido del mundo de las Letras: se publica un elevado número de obras (más de 600) y se entregan los premios literarios, entre ellos el Goncourt, el Renaudot y el Fémina. Otras citas reúnen a los amantes de los libros: «Étonnants voyageurs», en primavera en la ciudad corsaria de Saint-Malo, o «Lire en Fête» (por iniciativa del Ministerio de Cultura) en todo el país. El precio fijo del libro, que desde la ley Lang protege el precio establecido por el editor, ha contribuido al mantenimiento de una red de libreros independientes que incitan a descubrir escritores originales. ¿Cuánto tiempo resistirá al comercio por Internet y a la competencia de las grandes superficies? ¿Qué autores sucederán a Sartre, Gide o Camus? ¿Le Clézio o Yves Bonnefoy, invocados a veces para el Nobel? ¿Marie Ndiaye o Patrick Modiano? ¿O quienes se encaraman a lo alto del palmarés de ventas?

Para saber más

El Museo del Quai Branly

Dos nuevos lugares Patrimonio de la Humanidad

Fuente : France 2008, La Documentation Française


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