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La necrópolis del Rey Pepi I

(± 2335-2219 A.C.)

La investigación: ingenieros y arqueólogos en sinergia

Al Este de la pirámide de Pepi I, identificada desde hace tiempo por A. Mariette, el emplazamiento supuesto del templo funerario fue despejado sobre una superficie de más 5000 m2. También se encontraron y se estudiaron más de 2500 fragmentos de la decoración del templo. La excavación reveló vestigios arquitectónicos suficientemente bien conservados para permitir, por primera vez, el empleo de una nueva tecnología aplicada a la arqueología: la restitución informática en 3D.

Pero alrededor del monumento de Pepi I, ¿dónde buscar las tumbas de las reinas en doce hectáreas de terreno sin nada característico, totalmente removidas? Gracias al mecenazgo tecnológico, pudo aprovecharse el excepcional conocimiento experto que Electricité de France (EDF) había desarrollado en particular para detectar las fallas en las presas o las centrales nucleares. La tarea era difícil puesto que se buscaban vestigios de monumentos de piedra caliza erigidos sobre un acantilado calcáreo y obviamente demolidos; fue entonces necesario trabajar en muy confusos cúmulos de arena y fragmentos de piedra de todas las dimensiones. EDF propuso en febrero de 1988, un mapa que mostraba zonas de más alta resistividad, con restos de construcciones probablemente de caliza y otras más probablemente, en cambio, de ladrillos crudos.

A partir de las prospecciones geofísicas de EDF, se multiplicaron los descubrimientos sobre la necrópolis de la familia real, al Sur de la pirámide del rey Pepi I, revelando no sólo las pirámides buscadas de las esposas del rey sino también las de esposas de sus sucesores así como una tumba datada varias generaciones más tarde. Los descubrimientos se prosiguen hasta el momento actual: la próxima campaña debería revelar el nombre del/de la propietario/a de una nueva pirámide recién despejada en abril de 2006.

Los resultados: la riqueza insospechada de la necrópolis del rey Pepi I

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A partir de relevamientos topográficos precisas, de las pendientes de los edificios y de la verificación de sus elevaciones desaparecidas, la arquitectura de la tumba real se reconstituyó virtualmente en 3D, gracias al Departamento de Estudios e Investigaciones de EDF. Así pues, un monumento en gran parte desaparecido, y hoy reducido al estado de ruinas, reencuentra su integridad. Gracias a los bajorrelieves que pudieron reconstituirse y reposicionarse sobre la maqueta informática, de ahora en más se puede intentar una lectura del itinerario simbólico del rey difunto en el lugar de culto que le está consagrado.

Asimismo, el análisis de la estructura interna de la mampostería del monumento funerario del rey ha evidenciado sobre las piedras de construcción muy numerosas marcas de personalidades de la época: infantes reales, visires, jefes de equipos que nos permitieron precisar nuestro conocimiento de la historia política de la época.

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El recinto sagrado del complejo de Faraón tradicionalmente abarca las tumbas de las esposas y niños que de este modo gozan de la protección real. Lógicamente entonces, se han hallado, datadas de la época de Pepi I, las tumbas de la reina Inenek/Inti, primera esposa real que haya ostentado el título de visir, de la reina Nubunet y del príncipe Horneterirkhet, hijos de una tercera esposa, la reina Mehaa cuya tumba sigue siendo desconocida. Quizá también una pirámide anónima que podría pertenecer a otro príncipe.

De manera más sorprendente, la necrópolis siguió siendo utilizada para algunas de las esposas de sus sucesores: a la época de los reyes Merenre‘ I y Pepi II pertenecen las pirámides de ÂnkhnesPepi II, esposa de dos reyes (Pepi I y Merenre‘ I), madre del tercero (Pepi II) y regente del reino durante la minoría de sus hijos; de ÂnkhnesPepi III, esposa de Pepi II, y de Meretites II, esposas de un Neferkare‘ (¿Pepi II?), así como la tumba de una joven sacerdotisa de Hathor también nombrada ÂnkhnesPepi.

Por fin, más asombroso, al final del Primer Período Intermedio un simple particular, Reherichefnakht, jefe de los selladores, quien probablemente vivía en los últimos días de la 11ª dinastía (o a comienzos de la 12ª), viene a insertar su propio monumento funerario con forma de pirámide dentro de la necrópolis real.

Poco a poco, pudo ponerse en evidencia una verdadera preocupación de urbanismo: delimitada por un recinto amurallado general, la necrópolis real consta de una cuadrícula de calles que delimitan concesiones, con una primera hilera directamente al Sur y al Oeste del monumento del rey Pepi I. Una segunda serie de concesiones se extiende más allá de la primera, hasta el recinto amurallado general. Todo se hace para y por Faraón: orientadas hacia la pirámide de Pepi I, las puertas de entrada de los monumentos afirman un vínculo simbólico con el rey difunto.

La historia de la familia real se ha visto considerablemente enriquecida: hasta estos últimos descubrimientos, ¿a quién se conocía como esposa de Pepi I? Una reina escandalosa, comprometida en una conspiración de harem y cuyo nombre ha desaparecido; dos hermanas o hermanastras, hijas de un notable de la región de Abidos, llevando ambas el mismo nombre «ÂnkhnesPepi» formado sobre el del rey con quien iban a contraer enlace. A ellas vinieron a añadirse las reinas Inenek/Inti, Nubunet, Sebutet, Méehaa, una reina todavía anónima «hija mayor del rey» así como el primogénito del rey Horneterikhet y un príncipe todavía anónimo. A las esposas antes conocidas de Pepi II, Neit, Iput II y Udjebten, hoy pueden añadirse las reinas ÂnkhnesPepi III y quizá Meretites II.

Interpretación: evolución del urbanismo funerario

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Aunque la información sobre las pirámides parezca pletórica, en realidad sólo disponemos de una idea bastante vaga acerca del desarrollo del conjunto de una necrópolis en el largo período. Los trabajos realizados desde hace unos quince años sobre Saqqâra-Sur brindan una oportunidad única de comprender la planificación de origen de este tipo de implantación, que progresivamente irá adaptándose a la evolución de una sociedad en profunda mutación. Resulta evidente que la necrópolis de Pepi I, destinada a acoger las tumbas de las esposas y niños del rey, se encontró densificada bajo el reino de sus sucesores por las tumbas de algunas de sus esposas. Podría ser que, al concluir el reino de Pepi II entre los desórdenes del Primer Período Intermedio, ciertos miembros de la familia real hayan preferido venir a colocarse bajo la protección de un antepasado prestigioso, siempre venerado y cuyo culto funerario aún estaba en actividad.

Más tarde, dará testimonio del saqueo de la necrópolis el incendio del templo de Pepi I. Por último, la rehabilitación de la necrópolis, al final del Primer Período Intermedio, se traduce en la construcción de la pirámide de Reherichefnakht, que no dudará en reutilizar en su pirámide monumentos consagrados al culto de las reinas, ya abandonado. Sólo el culto real retomará vigencia: con la reorganización del país, será instituido el culto de los reyes antepasados bajo el impulso de los faraones del Imperio Medio, como lo atestigua el material de culto dejado por los sacerdotes en el templo de Pepi I.

Interpretación: los límites del poder

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Un descubrimiento crucial ha revolucionado nuestros conocimientos sobre la 6ª dinastía: una inscripción monumental en el templo de la reina ÂnkhnesPepi II encontrada en la primavera de 1999 conduce a reinterpretar la genealogía del final de la 6ª dinastía. En efecto, en ella se lee que la reina ÂnkhnesPepi II, esposa de Pepi I y madre de Pepi II, lo que ya sabíamos por los pocos documentos conocidos de este período, fue también la esposa del faraón Merenre‘ I, hijo y sucesor de Pepi I (cuya madre era la propia hermana o hermanastra de la reina ÂnkhnesPepi II que de esta manera contrajo matrimonio en segundas nupcias con su sobrino). Todo indica pues que el faraón Pepi II, uno de los reyes más conocidos del Imperio Antiguo, podría ser en realidad hijo de Merenre‘ I más bien que de Pepi I.

Al morir Pepi I, la reina ÂnkhnesPepi II no debía tener un lugar muy importante en el harem real; es su hermana ÂnkhnesPepi I quien, como madre de Merenre‘ I, el faraón sucesor de Pepi I, debía tener todos los honores; es seguramente ella quien detenta el título de gran esposa. Con todo, al contraer enlace con su sobrino Merenre‘ I, y al darle un sucesor, ÂnkhnesPepi II vuelve a ocupar un lugar de primer plano. Más aún, la muerte prematura de su segundo esposo, cuando su hijo, heredero del trono, sólo tiene seis años, le permite acceder al poder tomando la regencia. La excepcional calidad, las sorprendentes dimensiones de su tumba y la presencia de los Textos en su apartamento funerario traducen el papel político de esta mujer fuera de lo común.

La documentación sobre la composición de una familia real sobre seis generaciones hasta la caída del Imperio Antiguo revela así, en el corazón mismo del poder de Faraón, los límites de las instituciones gubernamentales pese al saber hacer de la élite de una sociedad.


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