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El museo de Orsay se lava la cara (enero de 2012)

El museo de Orsay celebra su 25.º aniversario. En vísperas de este aniversario, le hacía falta cambiar de piel. La superficie y la iluminación de las salas de exposición se han beneficiado notablemente de importantes transformaciones. En total, han hecho falta dos años de obras.

La renovación del museo se hacía indispensable dado el aumento de las visitas a las colecciones y la necesidad de una mejor distribución del flujo de visitantes: más de tres millones al año. Así pues, hacía falta recuperar la fluidez y la coherencia necesarias. La importancia de las obras realizadas ha hecho posible la ineludible reflexión sobre la presentación de las obras en su conjunto, y sobre la lógica de la circulación de los visitantes. El recorrido se basa sobre todo en una separación más clara entre Impresionismo y Posimpresionismo.

El objetivo de las obras de renovación era especialmente presentar los últimos movimientos de la historia del arte, proponer correspondencias inéditas y devolver al museo la polifonía entre las corrientes, las técnicas y las diferentes artes que representaban la esencia de su vocación original. Se trataba también de reforzar el diálogo entre la pintura y la escultura, al mismo tiempo que se devolvían las artes gráficas a su lugar, en consonancia con todas las colecciones del museo. La antigua Salle des colonnes (sala de columnas), totalmente desmantelada, ha liberado una superficie de alrededor de 500 metros cuadrados, que podrá albergar a partir de ahora entre dos y tres exposiciones de medio formato al año. A un lado y otro de esta gran sala se han acondicionado espacios más íntimos, ideales para la presentación de la colección de artes gráficas del museo o destinados a ampliar el perímetro de las exposiciones temporales.

Una iluminación de vanguardia

Una de las principales innovaciones de la presentación de las obras es la instalación de un sistema de iluminación de última generación, que reproduce casi a la perfección la luz natural, pero de manera direccional. El resultado permite apreciar la riqueza cromática de las obras de un modo totalmente nuevo. De esta forma, se redescubren las obras; por ejemplo, los tocados de las arlesianas de La Salle de danse à Arles (El salón de baile en Arles) de Van Gogh, que se creía que eran negras, han resultado ser de un azul intenso. En el Impresionismo, el efecto general de la revelación de colores ha sido deslumbrante.

El abandono del blanco

El blanco mata a toda pintura fuera del arte del siglo xx y del arte contemporáneo. Cuando una pintura académica o impresionista se coloca sobre un fondo blanco, el resplandor del blanco y su halo de indeterminación alrededor de la obra impiden la revelación de los contrastes. Progresivamente, desde 2008, el museo de Orsay se ha renovado con el principio de las paredes de color con pruebas de diversos tonos. Un cuadro de Courbet o un lienzo de Manet exigen fondos diferentes a los de la pintura impresionista, a la vez más clara y más cursiva. Por otra parte, los marcos dorados, en especial aquellos típicos de la «pintura de salón», recuperan su función visual y gratificante sobre fondos de color. Las nuevas salas obedecen, por tanto, a esta nueva preocupación que aporta calor y elegancia a las salas de pinturas.

Nuevos espacios

La reorganización de los 2000m2 del pabellón Amont se ha confiado al arquitecto Dominique Brard y su equipo de Atelier de l’île. Se inscribe en el programa de refundición global de los espacios museográficos dirigido por el museo de Orsay, que está pensado principalmente para lograr una organización funcional y una fluidez de visita. Así, cada nivel se ha reordenado en su estructura y su volumetría para simplificar los espacios complejos y transformarlos en verdaderas salas de exposición. El proyecto se ha concebido para integrar y entrelazar diversos elementos: la ampliación de las superficies entarimadas; nuevas circulaciones verticales simples, comprensibles y mejor dimensionadas (escalera y ascensor); iluminación natural aumentada y controlada (grandes tragaluces); y salas de museo con volumetrías simples, al servicio de las obras expuestas, bien iluminadas y en un ambiente de colorido pronunciado.

La reorganización de las salas de la 5.ª planta, encargada a la agencia Wilmotte Associés, representa una superficie de más de 2000 m2. Consiste en la redistribución de la antigua salle des colonnes (sala de columnas), el rediseño de la galería impresionista y de las cámaras adyacentes dedicadas a las artes gráficas, así como la renovación de la galería Françoise Cachin, que comprende, a su vez, la terraza del nivel intermedio y la galería simbolista. Los tonos profundos y lóbregos de los frisos, así como la instalación de un entarimado, confieren una atmósfera idónea para la percepción de matices de color en las obras impresionistas. La instalación lumínica ha sido revisada por el arquitecto y su equipo para introducir una iluminación artificial modulable, en función de la luz del día, unida a una iluminación natural que se filtra por la mayor parte de los espacios.

Por último, los brasileños Fernando y Humberto Campana han rediseñado por completo el Café de l’Horloge (Café del reloj); algunas obras de estos hermanos, muy valoradas por los coleccionistas, ya están expuestas en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Actualmente, en el Café de l’Horloge ya no queda nada del confort burgués y anticuado de los bistrots parisinos: adiós al terciopelo rojo, a la madera de caoba y a los pomos de latón. Los dos arquitectos han preferido los alambres, los brillos acrílicos y las láminas de aluminio dorado.

Delphine Barrais

Página web:

http://www.musee-orsay.fr/es/accueil.html?s=0


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