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Las casas de escritores, lugares con alma (enero de 2013)

Las casas de escritores están unidas a los lugares que inspiraron a sus ilustres ocupantes. Cada vez más turistas se animan a visitarlas para descubrir Francia e impregnarse de su cultura de esta original forma. Una federación nacional integrada por organismos públicos y privados expertos gestiona esta red turística.

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Hace falta mucha pasión para conservar y mantener vivas las casas de escritores. Pero el esfuerzo de sus propietarios, municipios, particulares y asociaciones se ven recompensados por el interés creciente del público: más de 1,5 millones de visitantes en 2011, una cifra que sigue creciendo. “En estos lugares hay algo de afectivo, la impresión de ser recibido en casa de un amigo, una cualidad que los hace muy diferentes de los museos tradicionales”, según Sophie Vannieuwenhuyze, de la Federeación Nacional de Casas de Escritores y del Patrimonio Literario. Este organismo con sede en Bourges se encarga de promover y de agrupar estos espacios dispersos.

Resulta imposible mencionar cada una de estas 185 casas abiertas al público, aunque algunas son ineludibles, como el Hôtel de Rohan-Guéménée en la plaza de los Vosgos, en el barrio parisiense del Marais, repleta de fotografías y de dibujos donde Víctor Hugo escribió Lucrecia Borgia y gran parte de Los Miserables. En la casa de Honoré de Balzac, también en París, uno tiene la impresión de ver al escritor volcado en las páginas de La Comedia Humana sobre su escritorio día y noche a base de café. La atmósfera cambia en cada lugar. La casa del marino Pierre Loti, autor de El Pescador de Islandia, en Rochefort sobre la costa atlántica, toma poco a poco el aspecto de un salón turco o una mezquita árabe. Marcel Proust, autor de En busca del tiempo perdido, pasó su infancia en la casa rosa de Illiers-Combray, en el centro de Francia. El valle de los lobos en Châtenay-Malabry cerca de París donde encontró refugio François-René de Chateaubriand, se distingue por el poder evocador de este parque donde conviven cedros del Líbano, plataneros de Grecia y cipreses calvos de Luisiana plantados por el gran autor romántico.

Estos escritores se inspiraron en sus hogares y en los paisajes y la vida que los rodeaban. La obra de Balzac también se reconoce en su región natal en Touraine, en el castillo de Saché en pleno corazón del valle de Indre donde el autor situó su novela El lirio en el valle. En el centro de François Mauriac, cerca de Burdeos, surge el paisaje de viñedos y cipreses donde nacieron La carne y la sangre y el célebre Nudo de víboras. En la casa de George Sand en Nohant (Centro), parece que el tiempo se hubiera detenido. Uno se siente en casa en medio de utensilios de cocina de cobre, del maravilloso jardín y de fantasmas que resultan familiares, como Frédéric Chopin y Alfred de Musset.

En esta región mágica y misteriosa de madera y de lagos que inspiró La pequeña Fadette y La charca del diablo sobrevive generación tras generación el recuerdo emotivo de La buena dama. Los apasionados de la Provenza adorarán la casa de Jean Giono en Manosque y el molino de Alphonse Daudet en Fontvieille.

El éxito de esta forma de turismo ha fomentado múltiples proyectos. En septiembre de 2013 abrirá la casa natal de Víctor Hugo en Besançon, y se están gestando otros proyectos para salvar la casa natal del periodista Albert Londres en Vichy y la casa donde vivió su infancia Antoine de Saint-Exupéry, en Ain, cerca de Suiza.

La ruta histórica de las casas de escritores aglutina doce lugares cerca de París, entre ellos la enternecedora casita de Jean-Jacques Rousseau en Montmorency y el célebre y encantador castillo de Monte Cristo de Alejandro Dumas, con sus fachadas completamente esculpidas en Port-Marly. El circuito turístico también incluye los lugares donde vivieron extranjeros con caché, como la dacha de Iván Turguénev en Bougival, y la residencia del autor del simbolismo Maurice Maeterlinck, en Médan.

Las casas de escritores ofrecen espectáculos, exposiciones, conciertos, conferencias y talleres. También funcionan como residencia de autores, bibliotecas y centros de investigación. La casa de Julio Verne en Amiens (en el norte) organiza visitas guiadas con personajes vestidos de época inspirados en Vuelta al mundo en ochenta días o Veinte mil leguas de viaje submarino, así como juegos para entretenerse en familia, encuentros literarios y espectáculos narrados. La casa de Arsenio Lupin, el caballero ladrón, en Etretat (Normandía) organiza visitas en forma de enigmas. La casa de los otros lugares, el apartamento natal de Arthur Rimbaud en Charleville-Mézières (en el este), comparte muelle con el museo Rimbaud y cuenta la vida del poeta.

Aunque existe un acuerdo de colaboración europeo entre las casas de escritores impulsado por Alemania, sólo Francia ha desarrollado una red nacional para promover esta iniciativa. Por ello, la Federación Nacional de Escritores y del Patrimonio Nacional Literario despierta gran interés en el extranjero. El festival Encuentros de Bourges que se celebra cada dos años recibió en noviembre a Letonia, Hungría y Alemania. Este organismo también organiza las jornadas de estudios cada primavera en una región diferente, que se verá ampliada en 2013 con los encuentros del Suroeste. Todas son ocasiones para el intercambio de experiencias y de una pasión común.

Sylvie Thomas

Para saber más

www.litterature-lieux.com


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