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Impresionismo y moda: una exposición francoamericana (Septiembre de 2012)

Organizada por el museo de Orsay de París, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y el Instituto de Arte de Chicago, la exposición L’impressionnisme et la mode (Impresionismo y moda) será uno de los grandes acontecimientos culturales de la nueva temporada en París y del próximo año en Estados Unidos. En efecto, ha sido una excelente idea relacionar dos de los puntos fuertes de los franceses que suscitan un gran entusiasmo en el extranjero.

La moda francesa y el impresionismo son especialmente apreciados en todo el mundo y en los Estados Unidos en particular. Por tanto, no sorprende a nadie que la demanda de una exposición que los reuniera haya venido del otro lado del Atlántico, del Instituto de Arte de Chicago concretamente. El museo de Orsay, principal depositario parisino de obras impresionistas, ha aceptado sin dudarlo. En Francia, todas las exposiciones consagradas a estos artistas han tenido un éxito enorme. El año pasado, Paris au temps des impressionnistes (París en la época de los impresionistas), en el Hôtel de Ville, recibió 150 000 visitantes. Este año, se ha prolongado la exposición Berthe Morisot impressionniste (Berthe Morisot impresionista) en el museo Marmottan Monet debido a la afluencia de público. Además, todavía se recuerdan las colas de espera que provocaron Cézanne y Pissarro en el Orsay y Renoir y Monet en el Grand Palais, exposiciones en las que diversos museos estadounidenses ya habían formado parte.

En preparación desde 2009, la nueva exposición, L’impressionnisme et la mode (Impresionismo y moda), estará en el museo de Orsay del 25 de septiembre al 20 de enero; viajará después a Nueva York, al Museo Metropolitano de Arte (MET) del 19 de febrero al 27 de mayo de 2013, y al Instituto de Arte de Chicago del 30 de junio al 22 de septiembre de 2013. Reúne obras del museo de Orsay, por supuesto, y otras procedentes de museos estadounidenses que participan en la exposición, pero también de otras instituciones, como Nana de Manet, que ha prestado el museo Kunsthalle de Hamburgo (Alemania). Otro préstamo excepcional es El palco de Renoir, que pertenece al Courtauld Institute of Art de Londres. Chicago envía el excelente Calle de París, día lluvioso de Caillebotte y el MET Madame Charpentier y sus hijos; esto último es todo un acontecimiento, ya que no se había podido ver este cuadro de Renoir desde hacía cuarenta años.

Preocupados por representar la vida «moderna», los pintores impresionistas captaron al ciudadano en sus actividades, profesionales y lúdicas, tanto en la ciudad como en el campo. Especialmente Monet y Degas son ejemplos perfectos del género parisino del «paseante», observador experto y desenvuelto de sus contemporáneos. El retrato se convierte en una instantánea de un hombre o una mujer en su ambiente familiar.

Al hacer esto, los impresionistas observan la moda de los años 1860-1880, entonces en plena evolución. «Esta época dinámica sostiene el desarrollo del comercio debido a la apertura de los grandes almacenes, la abundancia de marcas, la multiplicación de las fábricas textiles, la creación de numerosas casas de moda famosas en el extranjero, sobre todo por parte de la rica clientela estadounidense. Los impresionistas, descendientes de la burguesía, pintan a sus familias, amigos y amigas, que a menudo eran sombrereras o modistas, y se creaban sus trajes, o, las más afortunadas, los encargaban a los mejores modistos», recuerda Françoise Tétart-Vittu, consejera científica de la exposición para el vestuario.

Este aspecto de la exposición se ha conocido con la participación del museo de Artes Decorativas y del museo de la Moda de la ciudad de París, que han proporcionado la mitad de la vestimenta que se expone. La otra mitad proviene de colecciones privadas o de museos provinciales dedicados al traje como los de Château-Chinon, Argenton-sur-Creuse o Vesoul. El contexto se evoca mediante los grabados, las revistas de moda y las fotografías que proceden de los ricos Fondos Disdéri del museo de Orsay. «Vestidos, accesorios, sombreros y zapatos se reparten en las salas temáticas: “recepción”, “aire libre”», indica Françoise Tétart-Vittu, que especifica que no se trata de los que están representados en los cuadros. Por tanto, no se verán al lado de las obras, los vestidos blancos que lleva Berthe Morisot en El balcón de Manet o Suzanne Valadon en Baile en la ciudad de Renoir, ni el traje del marqués de Miramon pintado por Tissot ni los de los personajes de Almuerzo sobre la hierba de Monet. Sin embargo, no faltarán las faldas que arrastran, los vestidos con cierres, las faldas con acumulación de tejido en la parte posterior y el auténtico vestido de verano a rayas y lunares que lleva Prospérie de Fleury en el cuadro de su marido Albert Bartholomé En el invernadero… «La comparación entre pintura y moda se presenta interesante, con uno o varios vestidos en cada sección, al igual que los accesorios en relación con los cuadros», destaca Philippe Thiebaut, conservador general del museo de Orsay y comisario de la exposición, que subraya que «la moda masculina también está presente».

Casi sería suficiente recorrer la lista de patrocinadores, LVMH, Christian Dior, para convencerse de que se trata de la quintaesencia de la elegancia y del espíritu francés… Junto con el decorador de ópera Robert Carsen como escenógrafo y director artístico, nadie duda que el conjunto será espectacular y glamuroso. Documentales, veladas de desfile y cine, café literario, concierto y espectáculo, los actos anexos acabarán de transformar esta exposición en un acontecimiento que atraerá a gran cantidad de público, tanto en París como en Estados Unidos.

Sylvie Thomas


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