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El Petit Palais de París recobra luz y espacio en su reapertura

Illust: La grille d'entrée, 19.4 ko, 188x280
La grille d’entrée du Petit-Palais
© F. de la Mure/MAEE

El Petit Palais, museo de Bellas Artes del Ayuntamiento de París, ha recobrado luz y espacio después de cinco años de cierre y 28 meses de obras que le han devuelto su brillo y su modernidad originarios. Una verdadera metamorfosis que convierte este edificio emblemático de la arquitectura “Bellas artes” de la Belle Epoque, construido con ocasión de la Exposición Universal de 1900 por el arquitecto Carles Girault (1851-1932), en un templo de arte que brinda un panorama artístico desde la Antigüedad hasta principios del siglo XX. Pinturas, esculturas, objetos de arte, mobiliario, tapicerías e incluso la más bella colección de iconos de Francia comparten espacio en una museografía diversificada que permite presentar 1.300 obras (en lugar de 850 hasta ahora) de las 45.000 que posee el museo, muchas de las cuales no se habían expuesto nunca.

Inaugurado en diciembre de 1902 como “Palacio de Bellas Artes del Ayuntamiento de París”, el Petit Palais suscitó entonces tal entusiasmo que Girault recibió como encargo del rey belga Leopoldo II la construcción del Museo del Congo en Tervuren. Emulaciones del proyecto viajaron hasta Río y Santiago de Chile. Paradójicamente la luz, la joya más valiosa para su arquitecto, que inundaba el edificio a través de sus altos ventanales entre el río Sena y los Campos Elíseos de cara a un jardín interior para proteger las obras del sol, se convirtió en su principal enemigo. Por ello se instalaron falsos techos y ventanas tapiadas que hicieron el edificio cada vez más sombrío, triste y polvoroso. No obstante, el polvo resultó ser un aliado, ya que dejó intacta toda la decoración interior.

Recuperada para el público por los arquitectos Philippe Chaix y Jean-Paul Morel, responsables de la renovación del palacio, la decoración recuperada es en sí misma una muestra del arte francés de finales del siglo XIX. Las pinturas de los techos, con el tema de París capital de las artes (la cúpula fue pintada por Maurice Denis, “La historia del arte francés”), han recuperado su brillo. Las numerosas esculturas en piedra blanca, yeso o zinc dorado han vuelto a la vida. Se ha puesto especial cuidado en la restauración de las obras de hierro forjado y de los mosaicos de adoquines. El hierro forjado, un elemento esencial de la decoración creada por el mismo Girault, hace deslumbrar el enrejado de la puerta de entrada, auténtica muestra de la osadía de este arte, y las rampas de las magníficas escaleras interiores de las dos rotondas. La renovación de la decoración del suelo, realizada por el autor de mosaicos de origen italiano Facchina, permitió restaurar los adoquines de las grandes galerías, del vestíbulo de entrada y del peristilo del jardín, y resucitar los mosaicos de oro y de esmalte de los tres estanques del jardín que estaban escondidos por una capa de cemento.

Además del regreso de la luz y de la transparencia, se encargó a los arquitectos elegidos por concurso ganar el mayor espacio posible para permitir la exposición de colecciones permanentes más numerosas. Un apuesta ganada. El museo se despliega a lo largo de 22.650 metros cuadrados en lugar de 15.650, y el espacio de presentaciones ha pasado de 3.000 metros cuadrados a 5.000, a los que se añaden 2.400 metros cuadrados para las exposiciones temporales. Se ha organizado un doble circuito de visita en dos grandes galerías, una del lado de los Campos Elíseos para las exposiciones permanentes (de acceso gratuito, como todos los museos del Ayuntamiento de París), y la otra del lado del río Sena para las exposiciones temporales, cuyo acceso es de pago.

La sorprendente diversidad de las colecciones del Petit Palais se debe a su original construcción. En su origen, se trataba de encargos o de compras del Ayuntamiento de París a partir de 1870 con el objetivo de ofrecer un panorama del arte francés de finales del siglo XIX, que muy pronto se vio enriquecido por adquisiciones de talleres y por numerosas donaciones y legados. Un periodo ecléctico como “París 1900” en el que Cézanne, Odilon Redon, Monet, Vuillard o Bonnard, iluminaron el cambio de siglo en Francia, al igual que los escultores Carpeaux o Rodin, y cuando también triunfó el Art Nouveau con el arquitecto Hector Guimard, Emile Gallé o los joyeros Lalique y Fouquet. El mismo año de la apertura del museo, en 1902, dos coleccionistas apasionados, los hermanos Eugène y Auguste Dutuit, cedieron al Ayuntamiento de París una magnífica colección de obras antiguas, que incluía bronces, cerámicas antiguas, objetos de arte de la Edad Media y del Renacimiento (esmaltes, mayólicas, objetos preciosos), cuadros flamencos y holandeses del siglo XVII, tapices, manuscritos antiguos, y uno de los despachos de arte gráfico más espectaculares.

Otra donación importante fue la de una pareja de coleccionistas americanos, Edouard y Julia Tick, dedicada a las artes decorativas del siglo XVIII. La galería que lleva su nombre es la única parte del Petit Palais que ha quedado intacta, con artesonados del siglo XVIII, muebles grutescos y porcelanas alemanas de Meissen cuyo encanto rivaliza con las lozas y los esmaltes ingleses de fondo azul o rosa.

Entre los legados más recientes figura la colección de iconos más importante de Francia, muestra de un mundo cristiano oriental que completa los temas religiosos del mundo occidental de la colección Dutuit, como los marfiles góticos o los esmaltes pintados de Limoges.
Repartido en dos pisos, el circuito de visita remonta el tiempo desde “París 1900” hasta el mundo griego y romano.

El antiguo jardín interior, que se había hundido, vuelve a tener sus esencias exóticas. Un auditorio de 182 plazas se ha instalado en el jardín y el recién estrenado café “Le Jardin du Petit Palais” ofrece una agradable atmósfera.

Todo el museo es accesible a las personas discapacitadas y se han previsto visitas especiales (táctiles, en lectura labial o el idioma de signos). Las “embajadas del Petit Palais”, exposiciones itinerantes en el extranjero iniciadas durante el cierre, continuarán de forma regular, así como el fomento de los trabajos relacionados con el arte y con la moda.

(Fuente : Actualidades en Francia / Claudine Canetti - 03.06)


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