Discurso del Presidente de la República François Hollande para el 5° aniversario de la Alianza para el Gobierno Abierto (Nueva York, 20 de septiembre de 2016)

Señoras y señores jefes de Estado y de Gobierno, señoras y señores representantes de sus países,

Señoras y señores que desde hace varios años están implicados en el movimiento de la Alianza para el Gobierno Abierto.

Deseo rendir homenaje en primer lugar a Barack Obama, quien lanzó esta iniciativa, y después a todos aquellos que han querido conferirle un sentido y una traducción para los ciudadanos. Soy consciente de que los Presidentes que me han precedido estaban determinados a lograr que la iniciativa pudiera cobrar la importancia que tiene hoy.

Francia observaba la Alianza con interés pero consideraba que, porque era Francia, no tenía que hacer ninguna declaración complementaria a la de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Que la democracia se situaba en el corazón mismo de aquello que nos fundó y que no era necesario ir más allá en la transparencia, la apertura, la participación, puesto que éramos Francia. Siempre hay una pretensión que a veces también puede esconder una ambición para el mundo. Hace dos años, estuve aquí con ustedes y anuncié que Francia podía sumarse a la Alianza para el Gobierno Abierto. No ya para darles consejos, sino, al contrario, para aprender de ustedes: cómo podíamos abrirnos más, debatir mejor, hablar mejor, decidir mejor y conseguir que nuestros ciudadanos pudieran elaborar con nosotros las políticas públicas que debemos impulsar.

Necesitamos una sociedad civil que se responsabilice verdaderamente de la democracia y la democracia se ha vuelto muy frágil, muy vulnerable. Y existe el riesgo, que todavía no había llegado a calibrar completamente, de que lo que consideramos irreversible pueda llegar a ser cuestionado: la democracia. Tanto porque los ciudadanos se alejan de ella, la cuestionan o han dejado de entenderla, como porque consideran que ellos mismos pueden decidir en lugar de los representantes electos. Cuando además extremistas, populistas, se adueñan de esta desesperación o utilizan incluso el miedo para cuestionar la democracia, entonces existe un peligro.

El mayor peligro es también la indiferencia, la sensación de que todo ocurre en lugares distintos de aquellos en los que reside el poder, de donde se toman las decisiones. Luego todos los que estamos aquí reunidos en esta iniciativa tenemos que hacer un esfuerzo considerable para compartir la democracia. Lo que va a ser nuestro mandato en los próximos meses es lo siguiente: conseguir que la democracia sea lo más abierta, lo más concreta, lo más compartida posible y que pueda volver a ser una esperanza para muchos pueblos.

Quiero rendir homenaje al compromiso de mi predecesor, el presidente Zuma, que ha conseguido que podamos avanzar a lo largo de estos últimos meses. También quiero rendir homenaje a todas las asociaciones que logran que esta Alianza para el Gobierno Abierto no sea sólo una cuestión de gobierno.

Entonces, ¿cuál es nuestro programa de trabajo? ¿Cómo conseguir establecer un vínculo con la COP21 que culminó en París en un acuerdo considerado histórico? ¿Cómo conseguir que lo que afirmamos con los objetivos de desarrollo sostenible, con los compromisos para luchar contra el calentamiento global, pueda permitir que garanticemos un futuro más controlado al mundo entero? ¿Cómo lograr un vínculo entre lo que se decidió en París en diciembre y lo que van a lanzar ellos, la Alianza para el Gobierno Abierto?

Si se tratara del mismo tema y si, en definitiva, con el Gobierno Abierto, con el esfuerzo que debemos realizar por la democracia, también garantizáramos el futuro del planeta. No disocio ambas citas, la del pasado mes de diciembre en París para la COP21 y la que vamos a organizar el próximo mes de diciembre en París para el Gobierno Abierto.

Las tres prioridades son las siguientes:

la transparencia de la vida pública y económica. Conseguir que las decisiones tomadas en la esfera pública -es decir, fundamentalmente, por las asambleas representativas o por los Gobiernos- puedan ser conocidas por todos, entendidas por todos. Conseguir que dicha transparencia también valga en el ámbito económico, de manera que aquellos que toman decisiones que nos afectan también puedan rendir cuentas de lo que han hecho, incluido lo referente a sus propios intereses. La transparencia es por tanto requisito imprescindible para la democracia.

Después, el desarrollo sostenible, es decir, el medioambiente. Cómo lograr que la participación de los ciudadanos, su movilización, su implicación, sus asociaciones puedan servir para garantizar el acceso universal al agua, a la electricidad. Que dicha participación pueda permitirnos tomar decisiones lúcidas, responsables respecto de nuestros compromisos con el planeta.

También en este ámbito, dar un máximo de información para que cada ciudadano sepa que, cuando toma una decisión que le afecta, esa decisión va a repercutir en el planeta, que tenga toda la información y todos los datos para poder actuar con lucidez.

La tercera prioridad es la de compartir los bienes comunes digitales. Permitir que este magnífico invento, estas tecnologías que permiten que la información circule, puedan ser una forma de decidir, de participar, de controlar y de actuar en sí mismas.

Surge una desigualdad que puede ser terrible si los bienes digitales son bienes de algunos en lugar de ser bienes de todos y si las tecnologías las acaparan aquellos que ya detentan el poder económico.

También queremos que en París se puedan intercambiar las distintas experiencias. Durante la Conferencia sobre el Clima -la COP21- en el orden del día incluimos la Agenda de las Soluciones. Venía a completar los compromisos de los Gobiernos para luchar contra el calentamiento del planeta. Se sumaba a la financiación que debía movilizarse -100 000 millones de euros o de dólares- y al final también debía tratarse de todas las iniciativas de las entidades locales, las asociaciones, las organizaciones no gubernamentales, las empresas, para que pudiéramos aprender de los demás. Esta Agenda de las Soluciones también debe estar en la Conferencia de París para el Gobierno Abierto.

Permítanme una vez más hablar de Francia, de lo que hace, de lo que podría hacer mejor y también de lo que tiene que aprender.

En primer lugar, he querido que hubiera transparencia, también en lo que se refiere al patrimonio de nuestros representantes -no ha sido fácil- que todos y cada uno pudiera saber lo que poseen los que deciden en su nombre. También hemos hecho un esfuerzo para que puedan compartirse miles de datos, que podamos construir proyectos de ley con los ciudadanos. Lo hemos hecho, entre otras, con una ley sobre el sector digital que, desde este punto de vista, ha cosechado un gran éxito en términos participativos.

De la misma manera, muchas entidades públicas -la primera de ellas, París- han implantado presupuestos participativos o, en cualquier caso, consultas que permiten a los ciudadanos manifestar cuáles son sus prioridades, incluso identificar en el presupuesto cierto número de gastos que deciden los propios ciudadanos. La ciudad de París lo ha hecho, las regiones lo han hecho, las entidades se han embarcado en este proceso. Pero tenemos mucho que aprender sobre este método de elaboración conjunta de presupuestos y decisiones.

Por último, la apertura de los datos públicos. Han insistido en ello y es muy importante, porque queremos que los datos públicos puedan servir para crear empresas, mejorar servicios, crear otros para luchar contra la contaminación, para el transporte, la ayuda a las personas más vulnerables, para garantizar la ayuda de proximidad. La Alianza para el Gobierno Abierto -tenía razón, Manish Bapna- debe ser considerada como innovaciones con traducción inmediata para el mayor número posible de servicios nuevos y de actividades nuevas que se van a crear.

Deseo que, cuando nos reunamos en París el 7 de diciembre, cada país pueda anunciar compromisos muy concretos en favor de una transparencia mayor, de la participación, de la renovación de la vida pública. Deseo que la OGP, que reúne hoy 70 países, siga ampliándose, profundizándose, y cuestionándose constantemente sobre lo que debemos hacer, que podamos ser portadores de una gran ambición.

El próximo mes de diciembre les espero a todos para que puedan portar a la reunión de París una ambición tan alta como la del pasado diciembre en favor del clima. Que nadie olvide que es en París -allí donde se anunció para el mundo, los Derechos humanos y del Ciudadano- que también se pueda añadir a dichos derechos los derechos a un Gobierno Abierto y a una democracia más compartida. Gracias.

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