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Teatro del Sol, el arte del compromiso

El Teatro del Sol ocupa desde hace cuarenta años un lugar especial en el paisaje cultural internacional. Dirigido por Ariane Mnouchkine, la troupe francesa más conocida de la escena internacional multiplica giras por todo el mundo nutrida de sus interrogantes vitales.

Illust: (c) théâtre du Soleil, 20.4 ko, 250x373
© théâtre du Soleil /gbb

Hace más de cuarenta años que los espectadores asisten a representaciones inolvidables de la troupe del Teatro del Sol. La primera, 1789, montada en Italia en el teatro milanés de Giorgio Strehler, fue ya un éxito. La puesta en escena de Ariane Mnouchkine, una de las fundadoras de la compañía, de esta parábola sobre la Revolución Francesa fue bienvenida por todos los festivales internacionales. Desde Belgrado a Lausana, cerca de 300.000 espectadores vieron los primeros pasos del Sol. Desde entonces, más de dos millones de adeptos han asistido a una de sus representaciones.

Fundada en 1964 en la Universidad de la Sorbona, la compañía fue objeto de numerosos artículos y estudios. Y aunque el éxito llegó en seguida, la gloria nunca ha pervertido su esencia. Lejos de dormirse en los laureles, inventa sin cese. El trabajo y el funcionamiento espartanos de la troupe mucho tienen que ver en ello. Mnouchkine sigue su funcionamiento tan de cerca que se ha hecho indisociable del Teatro del Sol. Hija de un productor de cine de origen ruso y de madre inglesa, estudió en Oxford junto a los grandes maestros. Y desde el Teatro del Sol ha puesto en duda la herencia y la historia del teatro, aportando sus propia perspectiva. Su salario es el mismo que el de todos los miembros de la troupe, y en ella participa igual que los demás.

Mnouchkine, coreógrafa de una libertad total, crea espectáculos a partir de la materia que le brindan sus actores. Con o sin texto, el primer ejercicio antes de cada nueva aventura es la improvisación. Las propuestas de los actores serán la base de la obra. Bajo la atenta mirada de la carismática directora, en quien todos confían, los actores aportan el fruto de su imaginación, considerada en esta compañía como los músculos de un bailarín. Inspirados en encuentros y en viajes por todo el mundo, todos participan en la autenticidad del espectáculo con la inquietud permanente de mostrar lo real. Antes del reparto final, cada uno de los actores se mete en la piel de todos los papeles. Ariane Mnouchkine elige y sólo se queda con aquello que le parece esencial para el mensaje que se quiere transmitir, ¡aunque la representación dure tres horas! El resultado es siempre hablar del curso del mundo.

En la actualidad, el Teatro del Sol está integrado por 30 personas de orígenes y horizontes bien distintos. Desde principios de los años setenta, la troupe ocupa el espacio de la Cartoucherie, un antiguo almacén del Ejército francés situado a las afueras de París. Entre bastidores, cada actor se ocupa se forma equivalente de las tareas necesarias para el buen funcionamiento de la compañía. Todos hacen bricolaje e incluso cocinan. Y en el entreacto de cada espectáculo, el público puede degustar platos originales, siempre en relación con las obras representadas.

Aunque reconocido y alabado por el público y la crítica, el Teatro del Sol nunca se ha erigido en una institución. La troupe, siempre alerta, trabaja como un artesano, al servicio del espectáculo y no de lo espectacular. El Sol sorprende continuamente a su público, que asiste en cada representación a una aventura teatral nueva de la que sale sorprendido y conmocionado por mucho tiempo...por eso volverá, fiel.

(Fuente : Actualidades en Francia / Anne-Laure Bell - 10.07)


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