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Suspender el derecho al veto en los casos de crímenes masivos - Tribuna de Laurent Fabius (4 de octubre de 2013)

Ha sido preciso esperar más de 2 años y 120.000 muertos en Siria para que el uso del derecho al veto dejara de paralizar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y para que este organismo se decidiera a tomar una decisión.

Francia otorga una importancia capital al multilateralismo y a su centro neurálgico, la Organización de las Naciones Unidas, que constituye la principal herramienta de regulación política mundial al servicio de la paz y de la seguridad. Ahora bien, una parálisis de la ONU durante dos años, con sus dramáticas consecuencias humanas, es inaceptable para la consciencia universal.

Sin lugar a dudas, la 68ª Asamblea General de las Naciones Unidas que acaba de reunirse ha permitido algunos avances. Logramos llegar a un acuerdo sobre las armas químicas en Siria y abrir la perspectiva de una solución política. El diálogo sobre la cuestión nuclear iraní se ha reanudado. Francia ha participado activamente en estos avances, precisando las condiciones de una resolución aceptable en un caso y respondiendo a la voluntad de diálogo de las autoridades iraníes en el otro. También lanzamos un grito de alarma indispensable sobre la República Centroafricana, movilizamos a la comunidad internacional para la estabilidad y la seguridad del Sahel, trabajamos sobre temas multilaterales de largo plazo como el cambio climático o la abolición universal de la pena de muerte.

Todos estos resultados positivos no ocultan para nada la realidad: el Consejo de Seguridad mostró su impotencia durante mucho tiempo ante la tragedia siria, bloqueado por la utilización del derecho al veto. Poblaciones enteras fueron masacradas llegando incluso el régimen al extremo de utilizar armas químicas masivamente contra niños, mujeres y civiles. Para todos aquellos que esperan que la ONU asuma sus responsabilidades con el fin de proteger a las poblaciones, esta situación es condenable.

Francia es favorable a una ONU más representativa –principalmente gracias a la ampliación del Consejo de Seguridad–, pero aún estamos lejos de alcanzar el acuerdo que permitiría este avance. Salvo si se acepta una pérdida de legitimidad, debemos aprender las lecciones de los bloqueos anteriores para evitar estos disfuncionamientos en un futuro.

Para lograrlo, el Presidente francés presentó una propuesta a la vez ambiciosa y sencilla ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El objetivo para los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad es proceder a una restricción voluntaria del derecho a veto por ellos mismos. Este proceso se llevaría a cabo sin modificar la Carta y mediante un compromiso mutuo de los miembros permanentes.
Concretamente, cuando el Consejo de Seguridad tenga que pronunciarse sobre una situación de crimen masivo, los miembros permanentes se comprometerían a suspender su derecho a veto. Los criterios de aplicación serían sencillos: a petición de cincuenta Estados miembros como mínimo, se sometería la cuestión al Secretario General de la ONU para que se pronuncie sobre la naturaleza del crimen. Una vez que el Secretario General haya dado su dictamen, se aplicaría el código de conducta inmediatamente. Para ser realista, este código excluiría los casos en que los intereses vitales nacionales de un miembro permanente del Consejo corriesen peligro.

Soy perfectamente consciente de las objeciones de todo tipo que podrían formularse contra esta propuesta. Y les opongo un sólido argumento: este proceso, que sería sencillo de poner en práctica, permitiría preservar lo esencial: la credibilidad de ese pilar de la paz y de la estabilidad que debe ser el Consejo de Seguridad. Por otra parte, reflejaría la voluntad de la comunidad internacional de elevar la protección de la vida humana al rango de prioridad efectiva. Restablecería la primacía del diálogo y de la negociación constructiva.
Evitaría que los Estados se transformaran a sí mismos en prisioneros de sus posiciones de principio.

¿De qué otra solución rápida, sencilla y eficaz disponemos para avanzar? Yo no veo ninguna.
Hoy, tenemos una posibilidad a nuestra disposición. Aprovechémosla.

Laurent Fabius, Ministro de Asuntos Exteriores


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