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“Renacimiento” del Grand Palais de París

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La "renaissance" de la magnifique nef
du Grand Palais à Paris
© F. de la Mure/MAEE

El Grand Palais, estrella de la Exposición Universal de 1900, ha vuelto a abrir sus puertas en pleno corazón de París magníficamente restaurado, tras doce años de cierre y cuatro de obras, iluminado con luz natural por la más bella y grande vidriera del mundo. El evento, “un renacimiento más que una reapertura”, fue programado por el ministro de Cultura y de Comunicación, Renaud Donnedieu de Vabres, para inaugurar en septiembre de 2005 las jornadas europeas del patrimonio. Una invitación a “reapropiarse” de este lugar mágico.

Los célebres Globos de Coronelli, suspendidos de la gran cúpula central de la monumental nave de vidrio y acero durante quince días, simbolizaron la vocación de referente cultural de este espacio. Las dos esferas -una terrestre, otra celeste, de dos toneladas de peso cada una-, datan del siglo XVII. Fueron un encargo del embajador de Francia en Roma al cura franciscano Vincenzo Coronelli para el Rey Luis XIV.

La reapertura de la resucitada nave todavía no es definitiva. La programación de los eventos previstos (encuentros culturales, conciertos, desfiles de moda) sólo abarcan por el momento hasta septiembre de 2006. Pero si algo es seguro es que será un lugar que asociará “todas las facetas de la proyección cultural de Francia”, basada en “la unión entre la creación contemporánea y su patrimonio más emblemático”.

El Grand Palais se construyó con ocasión de la Exposición Universal de 1900 por cuatro arquitectos, en los Campos Elíseos, al borde del río Sena. El concurso de arquitectura lanzado en 1896 también incluía el Petit Palais, hoy Museo de Bellas Artes del Ayuntamiento de París, que también abre de nuevo tras haber sido renovado.

El emblemático edificio, una nave de 200 metros de longitud y 45 metros de altura construido en forma de “H”, con una inmensa bóveda metálica de hierro y vidrio y una magnífica escalera de hierro de inspiración Art Nouveau, ha vivido una existencia agitada. En principio debía albergar los encuentros artísticos muy en boga a principios del siglo XX. Sin embargo, en 1901 acogió por primera vez el salón del automóvil -industria en la que Francia era pionera en aquella época- y más adelante eventos más técnicos como el salón aeronáutico -que contaba con globos- , la infancia o las labores del hogar. Sin olvidar concursos agrícolas, espectáculos circenses, concursos hípicos e incluso pistas de esquí.

Durante la Primera Guerra Mundial, el Grand Palais acogió a las tropas coloniales que iban rumbo al frente, antes de transformarse en hospital. Durante la Segunda Guerra Mundial fue bombardeado y después utilizado como depósito de camiones. En agosto de 1944, durante los combates de la liberacion, quedó parcialmente incendiado. Entre tanto, parte del edificio se había transformado en Palais de la Découverte por iniciativa del físico Jean Perrin. En 1962 el ministro de Cultura André Malraux decidió crear las Galerías Nacionales del Grand Palais, dedicadas a grandes exposiciones permanentes, y las instaló en la parte norte del edificio.

Muy pronto aparecieron alteraciones en la estructura, y entre 1940 y 1943 se realizaron importantes obras para afianzar el edificio. En 1993, un visitante vio cómo caía a sus pies un remache del armazón metálico de la nave desde una altura de 35 metros. En noviembre de ese mismo año se decidió cerrarlo. Siete años después el conjunto del Grand Palais fue clasificado monumento histórico y en noviembre de 2001 comenzó la vasta obra de restauración para devolver al edificio su brillo original.

Así, el armazón metálico de la nave, de 8.500 toneladas de peso -la Torre Eiffel pesa 8.000- , fue completamente reparado y pintado de verde claro, su color original. Se pintaron 110.000 metros cuadrados de superficie y se cambiaron los 34.000 apoyos de los cimientos y los 16.000 metros cuadrados de vidrieras.

La excepcional reapertura del Grand Palais fue acogida con entusiasmo por el público, y recibió hasta 500.000 visitantes en quince días, hechizados por una nave resplandeciente y por los soberbios globos de Coronelli suspendidos entre cielo y tierra, reflejados en el suelo mediante un juego de espejos inclinados. Una vez la fiesta terminada, los globos se trasladaron a la Biblioteca Nacional de Francia, donde podrán seguir siendo admirados algún tiempo antes de ser restaurados.

(Fuente : Actualidades en Francia / Claudine Canetti - 01.06)


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