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Acción de Francia
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Francia desea corresponder al deber de memoria de la Shoah y de su transmisión a las nuevas generaciones en Francia y en todo el mundo. En el Ministerio de Asuntos Exteriores y Europeos, un embajador, el señor Francois Zimeray, encargado de los derechos humanos y la dimensión internacional de la Shoah.

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Para una diplomacía más solidaria


En estos comienzos del siglo XXI, la globalización exige un refuerzo de la cooperación multilateral en ámbitos nuevos: Francia desempeña a menudo un papel pionero en el seno de la Unión Europea, en el Consejo de Seguridad de la ONU o entre sus socios del grupo de los ocho países más industrializados - el G8 -, tanto en cuestiones como el cambio climático, el terrorismo o la proliferación de armas, como sobre las amenazas que pesan sobre los recursos energéticos.

Europa, «la prioridad absoluta»
La defensa de los derechos humanos
Francia ante los nuevos desafíos globales
La ayuda al desarrollo y la acción humanitaria
Las colaboraciones bilaterales
La proyección cultural y la francofonía

Europa, «la prioridad absoluta»

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© Le conseil de l’UE 2008

Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, e independientemente del Gobierno en el poder, Europa es un eje prioritario de la política exterior francesa. Francia, con la declaración de su entonces Ministro de Exteriores, Robert Schuman, inspirada por Jean Monnet, está en el origen de la creación de la Comunidad del Carbón y del Acero junto con Alemania, Italia y los países del Benelux. Se trataba de crear «solidaridades de facto», para reconstituir Europa y consolidar la reconciliación franco-alemana. Inspirándose en los mismos principios, el Tratado de Roma impulsó políticas comunes, entre las que destaca la Política Agrícola Común (PAC) solicitada por Francia.

La caída del muro de Berlín y la reunificación alemana de 1989 llevaron a Francia y Alemania a proponer a sus socios europeos la creación de una «Unión Europea», establecida por el tratado de Maastricht, firmado en 1992. Maastricht significa el nacimiento de la moneda europea, el euro, que comparten en la actualidad trece países de la Unión (el Eurogrupo). Pero el tratado implica también la cooperación del conjunto de los miembros de la Unión en materia de política exterior: es el germen de la Europa política que preconiza Francia. Así pues, se ha ido estableciendo progresivamente una política exterior de seguridad y defensa común, a través de acciones comunes que afectan a las principales cuestiones internacionales, la organización de operaciones europeas de mantenimiento de la paz (Macedonia, Bosnia, República Democrática del Congo...) y la elaboración de una «estrategia europea de seguridad», que manifiestan una visión compartida de las amenazas y de los medios de respuesta.

La última ampliación de la Unión Europea tiende hacia una reunificación del continente europeo. Pero la tarea aún no está acabada. La situación de algunos de los países procedentes de la antigua Yugoslavia aún no se ha estabilizado, lo que justifica la continuación de las actuaciones del Tribunal Penal Internacional (TPI) y la amplia presencia de la Unión en terreno (Kosovo, Bosnia) con el fin de preparar su integración.

La defensa de los derechos humanos

La promoción y la protección de los derechos humanos y de los procesos de democratización es asimismo un aspecto fundamental de la política exterior de Francia y la Unión Europea.

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El jurista francés René Cassin (premio Nobel de la paz) fue uno de los principales negociadores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Hoy, Francia desempeña un papel activo en el seno del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra. Apoya, junto a sus socios europeos, resoluciones que conciernen a regiones o países donde se violan grave y sistemáticamente los derechos humanos, así como resoluciones sobre temas como la pobreza extrema, los niños soldados o las desapariciones forzadas. Milita, asimismo, a favor de la ratificación universal de las convenciones protectoras de los derechos humanos, por ejemplo la que estableció en 2002 el Tribunal Penal Internacional para juzgar los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad o el genocidio. Lucha contra la impunidad apoyando, por ejemplo, el Tribunal internacional para el juicio de los jemeres rojos en Camboya. En el seno de la Unión Europea, Francia desea otorgar a la Carta de los Derechos Fundamentales una dimensión jurídica.

Como miembro de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), creada en el Acta final de Helsinki en 1975, vela por el respeto de todos los miembros - especialmente de los países en transición procedentes de la URSS - de los compromisos firmados en materia de libertades fundamentales y de instituciones democráticas, participando, por ejemplo, en la observación de las elecciones.

A la vez, Francia refuerza su propia legislación en materia de derechos humanos: ley de 2004 contra el antisemitismo y el racismo, creación en 2005 de la Alta Autoridad para la Lucha contra las Discriminaciones y por la Igualdad (HALDE), a la que pueden acceder directamente las víctimas de la discriminación.

Francia ante los nuevos desafíos globales

Frente a las amenazas contra la paz en el mundo, Francia defiende el derecho internacional y la cooperación multilateral.

- El mantenimiento de la paz

La ONU es la única organización universal con competencias generales y el Consejo de Seguridad debe tener la última palabra en lo referente a la paz y a la seguridad. Pues, ante una crisis como la de Irak, parece haber quedado claro hoy en día que el recurso unilateral a la fuerza está abocado al fracaso. Francia es partidaria de la ampliación del Consejo de Seguridad a nuevos miembros permanentes -Alemania, Japón, India, Brasil y una justa representación de África-.

En África, durante demasiado tiempo ensangrentada por conflictos, participa en acciones de la ONU a favor del mantenimiento de la paz : en la región de los Grandes Lagos, en Sierra Leona, Liberia, Costa de Marfil, en el Cuerno de África, y actualmente en Darfur. Francia desempeña, además, un papel propio en materia de refuerzo de las capacidades africanas (programa RECAMP).

En Oriente Próximo, Francia, amiga de Israel y de los palestinos, aboga por el reconocimiento de dos Estados que vivan en paz uno junto a otro. En Líbano, apoya la reconciliación nacional y aporta una fuerte contribución a las fuerzas de la ONU. En Afganistán, participa en las fuerzas de la OTAN, pero bajo mandato de la ONU.

Por otro lado, a pesar de que Francia es uno de los países que más contribuyen a la OTAN, desearía que la Unión Europea cobrase fuerza en la resolución de conflictos. Es partidaria de los progresos de la Europa de la defensa y de la renovación de la Alianza atlántica, que son complementarias.

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©UN Photo/John Isaac

- La respuesta a los desafíos globales

Es preciso reforzar la cooperación internacional para hacer frente a las amenazas del terrorismo sin fronteras. Así, tras el drama del 11 de septiembre de 2001, el Consejo de Seguridad de la ONU, bajo presidencia francesa, adoptó la resolución 1373 que obliga a los diferentes Estados a tomar medidas concretas contra los autores de actos terroristas, sus inductores y sus cómplices. Francia llevó a buen término una convención contra la financiación del terrorismo en la Asamblea General de la ONU, al tiempo que se concluía una convención contra el terrorismo nuclear en 2005. Actúa en la misma dirección en el seno de la Unión Europea y del G8.

Ante los peligros de la proliferación de armas de destrucción masiva, por ejemplo en Irán, Francia es igualmente partidaria de reforzar la cooperación internacional (Agencia Internacional para la Energía atómica, Organización para la Prohibición de las Armas Químicas), e incluso de aplicar eventuales políticas de sanciones.

En la ONU, la UE y la OSCE, ha hecho adoptar instrumentos de control del tráfico de armas, en particular de armas de pequeño calibre que resultan especialmente mortales en los conflictos africanos. Ha actuado también a favor del refuerzo de la cooperación multilateral para acabar con el tráfico de drogas y el crimen organizado.

Por último, contra el cambio climático y la contaminación del agua, bien público mundial, Francia lucha por una organización mundial del medio ambiente y por la universalización del protocolo de Kioto para reducir las emisiones de CO2.

Contra las grandes pandemias, como el sida, Francia ha tomado la iniciativa de aplicar fórmulas de financiación innovadoras.

La ayuda al desarrollo y la acción humanitaria

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© MAEE 2008

Tras la descolonización, el general de Gaulle puso en marcha un plan de ayuda a los Estados de África y del Magreb que acababan de independizarse. Francia es en la actualidad, con el 0,5% de su PIB, el principal donante de los países industrializados, y prevé aumentar su aportación hasta el 0,7% en 2015. Ha conseguido que la comunidad internacional adopte su propuesta de condonar la deuda a los países más pobres del planeta.

Francia establece acuerdos cada año con África en el marco de las cumbres franco-africanas, abiertas en la actualidad a todos los países del continente.

Contribuye con un 18% a la ayuda al desarrollo aportada por la Unión Europea, y participa en los programas multilaterales de ayuda de los bancos de desarrollo y de la ONU. La mayoría de la ayuda francesa se concede de forma bilateral, principalmente en África subsahariana, a través del Ministerio de Exteriores y de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), que participan en más de quinientos proyectos de desarrollo anuales, aportan asistencia técnica y ofrecen becas de formación en Francia.

Se pone el acento en el desarrollo de las infraestructuras, en el acceso a la atención médica y a la educación, en la puesta en marcha de políticas económicas adaptadas y en la consolidación del Estado de derecho y de la democracia. Las entidades locales y las organizaciones no gubernamentales aportan asimismo su contribución.

Los dramas humanos que provoca la inmigración clandestina han llevado a Francia a impulsar ayudas al codesarrollo con un doble objetivo: ofrecer a los candidatos a la inmigración clandestina posibilidades de empleo en sus propios países y proponer a quienes desean regresar a su país facilidades de inversión.

Francia, que proclama «el deber de proteger», y cuya pericia (seguridad civil, equipamientos hospitalarios) y el de sus ONG son mundialmente reconocidos, ofrece su asistencia a las poblaciones afectadas por los conflictos bélicos, las catástrofes naturales y las grandes pandemias.

Las colaboraciones bilaterales

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Cumbre de París por el Mediterráneo
© F. de la Mure/MAEE

El refuerzo de la cooperación internacional y el desarrollo de las relaciones económicas y tecnológicas se sustentan en sólidas colaboraciones bilaterales. Francia coopera para la resolución de los conflictos regionales y la lucha contra el terrorismo con los Estados Unidos y trabajaba para desarrollar la colaboración - por ejemplo en el ámbito energético - entre Rusia y la Unión Europea.

Con los países del sur del Mediterráneo, Francia, que mantiene con los países del Magreb vínculos, especialmente humanos, muy estrechos, desea ir más allá del proceso euromediterráneo de Barcelona: hacia una Unión del Mediterráneo.

Francia refuerza sus relaciones tecnológicas y culturales y ha establecido un rico diálogo político con los países emergentes de Asia y América Latina.

Es pues partidaria de la institucionalización del diálogo entre el G8 y países emergentes como China, India, Brasil, México y Sudáfrica con vistas a crear en un futuro un G13, ya que la respuesta a los desafíos globales implica el reconocimiento de las responsabilidades comunes.

Francia, dotada de la red de embajadas bilaterales (158) más densa del mundo después de Estados Unidos, se esfuerza por mantener relaciones propicias para el desarrollo de intercambios humanos, económicos y culturales.

La proyección cultural y la francofonía

Francia logró en 2005 que la UNESCO adoptara una convención sobre la diversidad cultural y lingüística pues siempre ha concedido una gran importancia a los intercambios culturales (cine, teatro, artes, libros, ideas, medios de comunicación), a la promoción de la lengua francesa y al plurilingüismo. Para ello cuenta con una importante red de institutos culturales, de alianzas francesas y de liceos franceses en todo el mundo. Contribuye también al refuerzo de la presencia de sus medios de comunicación en el mundo entero (TV5, France 24, RFI).

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La promoción de la lengua francesa, hablada por más de 180 millones de personas, se apoya también en la Organización Internacional de la Francofonía (OIF), que agrupa a 63 Estados y Gobiernos, y mantiene programas de intercambios culturales entre sus miembros (África francófona, Magreb, América del Norte, Oriente Próximo, Caribe, Océano Índico, Europa, antigua Indochina, Pacífico). Los jefes de Estado y de Gobierno celebran una cumbre cada dos años. La OIF se ha comprometido también en la defensa de los valores democráticos y de los derechos humanos entre sus miembros.

Por último, Francia quiere reforzar su posición en el mercado internacional de la economía del saber, exportando su enseñanza superior en francés o «a la francesa» y atrayendo y manteniendo en el país a los mejores estudiantes extranjeros mediante programas de intercambio y de movilidad.

Fuente : France 2008, La Documentation Française

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