Organizaciones internacionales
Francia preconiza un papel ambicioso y eficaz para las Naciones Unidas

Ya sea que se trate del mantenimiento de la paz en el mundo o los equilibrios planetarios, Francia defiende el derecho internacional y la cooperación multilateral. De hecho, para un sinnúmero de asuntos - tales como pobreza, medio ambiente, proliferación, terrorismo - la concertación y cooperación multilaterales entre los actores internacionales constituyen una necesidad; las Naciones Unidas, instancia universal exclusiva, son su ámbito primordial.
Ante crisis como la de Irak, el uso de la fuerza de forma unilateral sólo puede conducir al fracaso. El Consejo de Seguridad debe ejercer plenamente sus responsabilidades en aras de la paz y la seguridad. Esta sigue siendo la única instancia posible para la legitimación del uso de la fuerza. En este respecto, Francia es favorable a la ampliación del Consejo de Seguridad mediante el ingreso de nuevos miembros permanentes: Alemania, Japón, India, Brasil y una representación justa de África. También se podrían incorporar otras mejoras tendientes al fortalecimiento del papel de la Asamblea General o de la acción del Consejo de Seguridad en materia de lucha contra la proliferación. Las crisis más recientes han confirmado el carácter central de la ONU, pero también han fortalecido la necesidad de aumentar la eficiencia de la organización. Desde la creación de la ONU en 1945, Francia ha sido miembro del Consejo de Seguridad, donde tiene un escaño permanente al igual que los Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia y China. También es miembro de la mayoría de sus organismos intergubernamentales electivos (Corte Internacional de Justicia, Comisión de Derechos Humanos) y permanentes (Consejo de Tutela, Conferencia para el Desarme, entre otros). El francés es uno de los seis idiomas oficiales de la ONU y uno de los dos idiomas de trabajo. París es la sede de la ONU para la ciencia, la cultura, la educación y la UNESCO.
Francia no escatima esfuerzos para apoyar las acciones de la Organización en todas partes del mundo, ya sea que se trate del mantenimiento de la paz y la seguridad, de los derechos humanos o de los diversos aspectos económicos y sociales que son de competencia de sus instituciones especializadas. Los “cascos azules” franceses participan en la mayoría de las operaciones de mantenimiento de la paz que tienen lugar en Europa, África, Oriente Próximo y Asia. Francia es el cuarto contribuyente a los diversos presupuestos de la Organización (presupuesto ordinario, operaciones de mantenimiento de la paz y tribunales internacionales), y financia el presupuesto ordinario en un 6,516 %, cuando su porción en el PIB mundial se aproxima a un 5,5 %.
En el plano político, Francia, presente en todos los debates, busca fomentar constantemente un papel ambicioso y eficaz para las Naciones Unidas, fundado sobre el Derecho Internacional y el consenso. Nuestro país no ha cesado de demostrarlo a través de las posiciones defendidas en diversas partes del mundo, y pueden contarse en su haber numerosas iniciativas. Tal es el caso particular en el Medio Oriente, África y Asia, donde los conflictos regionales afectan a países con los que Francia ha establecido relaciones de amistad de larga data. En Oriente Próximo, Francia siempre ha procurado apaciguar las crisis. Desde su adopción en 1967, Francia ha insistido constantemente en la aplicación de la resolución 242 del Consejo de Seguridad, que exige la retirada inmediata de los territorios ocupados por Israel. En varias ocasiones Francia adoptó al respecto iniciativas pioneras: La primera fue recibir en París al jefe de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Yasser Arafat, en 1988, poco después de que éste declarara renunciar al terrorismo. Fue en esta ocasión que Arafat declaró “caduca” la Carta palestina que preconizaba la destrucción de Israel. Francia es fiel a la existencia de Israel en el seno de fronteras seguras y reconocidas. También apela a la creación, junto a él, de un Estado Palestino viable. Francia apoyó los acuerdos de Madrid y el proceso de Oslo. Luego contribuyó a la elaboración de la “Hoja de Ruta”, respaldada por el Consejo de Seguridad en su resolución 1515 del 19 de noviembre de 2003. Francia mantiene una cooperación bilateral activa con Israel y los palestinos. La UE es además el principal proveedor de fondos de la Autoridad Palestina. Francia también procura contribuir a la resolución de los conflictos Israel-Siria e Israel-El Líbano, puesto que la paz solamente podrá ser duradera si es global. Durante toda la duración de la crisis iraquí de 2002 y 2003, Francia preconizó un papel central para las Naciones Unidas y la unidad del Consejo de Seguridad, garantía de eficacia. Desde la caída del dictador iraquí, Francia defiende la restitución rápida de la soberanía de Irak y la reconstrucción del país en un proceso inclusivo, en el que tendrían cabida no sólo todas las corrientes políticas del país, sino también los países limítrofes y amigos, con la asistencia de las Naciones Unidas. En El Líbano, Francia apoya la reconciliación nacional y aporta una sólida contribución a las fuerzas de la ONU.
Con los Estados del Norte Africano, Francia mantiene una relación de privilegio que constituye una verdadera prioridad política para este país. Esta relación, que es una herencia histórica, se nutre también de los intercambios permanentes cuya estructura Francia se esfuerza por adaptar y modernizar constantemente, en todos los ámbitos: cooperación, relaciones culturales, intercambios humanos, asociación económica. Ante todos los países, Francia aboga por la integración regional entre los Estados del Norte Africano y su acercamiento a la UE, que debe permitir una asociación más prolífica entre los países al sur del Mediterráneo y una Europa más amplia.
África constituye, desde hace tiempo, una prioridad para Francia: la celebración periódica de las cumbres franco-africanas y el flujo continuo de contactos bilaterales han originado varias iniciativas prometedoras, tales como el proceso de reconciliación en la República Democrática del Congo, consagrado más tarde mediante los acuerdos de Lusaka (1999). Francia no escatima esfuerzos diplomáticos para resolver los conflictos y las crisis políticas que afectan a dichos países, ya sea en el seno de la ONU, en coordinación con ciertos Estados de la región, o más particularmente en la actualidad mediante el fomento de las mediaciones africanas. Ofrece un apoyo logístico, financiero y humanitario en el marco de las intervenciones de urgencia que suelen decidirse en espera de un despliegue internacional o regional. También pretende responder a la voluntad de los países africanos de administrar por sí mismos la seguridad de su continente. Junto con los Estados Unidos y el Reino Unido, Francia impulsó una iniciativa para el fortalecimiento de las capacidades de los ejércitos africanos a fin de participar en las operaciones de mantenimiento de paz bajo la égida de las Naciones Unidas. Este programa, llamado RECAMP, fue adoptado en 1998 en el marco de la Cumbre África-Francia del Louvre. Francia interviene, mediante una logística y un financiamiento considerables, en los procesos de paz entablados en África central por los Jefes de Estado de la Comunidad Económica y Monetaria de África Central (CEMAC), y en África Oriental, por los Jefes de Estado de la Comunidad Económica de los Estados de África Oriental (CEDEAO). Francia apoya las iniciativas africanas para luchar contra el tráfico de armas ligeras y la eliminación de las minas antipersonal. También se ha comprometido a fomentar la difusión de nuevos tratamientos del Sida para los enfermos de todos los países, tanto en el sur como en el norte. En el plano del desarrollo económico, en todos los grandes organismos multilaterales, tanto en el Consejo de Seguridad como en la cumbre del G8, Francia expresa las inquietudes manifestadas por los países africanos. En la cumbre de Evian de 2003, Francia anunció que África, que ya era la principal receptora de la ayuda francesa, recibiría más de la mitad del aumento de la ayuda pública francesa al desarrollo, decidida hasta 2012. En dicha fecha la ayuda ascenderá a un 0,7 % del PIB francés. En el plano de las instituciones, Francia alienta el movimiento hacia la democracia, sin forzarlo. Por otro lado, se muestra exigente en cuanto a los principios esenciales que son el respeto del Derecho, la buena gobernanza y la legitimidad de la accesión al poder así como de su ejercicio.
Francia tampoco ha olvidado los lazos que la vinculan con Asia. En 1991 favoreció la firma de los acuerdos de París, destinados a implementar la reconciliación nacional en Camboya. Además de ser responsable, junto con Indonesia, de esta reconciliación, Francia jugó un papel preponderante en el terreno durante toda la fase de transición. Los 1.500 cascos azules franceses constituyeron entonces el contingente principal que se puso a disposición de la Autoridad Provisional de las Naciones Unidas en Camboya (APRONUC), a cargo de desarmar las partes del conflicto, velar por el respeto del alto el fuego y preparar el retorno de la democracia. En Afganistán, Francia ha aportado una contribución de gran importancia a la coalición conducida por los Estados Unidos bajo la égida de las Naciones Unidas, en la lucha contra el grupo terrorista Al-Qaida y el régimen de los talibanes. Francia contribuye igualmente a formar el nuevo ejército afgano, aportando a título bilateral 35,6 millones de euros en 2002 destinados a la reconstrucción de Afganistán. Los principales sectores de cooperación son la agricultura, la educación y la reconstrucción del Estado.
En Afganistán, Francia participa en las fuerzas de la OTAN, pero bajo la égida de la ONU. Ante las amenazas del terrorismo sin fronteras, es necesario fortalecer la cooperación internacional. En este contexto, después del 11 de septiembre de 2001, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la resolución 1373 durante la presidencia francesa, que impone a los Estados tomar medidas concretas contra los autores de actos de terrorismo, sus responsables y cómplices.
Francia logró que la Asamblea General de la ONU adoptara un convenio contra la financiación del terrorismo, y en 2005 se aprobó otro contra el terrorismo nuclear. También actúa en el mismo sentido en el seno de la Unión Europea y del G8. Ante la amenaza de la proliferación de armas de destrucción masiva, por ejemplo en Irán, Francia también es favorable al fortalecimiento de la cooperación internacional (Agencia Internacional para la Energía Atómica, Organización para la Prohibición de Armas Químicas), e incluso a recurrir a políticas de sanciones. En la ONU, en el seno de la Unión Europea y en la OSCE, Francia jugó un papel decisivo en la adopción de instrumentos para el control del tráfico de armas, especialmente de armas de pequeño calibre, que han sido tan nefastas en los conflictos africanos. Francia también promueve el fortalecimiento de la cooperación multilateral en el ámbito del narcotráfico y el crimen organizado. Por último, contra el cambio climático y la contaminación del agua, un bien público mundial, Francia milita para la creación de una organización mundial del medio ambiente y para la universalización del protocolo de Kyoto a fin de reducir las emisiones de CO2. Contra las grandes pandemias, como el Sida, Francia ha tomado la iniciativa de crear modos innovadores de financiamiento.
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