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Gigantesco inventario de especies en el parque de Mercantour (julio de 2012)

El parque de Mercantour, situado en los Alpes, no solo es famoso por sus lobos, sino también por albergar una fauna y una flora de increíble riqueza, muy particular y apenas conocida. Actualmente, se está llevando a cabo allí el mayor inventario de especies jamás realizado en Europa para identificar las especies y proteger mejor la biodiversidad.

Mercantour es un magnífico terreno de juego para los naturalistas. Con una extensión de 2450 km² entre Italia y sudeste de Francia, este parque nacional presenta contrastes muy marcados, donde valles y glaciares se codean con paisajes mediterráneos. La altitud oscila entre los 500 y los 3200 m del monte Gelas. Al tratarse de un espacio geográfico extraordinario, que encierra una biodiversidad excepcional, ha sido seleccionado para realizar el primer inventario biológico generalizado (All Taxa Biodiversity Inventories) que se realiza en Europa. Dicha operación presenta además una doble dimensión europea porque no solo abarca al parque de Mercantour (Francia), sino también el parque natural Alpi Marittime (Italia) y moviliza a un gran número de investigadores europeos. Una particularidad que ha sido decisiva a la hora de decantarse por este paraje, dado que la operación surge a iniciativa de un consorcio europeo (el European Distributed Institute of Taxonomy) de grandes museos de historia natural y jardines botánicos, bajo la coordinación del Museo nacional francés de Historia Natural.

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Instalación de una trampa de Malaise en entorno abierto © A. Bedos

Centenares de especialistas apasionados, investigadores profesionales o voluntarios aficionados se van turnando sobre el terreno. Algunos trabajan con redes, otros con trampas de intercepción, como la inventada por Malaise, otros raspan la madera o excavan en el suelo. El censo de especies, iniciado en 2007 y previsto hasta el 2017, aporta unos resultados espectaculares: la identificación de miles de especies, insectos, moluscos, arácnidos, líquenes y musgos, varios de ellos totalmente nuevos para la ciencia.

Sin duda, dada su extensión y amplitud, el planteamiento parece más bien una misión imposible, tal y como confirma Louis Deharveng, director del laboratorio Origen, Estructura y Evolución de la Biodiversidad (OSEB) del Museo nacional francés de Historia Natural, encargado de los pequeños invertebrados terrestres, que representa la parte potencialmente más importante (y la menos clasificada) de la biodiversidad de Mercantour: «Cada árbol, cada rinconcito esconde cientos de bichos diferentes que miden desde un milímetro hasta un centímetro… Una sola trampa de intercepción capta en cada recuento un millar de especímenes, por tanto, es un enorme trabajo de recogida, pero también de clasificación y será muy difícil identificar todas las muestras, porque se requieren conocimientos extremadamente especializados. Es posible que solo haya unos cientos de personas en todo el mundo capaces de hacerlo, habida cuenta de que cada una está especializada en un grupo concreto de seres vivos. Para los insectos más grandes —algunos coleópteros o mariposas, por ejemplo—, trabajamos con sociedades entomólogas, pero con otras especies, no existen especialistas». La recogida se extiende a la búsqueda de competencias en todos los países del mundo.

Estos pequeños invertebrados tienen una gran relevancia en los ecosistemas terrestres. Por consiguiente, aunque la operación no culmine con una exhaustividad completa, contribuirá de manera fundamental al conocimiento de equilibrios vivientes. «El objetivo consiste en preservar la biodiversidad, luchar contra la extinción de especies y, para esto, hay que conocerlos y saber dónde están, ¡obviamente! —subraya Louis Deharveng—. En ocasiones, solo se encuentran en algunos kilómetros cuadrados, por eso son tan vulnerables. Las que solo viven cerca de neveros, por ejemplo, desaparecen al mismo tiempo que las otras. Para protegerlas, tenemos que conocer las razones ecológicas pero también históricas, especialmente el impacto de los glaciares del cuaternario. Además, estas especies son un indicio de la evolución no aparente del medio, como las perturbaciones del suelo, por el efecto de la actividad humana o los cambios climáticos. Gracias al inventario, veremos cómo regresan los grupos, lo que nos permitirá disponer de mayor información hasta ahora prácticamente desconocida y esencial para gestionar la biodiversidad».

En relación con el inventario, se están llevando a cabo campañas de concienciación para la población con fines pedagógicos: exposiciones, coloquios, conferencias, publicaciones, universidades de verano… porque Mercantour es una zona muy turística, que recibe cada año a más de 800000 visitantes que vienen a practicar alpinismo, esquí o senderismo en sus 600 kilómetros de senderos; admirar el valle de las Maravillas y sus 40000 grabados prehistóricos o el lago de Allos, el mayor lago natural en altitud de toda Europa. A partir de ahora, poder conocer el entorno descubriendo todo un universo menos visible será una razón de más para visitar este paraje.

Hasta ahora, solo se había llevado a cabo un recuento de estas características en Estados Unidos, en el Great Smoky Mountains (Montes Apalaches). El Museo nacional francés de Historia Natural trabaja asimismo en otros inventarios, como en la isla de Santo (Vanuatu), en Nueva Caledonia, Madagascar, en las grutas del sur de China o en Fynbos, una fabulosa vegetación específica de Sudáfrica.

Sylvie Thomas

Parque nacional de Mercantour

23, rue d’Italie. BP 1316. 06006 Niza Cédex 1 (Francia)

Tel. +33 (0)4 93 16 78 88

www.mercantour.eu


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