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Computación en la nube con sello francés (Agosto de 2012)

La informática a distancia está pisando fuerte y promete ser un mercado colosal en un futuro inmediato. Conscientes de esta realidad, los poderes públicos franceses tienen la intención de crear un gran operador francés de envergadura europea.

La expresión «informática en la nube», traducción del inglés Cloud computing, no tiene mucho sentido, por eso conviene explicar el concepto porque su futuro parece estar claramente marcado: consiste en deslocalizar el almacenamiento y tratamiento de los datos informáticos que habitualmente se gestionan en servidores locales para hacerlo en servidores externos de Internet. Físicamente hablando, estos datos no suben al cielo para estar en la nube sino que se concentran en gigantescos centros para el tratamiento de datos, unas inmensas fábricas digitales repletas de material informático cuyo tamaño puede alcanzar la superficie de una docena de campos de fútbol.

Esta informática deslocalizada está orientada a los gobiernos, las administraciones públicas y las empresas, pero también a los particulares (también conocida como «nube personal»), a quienes permite olvidarse de discos duros para guardar agendas de direcciones, fotografías, música, vídeos o documentos. Por fin ya no habrá que preocuparse por tener más capacidad de almacenamiento en ordenadores, cámaras de fotos, reproductores de música, teléfonos móviles o tabletas.

En el ámbito profesional, la informática en la nube se define como un sistema informático a la carta. Las empresas que externalizan sus sistemas de ofimática tienen acceso a los programas que quieran para gestionar el correo electrónico, los recursos humanos, la atención al cliente, etcétera. La potencia informática se contrata en línea, en función de cómo evolucionen las necesidades de la empresa. Basta con contratar una suscripción para consumir y pagar por los servicios que se utilicen. En comparación con los modelos tradicionales, las empresas consiguen ahorrar en infraestructuras porque este sistema unifica el material y permite desarrollar aplicaciones compartidas.

En realidad, no se trata de una verdadera innovación porque la informática en la nube se basa en la tecnología que se conoce y utiliza desde hace tiempo, así que los usuarios no tienen de qué preocuparse; si bien, lógicamente, habrá que adaptar las infraestructuras a medida que aumenten las necesidades para garantizar la fiabilidad del servicio y el acceso a los datos en tiempo real. La revolución que conlleva este concepto no es, ni mucho menos, tecnológica, sino claramente económica. Este sector de actividad anuncia perspectivas vertiginosas, con un índice de crecimiento anual del 30 %, según las previsiones. El mercado mundial podría alcanzar los 270 000 millones de dólares en el año 2020, de los cuales 118 000 millones en gastos institucionales.

En comparación con el resto de Europa, las empresas francesas están mucho más interesadas en soluciones «en la nube» que las empresas de otros países. Según una encuesta de la consultoría Markess International, una de cada tres empresas en Francia debería utilizar este año al menos uno de los servicios «en la nube». De esta forma, se estima que el mercado en Francia podría alcanzar los 2700 millones de euros, es decir, un aumento anual del 21 %.

Ante esta situación en pleno auge, no es de extrañar que los desarrolladores de programas informáticos, fabricantes de ordenadores y operadores de telecomunicaciones se abalancen a conquistar el mercado. Aunque en Francia existan hospedadores, como la sociedad OVH, los gigantes estadounidenses del sector son omnipresentes, de ahí que los poderes públicos franceses hayan decidido ponerse manos a la obra con el lanzamiento de un concurso de proyectos en el marco del programa Andromède. El resultado ha sido la creación de dos consorcios: uno que reagrupa a las empresas SFR y Bull, destinado en particular a grandes corporaciones y pymes; y otro que asocia a las empresas Orange y Tahlès, destinado a empresas y organismos del sector público en su mayoría. Con el fin de favorecer el desarrollo de ambos proyectos, el grupo Caisse des Dépôts, inversor a largo plazo al servicio del interés general y del desarrollo económico en Francia, ha invertido 75 millones de euros en cada uno de ellos.

La puesta en marcha de una «informática en la nube» francesa, que sea conforme con las normativas de Francia y Europa en materia de almacenamiento, confidencialidad y seguridad de los datos, tiene un interés estratégico. El objetivo principal de Andromède pasa por garantizar a empresas privadas y organismos públicos que la confidencialidad de sus datos no dependa de las decisiones de jurisdicciones extranjeras, porque es un aspecto demasiado importante en cuestiones de defensa nacional, para las administraciones, las empresas innovadoras…

La proximidad geográfica entre los operadores y clientes es un factor determinante para establecer una verdadera relación de confianza. Además de los centros de tratamiento de datos que ya existen en Francia, se añadirán los previstos en el marco del proyecto Andromède. Su volumen de actividad considerable debería conllevar una bajada de precios que a su vez aumentará la competitividad de Francia. Las ofertas comerciales de los dos consorcios están previstas para finales del 2012 y deberían abrir las puertas del mercado europeo, estimado en 15 000 millones de euros, a partir del 2016.

Sylvie Thomas


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