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La manufactura de los Gobelinos celebra su 400 aniversario

La manufactura de los Gobelinos, lugar excepcional de los telares franceses, celebra su 400 aniersario y la reapertura de su gran galería de exposición, cerrada desde hacía 35 años. Tras una soberbia renovación que ha durado 13 años, la exposición “1607-2007: Tesoros revelados” desvela fabulosas riquezas de las colecciones del Patrimonio nacional -del que dependen los Gobelinos y las otras dos manufacturas francesas de telares, Beauvais y Savonnerie. El tesoro de esta exposición es “el ciclo de Artemisa”, que reúne 15 tapices de lana y seda, tejidos con hilo de oro y de plata, reunidos después de tres siglos de separación gracias al mecenazgo de un banco, que ha permitido la compra de los ohco paneles, exiliados a Reino Unido y reaparecidos recientemente en el mercado del arte. Se han expuesto juntas por primera vez desde su fabricación, a principios del siglo XVII.

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Las creaciones contemporáneas en los Gobelinos © Lawrence Perquis

La “aldea de los Gobelinos”, un lugar parisiense clasificado monumento histórico, considerado “excepcional por su arquitectura preservada desde el siglo XVIII así como por su carácter único de lugar de memoria y de creación” debe su nombre a Jehan Gobelin, que en 1447 estableció en un brazo de la Bièvre (un pequeño río hoy escodido bajo una calle), un taller de tintes que muy pronto fue célebre. El Rey Henrique IV eligió este lugar en 1607 para fundar los telares del faubourg Saint Michel, ancestros de la manufactura de Gobelins, oficialmente creada por Colbert en 1664. Pes a que los Gobelinos han conocido una historia agitada (incendio por los Federados en 1871 durante la Comuna de París, tapices quemados para recuperar los hilos de oro y de plata), el lugar, sus alrededores y sus edificios han permanecido prácticamente intactos. Un hecho muy poco frecuente es que las tres manufacturas nacionales que alberga hoy este sitio, los Gobelinos, Beauvais y la Savonnerie se dedican a la misma actividad, el tejido, desde hace casi 350 años.

La galería de los Gobelinos se construyó entre 1906 y 1914 por Jean-Camille Formigé (1845-1926), arquitecto jefe de monumentos históricos (quien también fue el arquitecto del metro aéreo de París). En el más puro estilo “Bellas Artes” eligió en aquella época para la presentación el público de las obras de las grandes manufacturas francesas y de las colecciones del Patrimonio nacional. Transformada en taller en 1949 y ocupada durante mucho tiempo por la actividad de tejido, que redujo a la mitad sus espacios de exposición, utilizados como reservas desde su cierre en 1972, hoy recobra con brillo su vocación de origen: dar a estas instituciones nacionales el espacio que permita dar a conocer al público la calidad de su producción. A ello se añade para su resurrección otro reto, dotar por fin París de un verdadero lugar de exposición dedicado a los tapices, al diseño y al arte y ofrecer a estos oficios, máxima expresión de la creatividad, un lugar de referencia del saber hacer francés, aliando la técnica a la modernidad.

Charles le Brun, primer pintor de Luis XIV y primer director de los Gobelinos, instaló en la aldea no sólo a pintores y a tapiceros, sino también a orfebres, ebanistas, fundidores y grabadores, en definitiva, todas las especialidades que hoy se encuentran en los siete talleres de restauración y de mantenimiento del Patrimonio nacional, cuyas actividades se reparten con una rigurosa precisión: ebanistería, restauración de alfombras, tapices, lustros y bronces, tapicería de muebles y tapicería de decoración. El instrumento por excelencia es la mano. En todas ellas reside la misma necesidad, una paciencia a toda prueba, ya que a veces se requieren entre dos y tres años para reparar una alfombra o un tapiz, y tres años para tejer uno.

Para la exposición inaugural de la galería renovada, la elección no fue fácil entre los 100.000 muebles y objetos de arte inventoriados. Esta abundancia se explica porque desde su fundación en 1663 (cuando era el guardamuebles de la Corona), el Patrimonio nacional, institución única en el mundo, siempre ha estado en relación con el arte contemporáneo y no ha dejado de enriquecerse según la evolución del gusto, un hábito que se desarrolló especialmente con la creación por André Malraux en 1964 del taller de investigación y de creación, que añadió un aire contemporáneo a la tradición clásica.

Un gesto simbólico es que la evocación de los cuatro siglos de creación de los Gobelinos, repartidos en los dos pisos de la galería (500 m de superficie de exposición cada uno), comienza por las creaciones de los diez últimos años (1997-2007). Las 60 piezas presentadas en el bajo, tapices, alfombras, muebles y biombos, en su mayoría expuestos por primera vez, dan muestra de la vitalidad de esta creación en el diseño y en el tejido. Cada año, el Patrimonio nacional encarga a una docena de artistas el diseño de obras que se convertirán en alfombras o en tapices. Se trata de un “diálogo entre el artista creador del motivo, el carton, y el maestro tapicero que lo interpreta”, explica el administrador general de las manufacturas Bernard Schotter. “Es una cocreación, como en música”. El arquitecto Christian de Portzamparc, los pintores Roberto Matta, Pierre Alechinsky, Gérard Garouste o el escultor español Eduardo Chillida son autores de magníficas alfombras y tapices, “interpretados” con una sorprendente soltura por los maestros tapiceros, ya se trate del tejido o de la elección de colores, que pueden alcnzar hasta 20.000 tonalidades sobre la lana. Diez piezas se realizaron en 2006 y 40 están en proceso de tejido en los Gobelinos, en Beauvais y en la Savonnerie.

En el piso superior de la galería, donde se accede por una majestuosa escalera, se exponen 44 objetos de arte excepcionales de los siglos XVIII y XIX, muebles, sedas, maderas, relojes de péndulo, vasijas de Sevrès, lustros, tederos, candelabros, realizados en las manufacturas nacionales para el poder, pimero real y después republicano, y que en su mayoría son inéditos. Fueron descubiertos en las reservas del Patrimonio nacional con ocasión de la exposición, y algunos de ellos restaurados. El más sorprendente es sin duda la suntuosa pila de agua bendidta en cristal de 2,70 m de altura, y compuesta de 53 piezas simplemente yuxtapuestas, un regalo a la emperatriz Eugenia en 1867. El barómetro del péndulo de la biblioteca de Luis XVI en Versalles, que sobrevivió a la Revolución y al incendio del palacio de las Tullerías en 1871, es una obra maestra de la industra relojera francesa.

En cuanto al ciclo real de Artemisa, que ilumina con sus quince paneles todo el recorrido de este piso, recoge “ todos los superlativos”, según el director de las colecciones del mobiliario nacional Arnault Brejon de Lavergnée. Es el “más bello tapiz tejido en Francia en la primera mitad del siglo XVII, la realización más bella de uno de los artistas más importantes del Renacimiento francés, el pintor Antoine Caron, el tejido más rico de existe y la primera presentación en su integridad. Ni ¡siquiera el Rey Luis XIII las vio reunidas!”.

Solicitado en 1607 por Enrique IV para su esposa, María de Medicis, su inspiración es la mitología que relata la historia de una reina y de una regenta, ambas llamadas Artemisa. Seguramente habría encantado a Jehan Gobelin, cuyo apellido se ha convertido en numerosos idiomas en sinónimo de tapiz.

En Internet: www.mobiliernational.culture.gouv.fr

(Fuente : Actualidades en Francia / Claudine Canetti - 08.07)


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