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El francés es la lengua común de 220 millones de personas (Febrero de 2012)

La película Tintín del director americano Spielberg, que ha cosechado un gran éxito mundial, narra las aventuras de un héroe de cómic francófono. Al igual que dicho héroe, millones de francófonos de todo el mundo siguen hablando y aprendiendo francés, una lengua decididamente viva y moderna.

En los últimos sesenta años, el número de francófonos se ha triplicado. A pesar de las previsiones realizadas, el idioma francés no está en declive, sino todo lo contrario. En efecto, según el Observatorio de la Lengua Francesa, habría 220 millones de francófonos en todo el mundo, lo que colocaría el francés en el octavo puesto de la lista mundial. En la clasificación de las lenguas oficiales de los estados, el inglés ocupa el primer puesto, ya que es lengua oficial en 63 países, seguido por el francés, que es lengua oficial en 36 estados.

No existe ninguna guerra de idiomas; se puede aprender y hablar inglés al mismo tiempo que francés. Las lenguas no se excluyen entre sí; por su parte, el número de hablantes de francés no deja de aumentar. Una cuarta parte de los profesores de idiomas de todo el mundo enseña francés a unos 100 millones de alumnos. A esto hay que añadir el trabajo realizado por las Alianzas francesas o las asociaciones francófonas y francófilas. En el seno de la Unión Europea, el francés es, por detrás del inglés, el primer idioma elegido en escuelas primarias y en el primer ciclo de estudios. Por lo tanto, se trata de la segunda lengua más estudiada en los 27 estados miembros, de los que 14 forman parte de la Organización Internacional de la Francofonía. En África, o incluso en el sudeste asiático, el francés no retrocede a pesar de las previsiones contrarias. En realidad, Nigeria, que dentro de 50 años será el tercer país más poblado del mundo, ha instaurado la obligatoriedad de enseñar francés como segunda lengua.

Un idioma útil

Los francófonos, en su mayoría, están de acuerdo en defender el francés argumentando que se trata de una «belle langue» (hermosa lengua) que transmite una riqueza y unas particularidades culturales indiscutibles. Esto es totalmente cierto. El canal francés TV5 es la cadena internacional con mejores resultados por detrás de MTV y CNN. En Estados Unidos, el francés es el idioma del 30% de los libros traducidos, así como de la mitad de las películas extranjeras difundidas. No obstante, más allá de los motivos culturales, uno de los argumentos de peso que hace que un alumno se decida a aprender francés es que resulta útil e incluso necesario, y no solamente en las instituciones internacionales o europeas.

Hablar francés es una baza en el desarrollo económico. Jean-Benoît Nadeau, autor del libro Le français, quelle histoire!, indica que la segunda empresa de distribución mundial, por detrás de Wal-Mart, es la compañía francesa Carrefour, presente en 34 países, en comparación con los escasos 15 de su competidor estadounidense. No olvidemos tampoco que la empresa más grande de energía nuclear civil, Areva, tiene su sede en París, al igual que Alstom, una empresa que se encuentra entre los líderes mundiales en infraestructuras de transporte ferroviario, así como de producción y transmisión de electricidad.

Esta buena salud del francés se debe, en primer lugar, a su globalización. Dos tercios de los francófonos de todo el mundo no tienen el francés como lengua materna. El francés, al igual que el inglés, es un idioma que se estudia en todo el mundo y que emplean hablantes que ya conocen más idiomas. La Academia de la lengua francesa es una institución centenaria que protege el buen uso de la lengua que ya cuenta entre sus 35 inmortales con cuatro académicos de origen extranjero. Assia Djebar es argelino, la madre de Hélène Carrère d’Encausse era rusa, François Cheng nació en China y Hector Bianciotti ha crecido en Argentina. Hay un signo indiscutible de este dinamismo en la creación literaria: desde 1987, uno de cada cinco ganadores del premio Goncourt es francófono, sin necesidad de que el francés sea su lengua materna. Este es el caso del marroquí Tahar Ben Jelloun, el libanés Amin Maalouf, el ruso Andreï Makine o el americano Jonathan Littel.

La Organización Internacional de la Francofonía (OIF) fue creada en 1970 y reúne a 56 países miembros y 19 países observadores. De este modo, se ha convertido en uno de los centros neurálgicos de la difusión del francés. Además de la OIF, hay docenas de organizaciones multilaterales y varios miles de asociaciones francófonas que desarrollan una intensa actividad. Esta red es también la que otorga fuerza al francés: entre las agrupaciones de investigadores, diplomáticos, científicos o empresarios, el francés se convierte en un eje de pensamiento e innovación.

Un idioma rico

Aunque la difusión de la lengua francesa se ha realizado en primer lugar fuera de su país de origen, en Norteamérica se ha extendido a través de las antiguas colonias francesas y belgas. En algunos países en los que hay diversas comunidades que hablan distintos idiomas, el francés se ha convertido en un sistema de comunicación unificador. En algunos casos, el francés ha seguido vías menos directas para expandirse como, por ejemplo, siguiendo el camino de la emigración de libaneses francófonos por todo el mundo.

Esta herencia histórica ha suministrado neologismos que han enriquecido el léxico francés. En Costa de Marfil, se emplea el término «dégrigrise», que se aplica a las personas a las que se les va a quitar un sortilegio. En Senegal, un «homo» no hace referencia a un homosexual, sino a «homónimo», que es una designación útil en un país en el que hay mucha gente con el mismo apellido. En el Norte de África, palabras como «backchich» (jarra de vino) o «fissa» (rápido) se han introducido en el francés corriente. Lo mismo ha ocurrido con «tchatcher» (charlar) o «kiffer» (disfrutar de). El francés de Quebec es especialmente vivo y está siempre muy activo; anima a emplear términos franceses en casos en los que los habitantes de Francia utilizan un término inglés. De este modo, en Montreal se emplea la palabra «traversier» y, en París, «ferry».

Sin embargo, en un mundo globalizado, ya han pasado los días en que los países francófonos tenían la mirada puesta en París o Bruselas. Las interconexiones, facilitadas por compartir una lengua común, se realizan hoy en día directamente entre los países. Esta inmensa red se extiende gracias al impulso de la Agencia Universitaria de la Francofonía, que agrupa más de 750 instituciones de 80 países, entre los que se encuentran Canadá, Argelia, Vietnam y Francia. Los vínculos entre francófonos están más vivos que nunca y son un ejemplo de modernidad y eficiencia.

Pascale Bernard


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