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Llamamiento conjunto a la abolición de la pena de muerte

Este llamamiento a abolir la pena de muerte ha sido firmado por los siguientes ministros de Asuntos Exteriores: Didier Burkhalter (Suiza), Guido Westerwelle (Alemania), Aurelia Frick (Liechtenstein), Michael Spindelegger (Austria), Giulio Terzi (Italia) y Laurent Fabius (Francia).

Hay batallas que no podemos ganar solos. La lucha contra la pena de muerte es una de ellas. Aislados, los distintos agentes no habrían llegado sin duda a hacer retroceder el número de Estados que todavía recurren a la pena capital. Juntos es como todos nosotros, agentes comprometidos con la abolición – Estados, organizaciones internacionales y sociedad civil – lo hemos conseguido. También juntos es como alcanzaremos la abolición total. Alemania, Austria, Francia, Italia, Liechtenstein y Suiza desean estar en primera línea de este movimiento por la dignidad humana.

Hoy, 10 de octubre, celebramos el décimo aniversario del Día Mundial contra la Pena de Muerte. Este día mundial representa la ocasión de reiterar nuestra oposición a la pena capital en toda circunstancia. Como representantes de países que comparten valores comunes, debemos conjugar nuestros esfuerzos y hablar al unísono para que desaparezca esta práctica que ya no ha lugar en el siglo XXI.

En los veinte últimos años, más de 50 Estados le han dado la espalda a la pena de muerte. Más de 130 Estados la han abolido u observan una moratoria. La realidad es que unos cincuenta Estados todavía la aplican. Las cifras son por lo tanto alentadoras, las acciones emprendidas y los esfuerzos realizados dan sus frutos. Pero debemos redoblar esfuerzos, porque nuestro objetivo todavía no ha sido alcanzado. Seguiremos luchando contra la pena de muerte mientras no se haya abolido, porque la idea de que se pueda matar en nombre de la justicia es contraria a los valores de la propia humanidad. Queremos comprometernos juntos, con convicción y perseverancia, de manera que el número de ejecuciones siga disminuyendo, que los procedimientos sean cada vez más transparentes y que un número de países cada vez mayor renuncie a la pena capital, hasta que esta pena inhumana desaparezca por completo.

La pena capital es incompatible con el respeto de los derechos humanos. Atenta contra la dignidad humana y el derecho a no ser sometido a la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes. Mientras la pena de muerte a veces se practica según factores discriminatorios, su carácter irreversible hace imposible la revisión de sentencias, conduciendo, en algunos casos, a la ejecución de personas inocentes. La ejecución de personas inocentes basta para restarle toda legitimidad a la pena capital. Por otra parte, la pena de muerte no impide que se cometan los delitos; no aporta pues ningún plus de seguridad, como tampoco aporta justicia o reparación a las familias de las víctimas de un crimen.

Estas reflexiones nos resultan casi evidentes porque nuestros países abolieron la pena de muerte hace muchos años. Pero a nivel mundial, el camino hacia la abolición exige un compromiso fuerte y constante. Los cambios no operan de un día para otro. Es una evolución lenta y formada por etapas. Sin embargo, los avances son bien reales y debemos hacer por que continúen. Seguiremos abogando por la abolición de la pena capital, porque sólo un compromiso político fuerte permitirá un día ver cómo desaparece la pena capital. En 2010, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó una tercera resolución que llamaba a una moratoria universal para el recurso a la pena de muerte, con 109 votos frente a 41. Nuestros países y la Unión Europea, así como muchos otros países de todas las regiones del mundo, originaron el texto adoptado ya en 2007 y 2008. Este año, la resolución se presenta de nuevo a la Asamblea Nacional y nuestros países se comprometen para que reciba un apoyo todavía más significativo. El documento subraya los avances y el carácter irreversible del movimiento mundial por la abolición de la pena de muerte.

El papel de la opinión pública también es fundamental. Los pueblos deben tener acceso a información fiable, deben poder debatir la cuestión para tomar una decisión con conocimiento de causa. La sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales ocupan un lugar crucial.

Juntos queremos prolongar el compromiso contra la pena capital, en nombre de los valores que compartimos y porque es nuestro deber asociar la dignidad a la condición humana. Llamamos así a todos los Estados a sumarse a nuestra declaración.


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